Treinta y dos.
Kenner.
Me gustaba tener toda mi vida en orden, desde el más mínimo detalle hasta el más grande. Llegar hasta donde me encuentro ahora no fue nada fácil, muchos piensan que todo fue fácil solo por el simple hecho de que mi padre es el jefe principal de la compañía y que tan solo por ser su hijo ya tenía todo el derecho de recibir una de sus empresas y llegar a sustituirlo, pero no era así.
A mi padre nadie podía sustituirlo incluyéndome porque ese hombre tenía la precisión y el porte para soltar una o dos palabras sin ni siquiera dejarte mal al frente de quien sea.
No me gustaba tener que depender de una asistente para llevar a cabo mi trabajo, pero según mi padre era algo necesario y por esa razón no había contratado a alguna porque la confianza era algo que no se daba muy bien.
Me costaba mucho confiar en las personas ya que uno nunca deja de conocerlas. Un día pueden decirte lo bien que te vez y al día siguiente darte una apuñalada por la espalda y esa era la principal razón del porque esa vacante de asistente estaba en blanco hasta que mi padre converso conmigo y mencionó a la pelirroja.
En cuanto me habló maravillas de esa oficina solo pensé que se trataba de alguien insignificante y que al tener el puesto que tenía en la oficina de mi padre era por ser de esas mujeres que solo buscan pasar la noche contigo, pero me retracté de absolutamente todo al ver a esa mujer entrar a mi oficina.
Su cabello rojo, su cuerpo deslumbrante y la sencillez que la caracterizo al momento solo hizo que me tragara las cosas que estuve pensando antes. Por esa razón decidí dar mi brazo a torcer y concederle la oportunidad de trabajar para mí y ser la sombra que estaría resolviendo cualquiera de los problemas de la empresa.
La cena fue algo espontáneo ya que no estaba en mis planes, pero ella tenía ese algo que solo te decía mentalmente escucha, habla con ella.
Era algo que no me pasaba muy a menudo debido a los problemas que tenía con las mujeres solo por verse beneficiados de un prestigioso hombre de negocios.
Salí del ascensor observando los últimos correos referente a un viaje a Gotemburgo/Suecia para conocer la empresa que estaba por hacer su apertura.
─Buenos días Sr. Hume ─dijo la chica de la recepción y asentí en su dirección.
El portero abrió la puerta de cristal para mí y le di las gracias antes de adentrarme a la Range Rover en donde James estaba esperando por mí.
─Buenos días Sr. Hume ¿Está usted listo? ─preguntó con una amable sonrisa en su rostro y asentí.
─Buenos días James, claro que sí ─respondí.
Él abrió la puerta trasera para mí y me adentré en el auto. James se dispuso en conducir en completo silencio con tan solo la melodía de una de mis canciones favoritas en el fondo.
Eye of the Tiger - Survivor.
Gran éxito de los ochenta y que gracias a mi padre ahora formaba parte de mis playlist.
Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi sacó y observé la ciudad mediante la ventanilla con la melodía en mi cabeza ya que no me gustaba cantar en público.
»─James, esta noche quiero que recojas a la Srita. Reed en su departamento para una cena ─rompí el inmenso silencio en el cual nos encontrábamos.
─Lo que usted ordené Sr.
Unos minutos después James estaba aparcando frente al edificio en donde se daría la pequeña junta del inicio de mes.
Bajé del auto arreglando mi corbata junto a mi saco y me adentré al edificio. Algunos trabajadores dirigieron su mirada a mí y me saludaron con un asentimiento de cabeza el cual respondí.
─Kenner, mi hermano ─la voz de Axel, mi mejor amigo desde la universidad se hizo presente. Volteé y me topé con su cabello castaño y sus ojos verdes.
Abrió sus brazos y lo rodeé para darle un reconfortante abrazo. Teníamos más de tres meses que no nos veíamos debido a nuestras agendas apretadas.
─¿Cuándo regresaste? ─pregunté después de terminar con el abrazo.
─Hace dos días, iba a decírtelo, pero tú padre te contará lo que tiene preparado para mí ─soltó con una sonrisa.
─¿A qué te refieres? No me digas que...
─Me ofreció trabajo en la empresa en la que eres jefe ─continuó hablando. ─Sé supone que era una sorpresa para ti, pero ya sabes que las sorpresas y yo no nos llevamos nada.
Solté una risita y asentí.
─Estaré muy complacido de que formes parte de mi grupo de trabajo ─contesté y él me dio una palmada en el hombro.
─Eso mismo dijo tu padre ─soltó y no pude evitar sonreír.
Ambos emprendimos la caminata hacia la sala de juntas y resulta que Axel estaba en este lugar para tomar una capacitación para pertenecer al grupo de recursos humanos en la empresa que estaba manejando.
Axel y yo estuvimos juntos en una universidad de Seattle, yo estudie la rama de finanzas y él la de recursos humanos. Después de la graduación volví a Reino Unido y ya me mantuve en este lugar. Él viajaba hacia este lugar, pero no sé quedaba mucho tiempo hasta que estuvo fuera por estos tres meses.
En cuanto empezó a reunión ambos nos dedicamos en prestar atención a la sumatoria de todo lo que teníamos que lograr en la nueva empresa ya que la de Estados Unidos no nos podía vencer, aunque fuera la primera en existir.
─Estamos a un mes de tu cumpleaños ─dijo Axel a mi lado. ─Tenemos que celebrar como lo hacíamos en la universidad.
─No tenemos veintitrés años Axel ─respondí.
