VICTORIA
.
.
De nuevo mi celular suena. Otra vez un número desconocido, aunque en realidad me suena familiar al ver el prefijo que lleva, y contesto para no quedar como estúpida con la mandíbula desencajada. Lo peor es que respondí sin darme cuenta que es una videollamada.
Es Choi, lo primero que hace es reír ante nuestras actitudes. Como mencione antes, asombrada, muy asombrada y Erika, bueno, sin palabras.
Hablamos de muchas cosas, entre ellas que hoy es su cumpleaños. Ery lo único que hizo fue gritar emocionada ¡Dios, esta chica me deja pegada!
Por mi lado, me quedé pensando en lo diferente que estaba él. O sea, entre el día del programa y la videollamada, fue drástico el cambio. La confianza con la que él hablaba, aún peor las cosas que decía. ¡Prácticamente se puso de coqueto con mi amiga! Se enamoró de sus ojos.
Luego de terminar con la llamada y esperar a que se calme, de la nada se tiró en el suelo para comenzar a hacer ejercicio. Dice cosas como que se va a poner a hacer dieta y marcar más las zonas que le gusta resaltar, todo para prepararse para una posible llamada de su amor platónico.
.
.
.
.
ERIKA
.
.
Como siempre ahí está la inseguridad de mi gordita preferida, ni se dio cuenta que de ella también había dicho cosas súper lindas, lo pasó por alto, solo resaltando las cosas que dijo de mí. Algo que nunca va a cambiar.
—Y eso que fue Choi, ni quiero imaginar si llama JS para decir todas esas cosas. —Sí, mi gran amor platónico, es JS, el hombre con el que hasta sueño casi todas mis noches.
—¡Pff, ya estaría desmayada! Bueno, no sé, tal vez aguantaría lo que dure la conversación, babeando obviamente, y luego caiga como costal de papas.
—¡Seguramente! Te estaría juntando con la cucharita del piso. —Ambas reímos.
—¡No puedo creer que te pidiera trabajar con ellos! —digo emocionada.
—¡Síííí! ¡Tampoco puedo creerlo! Creo que voy a aceptar, me encantaría trabajar con ellos.
—Cambiando de tema, ¿recuerdas a mi amigo Dae de la banda coreana que nunca recuerdo el nombre? —Afirma—. Bueno, me acaba de escribir... ¡No puedes decir que no! Así que ve a cambiarte nos vamos de fiesta. —Pone cara seria, pero no dejo ni que hable—. ¡Shh, shh, me lo debes! —Amenazo—. Soy tu hermana de la vida, a la que llamaste desesperada para que volara por horas y no estar sola en esta jungla de tipos sexis. ¿Te suena?
—Big Star, esa es la banda de tu amigo.
—Esa misma, la cosa es que me invitó a un antro y le dije que no iba sola…
—¿Otra vez voy a ir a hacer el mal tercio? Porque no solo sales, haces tus chanchadas con tu “amigo” y a mí me dejas por fuera.
—Noup, adivina quién va a estar acompañando a Dae.
—Ni idea.
—G LION…
.
.
.
.
VICTORIA
.
.
Un par de horas después de la amenaza y haberme convencido con solo mencionar ese nombre, me encuentro en la barra del boliche. El amigo de Ery, Dae, viene con un amigo, ¡G LION! Amo esa banda, una de mis favoritas junto con LUCKY7 y las hermosas chicas de “THE GIRLS K” ¡Me encantan, y me gusta mucho este hombre! ... GL.
—¿Qué me pidió, perdón? Por el ruido no la escuché bien —pregunta el chico de la barra, sacándome de mis pensamientos.
—¡Cuatro cervezas heladas, por favor! —Repito, sacando mi tarjeta de crédito.
Cuando me las entrega, feliz, pero cargada como un burro, camino a la mesa donde me están esperando. La primera en levantar una ceja en forma de aprobación, es Ery. Me siento luego de dejar las botellas en la mesa y acomodándome bien para continuar hablando. En un par de ocasiones me distraigo observando la boca de GL y en una de esas tantas él se da cuenta, me lo demuestra sonriendo a la vez que me regala un guiño de ojos dejándome embobada. Me dedico a prestar atención a la charla y hablamos de otras cosas, luego nos paramos para ir a bailar a la pista.
Comenzamos bailando los cuatro juntos entre risas y botellas en mano, y siento que alguien me toca el hombro.
—¡Hola hermosa, que mal acompañada te veo! —Giro para encontrarme con Debby muy sonriente, la saludo de inmediato—. ¡Qué lindo coincidir contigo!
—Verdad, ¿cómo has estado?
—Muy bien, gracias. A ti no te pregunto porque ya veo cómo te encuentras.
—No es lo que piensas. —Ella se ríe, levantando las manos en defensa—. Te presento a mi amiga Erika y a sus amigos Dae y GL.
—Un gusto Erika, soy Debby. A ustedes los conozco y es un placer compartir este momento.
