El reloj marcaba cuatro minutos pasada la medianoche, y yo me encontraba en una esquina, sentada mirando al vacío mientras bebía cerveza barata en un vaso de plástico. La verdad era que el ver a Kyle si me había afectado, y vaya que lo suficiente como para arruinarme la noche. Es que ya no tenía ganas de nada, solo quería irme a casa y no volver a pensar en él, nunca. Candace llevaba un rato bailando con su popular novio, ignorante de lo que le esperaba dentro de media hora, cuando Nate le pidiera su mano. Ellos se veían genuinamente felices desde que retomaron su relación la noche de mi primera cita con Kyle; parecían inseparables, y se notaba en cada cosa que hacían que se querían muchísimo, que adoraban estar con el otro. Me deba felicidad por mi hermana, Nate era un chico bueno, sin

