Pov Ángel.
Abro los ojos de golpe sintiendo como las sienes me arden de dolor, al mismo momento que todo me da vuelta.
—¡¿Dónde estoy?! —exclamo llevando las manos a mi rostro y restregando de él.
Miro la habitación en dónde me encuentro y me doy cuenta que no es la mía. Además, el olor a sexo y perfume de mujer está impregnado en el ambiente, sobre todo en las sábanas que enseguida tomo y huelo.
«No huele a puta, más bien a… mujer refinada y costosa»
Y como si con esa palabra pudiera describir a la diabla que tuve entre mis brazos la noche anterior, vienen a mis las escenas de una película porno. Yo metiéndole mi v***a hasta el fondo, yo lamiendo sus pechos, yo chupando su coño como un puto hambriento. Enseguida siento como la v***a se me engruesa y es ahí donde comienzo a buscarla en la cama para poder apagar el fuego que parece infinito, pero… no está se ha ido. Sonrío divertido, porque es la primera vez que una mujer se levanta primero que yo y me deja solo en una habitación, pero también luego toda sonrisa se va de mis labios cuando me doy cuenta de lo que hay en la parte derecha de la cama.
—¡Maldita mujer! —exclamo observando el maletín con dinero que reposa en las sábanas desordenadas.
Junto al maletín, hay una pequeña nota con un beso y con unas palabras en italiano que dicen “gracias por la noche” también, puedo observar unas pequeña bragas eslaticas de color rojo. Aprieto los dientes con fuerza y también mi puño.
«¿Que se cree esa mujer?» «¿Acaso no sabe con quién cogió la noche anterior?» me pregunto mentalmente, pero al ver la cantidad de pacas en el maletín que me indica que es el doble de lo que pagué por ella, me doy cuenta que tiene mucho dinero.
«¿Será una actriz porno?»
Definitivamente podría ser una, ya que, sus movimientos de caderas eran tan expertos que por un momento creí que estaba en el puto infierno.
…
Me acomodo la gabardina mientras intento escuchar la información que me está dando Raymond, mi hombre de seguridad.
—Él doctor logró sacar unos cuantos kilos, pero no sé han podido distribuir en esta zona señor —Asiento con la cabeza—, los trabajadores de Luciano han estado vigilando las zonas y es casi imposible hacerlo sin que se den cuenta.
—Está bien —respondo neutro.
Realmente no estoy escuchando una mierda de lo que me está diciendo; mi mente está en la mujer que se estaba tragando mi v***a la noche anterior como una loca desesperada. Un escalofrío me recorre la nuca cuando lo recuerdo y, el corazón me bombea más sangre y parece que la acumula más en mi glande porque me duele.
—¿Me está escuchando? —me pregunta Raymond confundido.
Dirijo mis ojos a los de él y enseguida niego con la cabeza.
—Realmente no, ¿qué era lo que me estaba diciendo? —le pregunto llevando un dedo a mi mejilla y tratando de calmarme.
—Qué hay mercancía de sobra, pero no sé ha podido distribuir por los hombres de Luciano. Es imposible hacerlo en Palermo, puede ser riesgoso para los hombre si lo intentan —me informa el hombre con las cejas fruncidas.
Golpeo la mesa con rabia logrando que los papeles que estaban ahí vuelen por todos lados. No entiendo que más poder quieren los Morgan, es el puto Cappo de Italia, además de él líder de los clanes de todo el mundo y también distribuye mercancía en Palermo.
—Encárgate de que lleven la mercancía a Roma o Milán, o que contacten a los dueños de los burdeles que estaban comprando para mantener a las putas quietas —le digo eufórico.
—Ese es el problema señor, nadie quiere comprar. Tienen miedo de que él demonio se entere y acabe con ellos… si tan solo pertenecieramos a su organización todo fuera más fácil…—habla frustrado.
Unas inmensas ganas de cortarle la lengua me embargan. Si no fuera porque Raymond fue el mejor amigo de mi padre, y la persona que más confío, lo haría.
—Deja de decir sandeces —le hablo—, mi plan nunca ha sido servirle a esa escoria —le hablo mientras me pongo de pie.
Miro la ventana empeñada mientras unos ojos grises vienen a mi mente. Me estoy volviendo loco. No la saco de mi mente y menos después de lo que hizo. Meto la mano en mi gabardina y aprieto la braga que tengo ahí sintiendo como algo cálido sube por mi pecho. Intenté buscarla por toda Soria, incluso pregunté por ella a las trabajadoras que quedaban en el lugar, pero nadie me dio información de la Diantra que, fue tanta mi desesperación que pensé que fue un sueño
«Pero no lo es»
Tengo sus malditas uñas en mi espalda, clavadas en mi piel como si con eso ella hubiera querido marcarme.
