Pov Luciana.
Me peino el cabello frente al espejo mientras mi mente divaga en aquella noche; la noche donde me acosté con ese hombre. Todos los días después de eso no he hecho más que acordarme. Además, las marcas en mi cuerpo me lo viven recordando cada vez que las veo.
«Es cómo si me las hubiera hecho para eso»
Es como si hubiera querido que lo recordara así como yo también desee que él lo hiciera. Y, aunque espero no volver a verlo jamás, es algo que me da un fresco en el estómago, eso y el haberle dado una probadita de su propia medicina.
«El quería pagar un millón por mi cuerpo y yo pagué dos por él de él»
Sonrío por lo bajo mientras sigo peinando mi cabello con tranquilidad a pesar de que mi padre me dio media ahora para arreglarme; estoy apenas con un conjunto de encaje n***o, con tirantes ajustables a mis muslos, pero es tan diminuto que pueden verse las marcas en mis glúteos con facilidad y, para mi maldita desgracia la puerta se abre y Lucia entra por ella de forma protesca.
—¡Luciana! —exclama al mismo momento que me mira de arriba abajo detallando mi cuerpo.
Intento cubrirme con mi bata de seda, pero al reparar la malicia en su rostro me doy cuenta que es tarde, ya me vio completamente.
—¿Por qué mierda no tocas la puerta? —la fulmino con la mirada.
—¡Dios mío! ¡Has sido devorada por un vampiro! —Lleva las manos a su boca con sorpresa.
El esmalte blanco sale a relucir de sus uñas, logrando verse las horas que pasa en el spa. La miro de arriba abajo con los dientes apretados y, puedo detallar la ropa que tiene puesta; un falda gris con chaqueta del mismo color, camisa de cuello de tortuga alto y sandalias plateadas de quince centímetros que parecen nuevas.
—Llegó el tío Terzo, ¿no es así? —le pregunto curiosa.
—Mmm, ¿cómo lo sabes? —me pregunta de vuelta mientras lleva un dedo a su mejilla y piensa.
—Porque tus zapatos son nuevos y él único capaz de comprarte esas sandalias tan costosas es el tío Terzo o la tía Gabriella —ruedo los ojos fastidiada.
—Sí, sí llegó y todos están esperando por tí para irnos a la reunión en Roma.
—Aún no entiendo por qué papá eligió que la reunión fuera en Roma —respondo con los dientes apretados—, hay asuntos aquí que tengo que resolver.
—¡No lo sé! Y tampoco sé porque tenemos que ir Luz y yo a esa reunión, podría ser peligroso —masculla frustrada.
—¡Yo tampoco! Lo único que sé es que ni yo ni mi padre vamos a permitir que algo malo les ocurra —le digo sería.
Ella asiente con la cabeza, para luego mirarme de manera divertida;
—¿Me vas a decir quién te hizo esas marcas en el cuerpo? —se muerde el labio inferior con fuerza.
—No hagas esas mendigas caras —la regaño—. Además, no es de tu incumbencia quien las hizo y tampoco es alguien importante.
—Después de Nicholas no había visto a alguien más al que permitiera tocar tu perfecto cuerpo —me dice la muy necia.
Los ojos se me oscurecen al recordar a mi último amante; si no fuera porque Lucia nos encontró cogiendo en su auto fuera de un antro nadie supiera de él.
«Es socio de mi padre en los negocios empresariales que tiene en Italia»
Además de que es mayor que yo por quince años y eso es algo que no le agradaría nada a Luciano Morgan.
—Deja de decir bobadas —le digo tomándola por el brazo y sacándola de la habitación.
Lucia me sonríe victoriosa antes de irse y yo maldigo por lo bajo.
«Es exasperante»
Aprieto los puños molesta; Nicholas, era muy buen amante y muy generoso conmigo, pero había estado diciéndome que dejara este mundo, que me fuera con él para convertirme en su reina, cuándo yo ya soy la reina.
«Pero del submundo»
Unos minutos después, me miro en el espejo complacida con mi atuendo; vestido de mangas largas, ceñido al cuerpo y de color aceituna. Es corto, apenas tapa mi trasero pero las botas negras que llegan más arriba de mis rodillas me hacen ver discreta. Además, me coloco una gabardina del mismo color de las botas y dejo mi cabello suelto para luego tomar mi bolsa de mano, una pequeña arma y una navaja y meterla en ella.
«Hay que estar preparando para cualquier guerra»
Angel Rinaldis es una escoria, que no solo ha sido una piedra en mis negocios, sino que también en los de mi padre y se perfectamente que Luciano Morgan lo quiere tan muerto como yo.
Camino por las escaleras en forma de Caracol y llego al pie de ella lista para buscar la salida e irme directamente a los jardines, pero al ver a Daniel esperándome me detengo.
—¿Ocurre algo? —le pregunto curiosa.
—Antes de partir el señor quiere hablar con usted en el despacho —me informa seriamente.
—Bien —le digo para luego rodear la mansión y llegar al despacho de mi padre.
Toco la puerta dos veces y espero pacientemente a qué diga “adelante” para luego de que lo hace entrar enseguida. Lo encuentro de espalda a la puerta, con una gabardina gris que le queda bastante ajustada gracias al cuerpo grotesco que se le formó en los últimos años y en sus manos puedo ver una fotografía que tomamos en el verano pasado en la playa donde nos encontramos todos juntos.
—Siéntate —me indica sin mirarme.
