Es jueves por la noche. Mañana es el último día de clases para Wes y para mí. Sin embargo, eso es precisamente lo último que tengo en mente ahora mismo. Me despeino, lo miro, lo aliso y lo vuelvo a despeinar. Me arreglo la camisa por una pequeña arruga en el hombro. Tengo los dientes blancos, pero quizá debería cepillarlos de nuevo para asegurarme. Maldita sea, soy un desastre. Estar nervioso es lo peor del planeta. En lugar de tener que sentarte y lidiar con lo que el universo te ponga por delante, experimentas el gran placer de afrontar cada posible obstáculo y desastre que pueda surgir. Claro, una vez que te dejas llevar por esa dirección, te desplomas por la infinita colina de la ansiedad, golpeándote la cabeza contra cada roca y árbol. Normalmente no me siento así, pero hoy es una

