VIOLET El aire se vuelve denso, cada respiración arde al entrar y salir de mis pulmones. Puedo sentir cómo mi cuerpo se llena de un calor insoportable, como si la sangre fuera fuego corriendo por mis venas, quemando cada rincón hasta que solo queda esta necesidad de destruir. De acabar con cualquier cosa que se atreva a respirar frente a mí. La mente, fría y en silencio, se reduce a un solo propósito: destruir, acabar. No queda ni rastro de la persona que alguna vez fui; solo el deseo implacable de borrar todo, hasta que lo que me rodea no sea más que cenizas. El corazón late lento, profundo. Cada pulso es una orden que se despliega en oleadas, cada latido es una instrucción firme de avanzar y destruir sin tregua. Mis pensamientos, mis emociones... se han convertido en un terreno baldío