Hago lo que me dice para luego ver cómo él hace lo mismo. Se abre la gabardina y se sienta enfrente de mí con un rostro estoico que indica que lo que me va a decir no me va a gustar.
—Cuando dejé que estuvieras metida en los negocios de la mafia, lo hice por dos cosas, la primera es porque si creces en mafia lo más seguro es que mueras en ella, la segunda es porque no puedo ir en contra de tu naturaleza, desde muy pequeña siempre supe lo que eras —Me indica con los ojos oscuros, tan oscuros que me hace tragar grueso.
«Aun recuerdo el día que defendí a mis hermanas de los hombres de Phillips, tenía poco más de tres años pero era tan astuta que idee un plan pará detenerlos»
Creo que desde ahí, me di cuenta lo que quería, quería gobernar, quería poder y sobre todo quería cuidar a los míos. No me interesa que mis hermanas sean diferentes, yo soy como soy y me gusta serlo.
—Estar en este mundo a veces nos obliga a hacer sacrificios, sacrificios que yo algún día hice —suspira—, a mí me salieron geniales, pero espero que a ti también —frunzo el ceño—, Rinaldi quiere casarse con unas de ustedes para firmar alianzas, Lucia no sabe qué día es hoy y Luz —la barbilla le tiembla—, Luz es demasiado sensible como para lanzarla en los brazos de mis enemigos.
—¿Cómo estás seguro de qué él quiere casarse? Pensé que en la nota decía…
—Desde los tiempos más remotos
…—enciende un cigarrillo mientras habla. Hace mucho que papá dejó de fumar y de beber, mi madre se lo prohibió cuando pasó de los cuarenta y cinco y él le obedeció como en la mayoría de las cosas. Por eso verlo fumando frunzo el ceño pero no le digo nada—, las alianzas más poderosa se han conformado por medio de matrimonios e incluso hace algunos años para poder un líder estar en la pirámide tenía que estar casado y tener un heredero legítimo —algo en su rostro se ilumina—, por eso estoy seguro que eso es lo que quiero Rinaldi, las canas en mi cabeza no son en vano Luciana—me explica con calma.
—¿Entonces me estás diciendo que tengo que casarme con él para establecer una paz?…—lo miro confundida mientras él cala su cigarrillo y bota el humo para luego asentir con la cabeza—, pero, podemos iniciar una guerra, somos más fuertes, podemos…
—¿Destruirlos? —niega con la cabeza—, Ci sono molte cose che devi ancora imparare, regina, (Hay muchas cosas que aún tienes que aprender, reina)—, a los enemigos hay que mantenerlos cercas hija mía y yo necesito muchas cosas de Angel, por eso y porque le mataste diez hombres es que te pido esto —deja las cenizas en el cenicero y me observa.
«No le gusta nada la idea de que me case, lo sé»
—Hay responsabilidades que tienes que tomar. Además, confío plenamente en que vas a lograr lo que quiero, eso sí Luciana Morgan, “no te enamores de tu enemigo”
…
Las palabras de mi padre quedan clavadas en mi mente como un martillo golpeando un clavo. “No te enamores de tu enemigo” y no es porque sea algo difícil de hacer, sino porque yo jamás me enamoraría del hombre que nos ha estado jodiendo por años. Además, no es como que yo pueda tener ese sentimiento por alguien.
«Nunca lo he hecho y nunca lo haré»
Subo al helicóptero dónde están todos los que irán a la reunión y me siento en frente de mi tía Gabriella y mi tío Terzo, quienes están hablando no se que mierda con Lucia.
—Gli zii —los saludos con la cabeza, pero Gabriella enseguida se acerca y me besa las mejillas logrando ponerme incómoda, mientras mi tío Terzo me saluda con un:
—Pequeña Demonia —que me hace sonreír de lado.
Lo observo con detenimiento y…¡Mierda! Es verdad lo que dijo Vladimir hace unos días, que su padre como que se había aplicado algunos botox en el rostro, ya que, se le ve realmente liso. Sonrío ampliamente y me muerdo la lengua para no pegar una carcajada mientras recuesto la cabeza del respaldo de la silla logrando quedarme dormida.
Una hora después, siento como el helicóptero aterriza en el gran salón de Roma. Es un lugar de reuniones en Italia donde siempre se reúnen las grandes organizaciones para dar por concretado alguna alianza, algún proyecto o algo importante. Según, en este lugar están prohibidas las guerras y las disputas, por eso creo que mi padre trajo a mis hermanas y a Salvatore, que, a pesar de que no pasa de los quince años, se ve el amor que le tiene a este mundo.
«Sacó la sangre de mi padre»; lo puedo notar en sus verdes. Porque aunque, es igual físicamente a mamá, por dentro está marcado por el apellido Morgan.
Camino al lado de mi padre y nos posicionamos enfrente de la puerta, para unos segundos después ver cómo la abren. Son enormes, de un color marrón oscuro y de un material pesado como el estuco. Entro haciendo notar mis botas con la mirada enfrente. A pesar de que muchos nos están observando yo no volteo, ni bajo la mirada; todos saben que soy la sucesora de mi padre y por ende la “reina de la mafia” por ello no me inmuto en rebajarme, pero… apenas escucho las palabras de mi padre y al tal Rinaldi responderle, mi mundo da un vuelco de ciento ochentas grados al descubrir quién es él.
«Es él, es el hombre que conocí en Soria, el hombre que me dio el mejor sexo de mi vida, es…¿Es Ángel Rinaldi?»