─Eso es cierto, pero yo me siento en la mejor etapa de mi vida y tengo suficiente energía para comportarme como un chico de veintitrés.
Negué con la cabeza y posé mi mirada en la pantalla frente a nosotros en donde un hombre de cabello rubio mostraba las estadísticas.
»Treinta y dos Kenner ¡Vaya! ─continuó Axel. ─Quizás tu si estés algo viejo.
─Jamás ─respondí. ─La vejez no depende de la edad, depende de cómo te encuentres en tu edad ─continúe hablando.
─Bueno, tienes treinta y uno y te veo soltero, sin hijos y...
─Con mucho dinero y una empresa que derrochara mucho dinero ─dije en su dirección. ─Lo demás me importa muy poco.
Axel asintió y poso su mirada en la pantalla.
─¿Lauren ha vuelto a buscarte? ─preguntó.
Solté un bufido y negué con la cabeza.
─Un millón de veces, pero la rechace ─contesté.
─Muy bien hecho, a veces ser un buen hombre no sirve de nada cuando te ha tocado una mala mujer ─añadió Axel y asentí.
─Exactamente.
Hace seis meses le propuse matrimonio a una mujer que pensé que era mi otra mitad. Hermosa, inteligente, pero como lo dije anteriormente uno nunca termina de conocer a las personas en tu entorno.
Conocí a Lauren hace tres años en un club y gracias a unos buenos tragos llegamos a una noche en el que nuestros cuerpos hablaron por sí solos. Yo no era nadie en ese entonces, solo era el hijo perfecto del hombre de miles de empresa, pero eso la mantuve a mi lado hasta que una noche sentí que era ese gran momento en el que después de pensarlo tantas veces sabes que es el momento.
Una noche hace seis meses cometí el peor error de mi vida que me llevó a ser este hombre detestable al cual algunos le temen.
Compre el mejor anillo que pudiera existir, le propuse una cena a Lauren, pero decidí ir al departamento en el cual vivíamos juntos unas horas antes y me lleve la enorme impresión al encontrarla en mi cama con el portero del edificio.
Todas esas ilusiones de familia perfecta, esposa perfecta, vida perfecta se fueron a la mierda y desde ese día me convertí en el hombre que soy ahora. Ese hombre que no cree en unas simples palabras de amor, en una sonrisa, coqueteos o algo más.
Cuando toda tu vida has tratado de ser ese hombre de películas que muchas mujeres quieren a su lado, pero que una no lo supo valorar no te queda de más que cerrar tus puertas al amor y lanzarla muy lejos de ti.
─No tengo que hablar mal de las mujeres porque gracias a una bella mujer estoy en este mundo, pero Lauren es una...
─Es una mujer Axel, no es esa palabra que estabas por decir ─lo interrumpí.
Una hora después se dio por terminada la reunión y procedí a despedirme de todos incluyendo a Axel y repitiéndole por quinta vez que en cuanto mi padre me contará la noticia sobre que trabajaría para mi actuaría como si no lo supiera. Caminé de regreso a la camioneta en donde James estaba esperando por mí y entré nuevamente para volver a la oficina.
Minutos después salí del ascensor y los trabajadores de mi área dirigieron su mirada a mi para continuar con sus labores.
Era más que obvio que en todo el tiempo que no estuve aquí ellos no estaban haciendo nada.
En cuanto llegué al pasillo que conducía a mi oficina la canción Hotel California se hizo presente y no pude evitar dirigir mi mirada a la puerta frente a mi oficina.
La melodía venía de la oficina de la chica nueva.
Caminé hasta ella y coloqué mi mano en el pestillo para abrirla, pero decidí tocar antes.
La puerta fue abierta y la melodía inundó mis oídos para después observar esa piel pálida frente a mí, esos gruesos labios en color rojo junto a su cabello rojo y esos hermosos ojos verdes.
─Disculpe si le molesto la música Sr. Hume, la quitaré y...
Se dio la vuelta para caminar hacia el teléfono, pero la tomé de la mano para impedirlo.
Nuestros ojos se encontraron y de inmediato la solté para después negar con la cabeza.
─No se preocupe, puede tener la música que guste ─aclaré. ─Además tiene un buen gusto musical.
Ella mostró una sonrisa y unos hoyuelos se hicieron presentes.
─Gracias Sr. Hume ─respondió y asentí.
Me di la vuelta para cruzar el pasillo y llegar hasta mi oficina y su delicada voz se hizo presente impidiendo que continuara.
»─¿Cómo le fue en la reunión? ─preguntó. ─Disculpe si no es de mi incumbencia, pero...
Volteé a ella y mostré una sonrisa.
¿Por qué se disculpa tanto?
─Me fue muy bien, gracias ─contesté. ─Podemos superar las estadísticas.
Ella asintió y colocó sus manos en la puerta para después dirigir su mirada a su oficina y luego a mí.
─Me alegra ─dijo con una sonrisa. ─Continuaré decorando mi oficina.
─Claro ─me di la vuelta y llegué hasta el pestillo de mi puerta para después voltear a ella. ─Josephine ─dije su nombre y ella miró hacia a mí.
─¿Sí?
No sé porque la llame por su nombre cuando no hacía eso con ninguno de mis trabajadores.
─Disculpe, Srita. Reed ─aclaré. ─Recuerde la cena de esta noche.
Ella asintió.
Entré a mi oficina y antes de cerrar la puerta aprecié su trasero en cuanto ella volteó para cerrar su puerta.
Maravilloso trasero, joder.