«Obsesionarme»
—Necesito que hagas algo para mí —le digo caminando a la pequeña licorera y tomando el whisky que enseguida sirvo en un vaso. Lo llevo a mis labios y trago sintiendo como el amargo me quema la garganta.
«Pero no es tan doloroso como sus marcas»
—Necesito que encuentres a una mujer, trabaja en Soria como bailarina. O mejor dicho, baila en Soria, le dicen la Diantra. No importa lo que tengas que pagar por conseguir información de ella, solo hazlo —le informo.
—Inmediatamente señor —responde Raymond mientras baja la cabeza.
Termino de tomar el contorno de mi vaso, para luego intentar salir del despacho en busca de mi tío y preguntarle si envío la mendiga carta a los Morgan.
«Le enviaría un texto pero nadie en toda Italia tiene su maldito número»
Camino por los pasillos y llego a la sala de estar para encontrarlo hablando con Azurra, su esposa. Apenas sus ojos se posan en mí, callan enseguida, cosa que tensa mis articulaciones.
—¿Algo que no pueda escuchar? —les pregunto mientras me abro la gabardina y me siento en el sofá de cuero blanco que está justo enfrente de ellos.
—No digas eso sobrino —exclama Azurra enseguida.
—Saben que si me traicionan no vivirán para contarlo, ¿no es así? —los detallo tratando de estudiar sus expresiones.
—Todos tenemos claro eso, Ángel —responde con cautela—, después de que murió tu padre lo que hemos hecho es querer ayudarte —me sonríe con cariño, pero a mí se me antoja hipócrita su sonrisa.
—No vine para estar con sentimentalismo —hablo por fin—, ¿enviaste la carta a Luciano, Donatello? —le pregunto a mi tío.
—Sí, pero aún no han respondido…
—Lo hará —respondo seguro—, a él no le conviene esta guerra, no si quiere a sus hijos vivos —sonrío con malicia.
…
Llevo mi dedo embarrado con el polvo blanco a mis labios y me doy cuenta del sabor tan puro que tiene mi mercancía. Es la mejor de todas.
«Después de la de Luciano claro está»
Porque aunque me cueste reconocerlo Luciano Morgan tiene la mejor coca del mundo, como también las mejores rutas para sacar la mercancía de Italia.
«Cosa que me vendría muy bien de él»
Estoy seguro que si mi negocio se expandiera a otros países, sería mucho más millonario de lo que soy. Y, ese es el problema, a Luciano Morgan no le conviene que mis creaciones sean probadas en otros horizontes.
—Está perfecta, cada día mejor, empaquen y llevenla a Milán, hay están esperando por ella en la frontera sur —les explico y me doy la vuelta para irme.
No pude dormir la noche anterior, primero por estar oliendo la braga que me dejó esa mujer como un perro sediento y segundo por estar recordando sus caderas encima de mí.
«Maldita hechicera»
—¿Averiguaste lo que te pedí? —le pregunta Raymond apenas lo veo venir hacia a mí.
Viene con unos vaqueros negros, camisa de cuadros arremangada hasta sus codos y con unos papeles en la mano; a pesar de que pasa de los cincuenta años de edad, se ve más joven. Será porque nunca se casó y se dedicó a servirle a mi padre. Papá siempre me dijo que Raymond amaba a una mujer imposible y que, por esa razón no quiso comprometerse y todo su tiempo lo dedicó a servirle.
—Sí señor, pero nadie me dio información de ella, por más que intenté sobornar a los empleados. Solo dijeron que ella baila cuando le place y que no tiene un día específico para hacerlo —me explica.
Maldigo por lo bajo y aprieto mis puños con fuerza.
—Necesito que sigas insistiendo —le digo apretando los dientes.
—Eso haré —responde nuestro—. También le traje la respuesta de Luciano —me la entrega y enseguida sonrío.
Tomo la carta en mis dedos y comienzo a caminar a mi despacho para leerla. Estando ahí me encierro y me siento en el sofá para enseguida abrirla y… cómo era de imaginarme su respuesta es “sí” mañana mismo se llevará a cabo la reunión en Roma, en dónde no solo veré a Luciano frente a frente sino a mi presa.