Entro a la oficina y mi fuerza de voluntad queda al otro lado de la puerta. Está sentado en una silla de cuero detrás de un precioso escritorio de vidrio. Tiene puesto unos lentes negros de pasta gruesa y lleva barba de pocos días. Está concentrado en unos papeles hasta que alza la mirada. Su rostro se ilumina al verme y su linda sonrisa aparece. —Mi Abril—dice con esa voz que tanto anhelaba escuchar en vivo y a todo color. —No, Marco—murmuro. —¿No? —responde levantándose de la silla. Está claro que, por su semblante, no entiende de lo que estoy hablando. Pero bueno, ¿este hombre qué esperaba? No iré corriendo a sus brazos por más ganas que tenga, aún más sabiendo que puede ser el novio de Yvonne. Me examina con las manos en los bolsillos y sabe lo molesta que estoy. No es para meno

