NIKOLAY Cuando vives sumergido en el horror, el caos y la muerte, nada te sorprende. La destrucción se convierte en rutina, la violencia en un lenguaje cotidiano, y los cuerpos destrozados en paisajes familiares. Te adaptas tanto a la oscuridad que terminas fundiéndote con ella. Desde aquella noche en que la vida de mi hermana fue arrebatada por los errores de mi padre, mi existencia perdió su propósito. Observé cómo mi madre se marchitaba lentamente, y si quedaba un atisbo de luz, se extinguió por completo. Viví para la venganza. Me transformé en lo que soy para hacerle pagar a cada hombre por quitarme mi razón de vivir. Cuidé de mi hermano mientras forjaba un camino que me llevaría a arrebatarle a mi padre lo único que siempre le ha importado: el poder. Bajé la cabeza. Callé. Soporté

