VICTORIA
.
.
Termino de preparar mi consultorio en tiempo récord para esperar a mi paciente, la cual llega en este preciso momento, así que corro a abrir la puerta.
—Hola. Yang Mi, ¿cómo estás? ¡Bienvenida, pasa!
—¡Hola, gracias por recibirme, Victoria! —Hace una reverencia—. ¡Es un placer por fin conocerte!
—¡El placer es mío! Ven, vamos a mi consultorio. —Caminamos hacia mi consultorio mientras voy comentando que su grupo es mi favorito dentro del k-pop femenino—. Cuéntame, ¿qué te trae por acá? ¡Necesito saber si serán masajes, psicología, o las dos! — Comienzo con las preguntas en tanto pongo música para ambientar y tomo mi bata del perchero.
—¡Las dos! —Sonrío satisfecha—. Si es posible, necesito relajarme y hablar.
—Muy bien, necesito que te desvistas, solo deja tu ropa interior y recuéstate en la camilla. —Así lo hace y comenzamos—. Esto es un aceite de calor —Se lo muestro —, para preparar tu cuerpo, escucha la música y relájate.
Dejo el frasco a un lado y me coloco la bata para asegurarme de no mancharme, además de ser lo idóneo para mi trabajo. Cuando estoy lista, ella sale del baño particular en mi consultorio, tal como se lo había pedido minutos atrás, y se recuesta boca abajo en la camilla como se lo indico. Tomo el pomo con el líquido y unto mis manos en él para frotarlas, generando el calorcito que necesito. Ante mi primer contacto con su piel, esta se eriza por completo. Ejerzo lo aprendido a lo largo de mis años de vocación, me apasiona lo que hago.
—¡Woww! Eres muy buena con las manos, Victoria. ¿Sabes? He tenido muchos problemas por ser, y actuar, diferente. Eso, en cierto punto, me está afectando.
Deshago un nudo que encuentro debajo del omóplato, mientras que intento formular alguna pregunta necesaria para tenerla más relajada.
—Dime, ¿qué es lo que te está afectando?
—Bueno, me está costando bastante dormir, por ejemplo. Ya sabes cómo es el ambiente, lleno de críticas.
—Confieso que te ves súper fuerte a la hora de enfrentarte a las críticas. Necesitas encontrar el punto exacto para que deje de estresarte. El descanso ayuda mucho. Intenta tomar unas vacaciones, aunque sea de dos días. A la hora de dormir busca música relajante y no pienses en nada que no sea positivo, busca los buenos comentarios y momentos en tu memoria. Desconecta todo por completo.
—Sí, en este mundo debes ser fuerte o no llegas a nada. Puedo hacer eso que me aconsejas, pero a la vuelta siempre estará la… ¡Ay, eso dolió!
—¡Bueno, un consejo que yo misma aplico en mi vida! "Sigue a tu corazón, pero lleva contigo tu cerebro". Y duele porque estás llena de nudos, tienes una gran contractura en la espalda alta, es toda esta zona. —Dibujo con un dedo un círculo que abarca desde los hombros hasta debajo de los omoplatos.
—¡Gracias!
—Vamos a simular e imaginar una situación; y de acuerdo con las respuestas que des haremos el análisis, ¿ok?
Comienzo a realizar una serie de preguntas para medir ciertos aspectos de su personalidad, como así también, para conocerla un poco más.
Ella responde a cada una de mis interrogaciones con fluidez, y el diálogo entre ambas se torna ameno y apacible.
Al finalizar la sesión, ambas reímos por los resultados al escuchar sus propias conclusiones. Una de las respuestas se interpreta más en plano s****l, lo cual, le genera un poco de vergüenza.
—¡Basta! —Se tapa el rostro con las manos, en signo de timidez.
—Bueno hermosa, creo que por hoy terminamos. Cuando creas posible, me avisas para tener otra sesión y por supuesto, continuar conociéndonos.
—¡No le pongas duda! Mis amigas también van a querer venir. ¡Wow! Me dejaste en las nubes con ese masaje. No siento nada, desapareció el dolor por completo.
¡Otra paciente feliz! Charlamos unos minutos más y la acompaño a la salida. Al volver, limpio y desinfecto la camilla con alcohol, luego lavo mis manos y me quito la bata para volver a colgarla en su lugar.
Salgo, cierro la puerta y me encamino hacia la cocina donde sé que la loca de mi amiga, de seguro está saqueando la nevera. Ery me ve y comenta que mi celular ha estado sonando sin parar mientras limpia restos de comida pasando la lengua por sus labios. Choi estuvo intentando comunicarse conmigo, por lo cual, devuelvo la llamada de inmediato.
—Hola, ¿cómo estás? Vi que tenía un par de llamadas perdidas con tu número. ¿En qué te puedo ayudar?
