"El pasado es el que es, no tiene vuelta de hoja" -Marc Levy Marco se detiene en la entrada de su casa, apaga el motor y el silencio se apodera una vez más del auto. Ninguno de los dos dice nada. Es que ni siquiera quiero hablar porque sé que si lo hago voy a reclamarle, a actuar de manera errónea y no es lo correcto. —Por favor, Abril. Mírame—acaricia mi mejilla, pero me alejo. —No, Marco. Necesito calmarme un poco, dame tiempo—digo saliendo del coche. Corro hasta la puerta, me quito los zapatos; subo las escaleras de mármol y llego hasta el baño del segundo piso. Moe rasca la puerta pidiéndome entrar. Lo dejo pasar, cierro con seguro y me siento con él en el piso de granito. Me mira con esos tiernos ojitos y besa mi cara como sabiendo lo terrible que me siento. —Ay Moe, ¿por qué?

