- Abre, hace frío. - volvió a decir. No debía abrir, eso solo sería un error, y a lo largo de todos estos meses yo solo había sabido cometer un error tras otro - Llamaré a un taxi para que te lleve a tu casa. - le dije a través de la puerta. - Estás ebrio, no puedes conducir. - ¡Por eso he venido aquí ! Por favor, Alejandra. Ábreme. - Sabes que no puedo hacer eso. - ¿A caso me tienes miedo ? - preguntó arrastrando la voz. - Si. - le dije, acordándome de lo que había pasado en su oficina. - No deberías, yo nunca te haría daño. - ¿Que es lo que has hecho estos últimos meses ? - Solo estoy celoso, se que al final terminarás al lado de Caín y eso me da miedo, no quiero que eso pase. Maldigo la hora en que fuimos a esa convención y también el día en que mi padre decidió contra