Debby no viene sola, nos presenta a su acompañante y se nos une al baile. Nos divertimos como locos entre conversaciones a los gritos y rondas de cerveza, por un buen rato.
De repente nos separamos en parejas y suena un reggaetón, raro, pero genial.
Siento como GL se aferra a mi cuerpo y yo no me quedo atrás. ¡A mi juego me llamaron! Sí estoy gordita, pero bailo mucho; reggaetón, salsa, bachata, electrónica, lo que sea. También hice clases de twerk, así que este muchachote no sabe dónde se está metiendo. Sus manos aprietan mis caderas para generar más fricción y la respiración cae en mi cuello como un plus.
Para cuando termina la música, creo que él está excitado y yo no voy a mentir, también lo estoy. Se acerca a mi oído y susurra.
—Creo que debemos irnos de aquí. —Me mira con deseo y me roba un beso, el cual me prendió del todo.
—Pero mis amigas…
—Tus amigas están muy bien acompañadas y entre tú y yo se está por incendiar algo.
Nos miramos por unos segundos en los que él me vuelve a pegar a su cuerpo haciéndome sentir más calor.
—Está bien, vamos a mi casa, está cerca.
No malinterpreten, no soy facilona, pero… ¡Es GL! Salimos de ahí rumbo a mi casa en su auto, en el camino me dedico a avisar a Ery mediante un mensaje que me estoy yendo a casa, que mañana le contaré.
.
.
Al llegar, entramos, cierro la puerta y, justo cuando quiero decir algo, su boca cálida choca contra la mía. Nunca, pero nunca antes me habían besado así, y mentiría si no dijera que con ese beso termino por perder la cabeza. Con su lengua me lleva al paraíso y, en tiempo récord, recorre mi cuerpo con sus manos.
—Ahora quiero que termines lo que empezaste. —Me atrevo a decir. Ni yo reconozco lo atrevida que estoy siendo.
De pronto, como si sobraran, los botones de mi blusa saltan por todos lados. Sus manos en mi cuerpo comienzan a subir a toda prisa sin detenerse en ningún lugar, derecho a mis pechos, que toca y acaricia haciéndome suspirar. Aprieta mis pezones y gimo en respuesta. Se acerca de nuevo y me besa, muerde mi cuello, incluso me hace pensar que me dejaría un moretón, pero entonces...
—¡Sin marcas, no me gustan! —digo prácticamente gimiendo
—Ni te imaginas lo que quiero hacerte, aquí y ahora.
Seguimos con cientos de besos, lamidas y toqueteos que reavivan el incendio que ocasionamos en el lugar público que dejamos atrás para llegar a la privacidad.
Tras esas palabras, incapaz de aguantar un segundo más, la loca que vive en mí me anima a bajar el pantalón y bóxer, liberando su erección, que está dura y lista para la acción. Tal como él me está tocando a mí, lo manoseo.
Sólo se ve lujuria en sus ojos, termina de bajar mi pantalón y me empuja contra la mesada, y antes de decir nada, su pene, de una sola embestida, entra en mí.
—¿Nunca has hecho algo así? —pregunta apretando los dientes, golpeando mis caderas con sus manos afirmadas a ellas, mis nalgas se abren cada vez más.
—¡Ah! –Un pequeño gemido se me escapa.
—Me lo imaginé, esto va a ser lo mejor que hayas experimentado —alardea mientras sigue arremetiendo contra mi cuerpo.
—¡Estás equivocado! —Afirmo para provocarlo, no le daría la razón—. ¡Esta no es, ni cerca, mi mejor vez!
—¿Qué? —pregunta asombrado, sale de mí y me mira.
—¿Qué haces? —Lo miro muy confundida.
—¡Mírame bien! —Me ordena y yo muy obediente lo miro, quiero que siga—. ¡Voy hacer que supliques por más! —Sonríe.
—¡Desgraciado…! ¡No juegues y continúa! —Con su sonrisa perfectamente endiablada, se agacha frente a mí.
—¡Ya verás! —Lo siguiente que siento es cuando me gira para dejarme de frente a él, mientras que se agacha y sus manos separan mis piernas dejándome a su entera disposición.
—¿Quieres? ¿Mm? —pregunta en tono seductor, rozando con sus labios mi v****a.
—Sí… —Intento sonar indiferente.
—Lo sabía.
—¡Cállate! ¿A ver si eres tan bueno como dices?
—¡¿Me estás provocando?!
—¡¡No…!! —Claro que lo estoy provocando, me está volviendo loca.
Comienza con sus perfectos movimientos lingüísticos sobre mi clítoris, a la misma vez con sus manos me aprieta, me toca y acaricia los pechos. Por mi lado pongo mi mano en su cabeza, lo aprieto y acaricio generando movimientos circulares que incrementan mi propio placer.
De un momento a otro y sin poder contener mis gemidos, exploto en semejante orgasmo. ¡Este hombre sí que sabe usar la lengua!
—¡Shhh, cálmate que aún falta! —dice parándose, tomando mi mano para guiarnos a mi cama.
