Tres meses después Me había acostumbrado totalmente a los mimos de Caín, cada día me aseaba, me daba de comer y al final del día se acostaba a mi lado todas las noches . Yo era como la princesa a quien su príncipe cuidaba con mucho esmero y dedicación. Cuando mi pierna ya estaba mejorando, empezaron las fisioterapias. Poco a poco mis brazos sanaron y a medida que realizaba las secciones, pude volver a caminar sin necesidad de la molesta e incómoda muleta. Aquella tarde Caín me llevaría a una fiesta que celebraban en su empresa, supuestamente no se debía a que yo ya estaba bien, pero tenía la sospecha de que ese era el motivo. Yo solo no quería ser el centro de atención. Me entré a la ducha, sobre la cama tenía un hermoso vestido que el mismísimo Caín había comprado para mi. Me sen