—Hola, bien ¿y tú? Sí, te llamaba para saber si estás libre hoy en la noche.
—¡Mmm, creo que sí! Dame un segundo que lo corroboro en la agenda, no es que sea súper importante, pero por suerte, el trabajo abunda.
Ery al escuchar, agenda, corre a mi lugar de trabajo volviendo en segundos con el objeto en la mano. Ojeo en la fecha y no tengo nada que hacer después de las 6 pm y se lo hago saber a Choi.
—Bien, nos gustaría reunirnos contigo para hablar sobre la propuesta de trabajo, de paso conocernos un poco más y tomar algo juntos. ¿Te parece bien?
—Ok, me parece una excelente idea. Solo dime la hora y el lugar, y allí estaré. —Mordisqueo el bolígrafo mientras espero la respuesta del otro lado.
—A las 19hs creo que estará bien, ¿no? Va a tener que ser en nuestro hotel, ya sabes, por seguridad y tranquilidad.
—Perfecto, por mí no hay problema, voy a donde me digan.
—Alguien irá por ti, pásame la dirección de donde te encuentras por mensaje.
—Bueno, ahora que corte, te la mando. Adiós, nos vemos mas tarde, ¡¡saludos!!
—¡Te esperamos, hasta más tarde!
Corto y observo a mi amiga. Ery se encuentra atenta, con sus ojitos brillantes, así que entiendo lo que está pidiendo con la mirada desesperada. Sin decir nada le envió el mensaje a Choi con la dirección y avisando que llevaría a mi "asistente" a la reunión. Segundos después recibo un “OK” de su parte y sonrío satisfecha.
—Anda y fíjate qué te vas a poner porque yo no voy a ir sola a esa reunión —digo mirando mis uñas sin expresión ninguna y aguantando las ganas de reír. Sé que se muere por acompañarme.
—¡Aaah! ¿De verdad? —Asiento—. ¡Gracias! —Recibo un fuerte abrazo, como paga, de parte de mi amiga.
Sale prácticamente corriendo, aunque son las tres de la tarde. Supongo que habrá escuchado que la cita es a las siete. Solo espero que no esté molestando toda la tarde con su vestuario y nervios.
Me preparo un sándwich, debo comer algo rápido y prepararme para la segunda cita, mi paciente llegará en unos minutos. Este es un poco más complejo, es un señor mayor que se ha roto la cadera y sufre bastante con sus dolores, la medicación no le ayuda y, en cierto punto, comienza afectar otras áreas como por ejemplo, los riñones. Con mi ayuda va cambiando de a poco. Cada vez que viene se siente un poco mejor y ha podido descansar como es necesario.
Termino con el señor cadera rota y llega, media hora antes, una chica que hace poco ha comenzado a venir. Lo extraño es que llega todos los días y a mi parecer no tiene nada. Dice sentir dolores en la espalda, yo lo atribuyo a los pechos enormes que se carga para lo delgada que es, pero dudo que algo le esté molestando siquiera. Le he hecho una prueba, presione apropósito la zona afectada y no reacciono como debería. En fin, si paga la sesión no me interesa demasiado. Ya le comenté que no eran necesarias más sesiones de masajes, pero ella insiste.
Termino y me baño, aunque no lo crean, esta es mi terapia luego de un día de trabajo. Me relaja, me descansa y me deja como nueva.
.
.
.
Llega la hora en la que debo estar lista para la cita y salgo a la sala al igual que mi amiga. Como siempre, ella hecha una diosa ¿y yo? Mmmm, bueno, ¡estoy muy yo, jaja!
—Por más que pase una vida, hay cosas que nunca van a cambiar, ¿verdad? —comenta mirando mi outfit.
Mi atuendo consiste en un jean n***o tiro alto, una sudadera gris y mi chamarra de cuero, con mis infaltables Converse rojas. Dato innecesario que nadie me pidió, pero es por si se lo preguntan.
El suyo es un vestido por sobre las rodillas, botines a la altura del tobillo adornan sus piernas largas y también una chamarra de cuero, pero esta termina en su pequeña cintura. Medias a tono como complemento y todo es n***o, su cuello va adornado con un colgante plateado, a juego con unos pequeños aros en sus orejas, impecablemente maquillada, estilo natural.
—¡¡Mmm, nop!! Ahora, no sé quién de las dos va de asistente —Reímos—. Maldita, te vestiste de esa manera para asegurarte que Suk caiga redondito a tus pies.
Nos interrumpe el sonido del timbre anunciando que alguien ha llegado por nosotras, así que con mi amiga siguiendo mis pasos, voy a abrir la puerta. Cuando veo de quien se trata y cómo nos saluda, inmediatamente con una reverencia, dirijo mi mirada hacia Ery, quien dejó caer su mandíbula y les aseguro que está al borde del infarto.