Él ríe en mi oído, lo lame y comienza a moverse pegado a mi espalda y nalgas, jadeo sin querer. Soy incapaz de dar una respuesta ante tanto éxtasis, comienzo a sentir cada una de sus embestidas simuladas, no me importaba admitir su triunfo, ni sentir su sonrisa caliente en mi oído y besando mi cuello. De pronto, aún parados, me inclina un poco sobre la cama volviéndome a penetrar.
—¡Mmmm, me vas a romper!
—Sí, pero de placer… —Sigue embistiéndome rápido y duro.
—¡Mmmm...! Más… ¡No pares, por favor! —Y me jodí... No quería decir eso, pero él solo hace que yo no quiera parar esto nunca.
—Mm, ¡qué rico! ¡Sabía que terminarías suplicando! —Victorioso, abraza aún más fuerte mis caderas para seguir con su trabajo.
Los temblores recorren mi cuerpo, el orgasmo me llega una vez más dejándome sin aliento, intenso y descontrolado al igual que él.
Pasado unos segundos, comenzamos a respirar con más tranquilidad, recuperándonos. GL, me sujeta la cabeza para que no huya de sus ojos, y luego de mirarme intensamente, me habla.
—¡Claramente soy tan bueno como te dije!
Un calor muy diferente me invade esta vez, ¿cómo se puede ser tan guapo y tan arrogante a la vez? Subo las manos por su cuello y jalo su cabello en protesta, esperando una reacción mala, pero él se apega a mí y su pene crece en cuestión de segundos.
—Ahora veamos si tú eres tan buena, ¿mujer experta?
Ya no quería tomarle el pelo, quería arrancarlo con mis propias manos, pero la parte diabla que hay en mí hace que tome su pene para acariciarlo.
—Voy a demostrarte lo buena que sé que soy. —Alzo una ceja con soberbia.
En ese instante se tensa por completo, no dejo de masturbarlo hasta que al escuchar un gemido profundo y ronco, levanto la cabeza para mirarlo y deleitarme aún de rodillas en el piso.
—¡Hazlo de una vez, no juegues conmigo! Mm... Mételo a tu boquita. —Suplica, tomándome del cabello con sutileza.
—¿¡Ahora quién suplica!? —Mientras sigo con los movimientos frenéticos y mirándolo a los ojos.
No le doy más vueltas y lo meto en mi boca.
—¡Por Dios, Victoria! ¡Amo tu boca! Mmmm.... ¡Sigue, no te detengas! ¡Ooohh!
Lo único que sale de este hombre son gemidos fuertes y palabras llenas de deseo, así estoy unos minutos hasta que no se aguanta más.
En el momento que siento que me aprieta y su m*****o palpita me separo y lo termino con mis manos observando cómo todo su ser grita orgasmo.
Me paro frente a él y solo me abraza, nos quedamos así por unos minutos en silencio hasta que decido ir a la ducha seguida por el culpable de mi placer. Luego de media hora bajo el agua, lo invité a dormir conmigo.
.
.
.
.
Despierto un poco avergonzada, nunca me había pasado de irme de un boliche con un hombre y terminar complaciéndonos de la manera que lo hicimos. Bajo a la cocina, para preparar café y él lo hace minutos después, ya vestido. No me atrevo ni a mirarlo a la cara.
—¡Buen día! —saludo, aún con mi rostro metido en la taza
—¿Qué haces? Parece que estás avergonzada —habla mientras recibe la taza que le ofrezco.
—Es que nunca me comporté de la manera en que lo hice anoche.
—¡Hey, tranquila! Somos dos adultos que sintieron atracción. ¡El deseo terminó por ganarnos! —dice sin titubeo.
—Tienes razón, pero por alguna razón, me siento avergonzada.
—No tienes que hacerlo... Qué te parece si intercambiamos números, me gustaría tener tu amistad. —Me mira levantando una ceja y sonriendo.
—Claro, no hay problema.
Intercambiamos números y seguimos tomando nuestros cafés, conversando hasta que mi celular suena alertándome que un paciente llegará en treinta minutos, así que le digo a GL que tengo que trabajar.
—Ok, yo ya tengo que ir a la agencia, hay ensayos y grabaciones. Estamos en contacto, ¿verdad? —Me da un beso piquito y camina hacia la puerta de salida conmigo detrás.
—¡Sí, claro, estamos en contacto! —Se retira y cierro la puerta sonriendo como idiota.
Al darme vuelta veo aparecer a Ery toda despelucada, inmediatamente abro mis ojos de sorpresa y nervios. ¿En qué maldito momento llegó a casa? ¡Que no haya escuchado, por favor! ¡Por favor!
—¡¡Buen día, perra loca!! ¡¿Qué carajos te hizo GL para que gritaras de esa manera?! Estuvo muy bueno, ¿no? —Ríe mientras hamaca las cejas haciéndose la graciosa, yo muero de vergüenza.
—¡Loca! Me voy a preparar el consultorio, en quince minutos llega mi paciente, adiós...
—Sí, huye salvaje. —Estalla en carcajadas—. ¡Corre perra, corre!