VIOLET En todo el trayecto de mi habitación a la de mi capitán, repasé mentalmente cada detalle de los libros que había leído. Las palabras del teniente Smirnov se repetían en mi cabeza como un eco incesante, arañando los resquicios de mi conciencia. Quería hacer esto bien. Por una vez en mi vida, deseo sentirme humana. Palpar lo que es reír, temblar de ansiedad, sentir el cosquilleo agudo de la felicidad o el miedo. Experimentar algo más allá de este vacío inerte que me consume. No quiero seguir siendo una máquina diseñada para matar. No con él. Con los años había aprendido a imitar demasiado bien cada rasgo de humanidad de una persona normal. Pero la realidad era que no quería fingir con él también. Mi capitán se merecía toda mi sinceridad. Una parte mas real de mí. Inspiré hondo,

