VICTORIA . . De camino voy pensando rápido en la manera de que Suk no se pierda el parto y como si se prendiera una lamparita en mi cabeza, le pido permiso al doctor para realizar una videollamada. Mi amigo no se perderá la oportunidad de ver el nacimiento de su hija. Recibo una afirmación de parte de él e inmediatamente llamo a Nam, nuevamente. —Nam, hola, Suk, tranquilo. Si no te calmas no puedo entenderte. Si, ya va a nacer Akali, espera voy a poner en video. —Hago el cambio y dejo el teléfono sobre una silla—. Espera que debo vestirme correctamente. —Me coloco la bata quirúrgica, gorra, zapatos y guantes, hasta un sobre acrílico para el teléfono me dieron. —¡Apresúrate, Vi! —Espera, cálmate y deja de llorar por favor. —Le pide Nam, quien está a su lado—. No la alteres, no va a s

