Capítulo 9:

1072 Palabras
Black Eagles LA VIUDA NEGRA. Libro. 01 Si alguna vez había escuchado la frase: “La casualidad es una perra”,  pues en ese momento estaba jugando con ella.  —Deme un trago de Daniels, por favor —la voz ronca Carter resonó a su lado. Ava quedó en el sitio, completamente inmóvil. Ni siquiera inhalaba oxígeno.  «¡Bendito sea el destino y sus eventos desafortunados!», se dijo mentalmente con sarcasmo. —¿Desea otro trago?  El imprudente camarero, esperó ese momento justamente para preguntarle. Respiró profundo, y le dolió en ese momento hacerlo, negó con la cabeza y contestó:  —Eh… no. Esto ha sido todo por esta noche. Por favor, deme la cuenta. El recién llegado escuchó su voz, y frunció el ceño. Su curiosidad fue tanta que giró la cabeza, para ver a quién pertenecía esa voz. Entrecerró los ojos y la miró un par de veces, hizo una mueca con la boca. —¡Te ves muy diferente sin tu uniforme… Rosa! —exclamó en ese momento girando su cuerpo hacia ella, y mirándola de pies a cabeza.  Ante aquel escrutinio Ava se sintió extraña, pues no era intimidación… Era anticipación, lo supo cuando sintió que sus pezones sin razón alguna se endurecieron.   —Pues… como puede ver. A veces necesito un rato libre. —Sacó rápidamente unos billetes de su pequeño bolso estilo bandolera, y los dejó sobre la barra. No le importaba lo que costaba los tragos que había tomado, lo más importante era salir del lugar rápidamente.  «¡Maldita sea! ¿No había otro lugar?», se reprochaba mentalmente. Ava estaba incómoda con la situación, pues Carter  había visto su rostro real tres veces seguidas, y eso para ella era un riesgo innecesario. También estaba el hecho que la descontrolaba un poco.   Se disponía a bajarse del taburete en donde estaba sentada. Cuando Carter la tomó del brazo fuertemente, para detenerla. —¿A dónde vas con tanta prisa? ¡Quédate un rato conmigo! —Él no lo pidió, lo ordenó.  —Creo que no es apropiado —de manera inmediata se zafó de su agarre, y aunque no le gustó mucho el gesto, le brindó una inocente sonrisa.  —Soy tu jefe —le recordó enarcando una ceja—. Además, para el aumento de tus propinas también eres la única persona que conozco en este lugar. Así que necesito que te quedes conmigo.  —Ya que lo dices de esa forma… No me está  dejando opción, jefe —le guiñó un ojo.  —Cierto, no te di opciones porque no las hay —le dijo ayudándola de nuevo a subirse al taburete, luego miró al barman y haciéndole señas le dijo:— Dale otro trago de lo que sea que estaba tomando, yo invito. El hombre solo asintió, y le sirvió el trago. Carter parpadeó un par de veces con completo asombro. Al darse cuenta del licor que estaba bebiendo anteriormente, y sobre todo la forma. Como si estuviera completamente acostumbrada a hacerlo. No había duda que la chica era una cajita de sorpresas. —¿Estás segura de que lo puedes manejar? —Él no pudo evitar preguntar, pues creyó que ella solo estaba alardeando. Le hizo señas al hombre de la barra, para que le dejara ver de nuevo la botella. —¡Claro que puedo hacerlo! —contestó sin dudarlo, bebiéndose hasta el final y de un solo trago el fuerte licor— ¡Es muy fácil! —¿Vienes mucho aquí? —quiso saber, y miraba a todos lados. El ambiente era agradable.  —¡No! —manifestó ella—. Tal vez no me crea, pero es la primera vez que vengo, jefe. Carter sonrió y sacudió la cabeza. —No hay necesidad de usar tanto protocolo, puedes tutearme si gustas, cuando estemos a solas. «¿Qué tal solos?», se preguntó ella y luego se regañó mentalmente. Ava quedó sin aliento, estaba tentando a la suerte. Lo peor del caso era que quería saber, hasta dónde podía llegar aquel tira y afloja entre ellos, esa noche.  —Créeme que si lo necesito, y tenlo por seguro que tutearte será un grave error —puso el vaso sobre la barra, y llamó al barman para que le sirviera otro.   —Y tú me creerías si te digo… Que puedo con eso. Ava de manera inconsciente cerró los ojos, y  comenzó a mover su cuerpo mientras estaba sentada en la barra. Por las bocinas del club se escuchaba la melodía de Ozuna con Romeo Santos, Ibiza.  No había duda que el ron ya estaba haciendo efecto en su organismo. Sin importarle nada se bajó del asiento, sin dejar que Carter la detuviera fue hasta la pista y comenzó a bailar. Sus caderas se mecían al ritmo de la música. Cerró los ojos por un momento quería sentirse libre, la música la envolvía. Estaba inmersa, había bajado la guardia, por eso cuando unas fuertes manos la tomaron de la cintura se sorprendió.  Se relajó porque, por el olor del perfume supo quien la había tomado de esa forma. Apoyó la cabeza sobre su pecho, y continuó meciendo las caderas, haciendo que las de él sincronizara con las suyas. Era tan fácil dejarse llevar por la tentación. Sentir que estaban en la misma onda. «No pasará nada… es solo un rato. Además… no lo hace tan mal», pensó.  Nunca había cometido un error de tal magnitud. Había sido completamente descuidada, no le importó que Ronald Carter le viera el rostro. En ese momento, para ella era más peligrosa la atracción que sentía por él. Era algo que nunca le había sucedido. Carter diestramente la giró para que quedara de frente a él. Hizo que le pusiera los brazos por encima de los hombros, para su comodidad. En esa posición podía acariciar su cuerpo libremente.  El tiempo se detuvo, cuando sus miradas se cruzaron mientras bailaban. En ese momento ella perdió todo sentido de la razón, y por fracciones de minutos mandó todo a la mierda. Porque impulsivamente se aferró más a su cuerpo, su calor la envolvía.  Tuvo un breve conflicto entre el deber, la razón y algo que jamás había sentido en una misión —culpa—. Pero quería experimentar algo diferente esa noche. Impulsada por su atracción y el licor se puso de puntillas y rozó sus labios.
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