Mudarse ¡el rey piensa vivir conmigo! Esto es algo que me mantiene nervioso, mis manos tiemblan con emoción, aunque al mismo tiempo, estoy preocupado por las consecuencias que pueden traer sus decisiones.
Sé que esta decisión no les gustará a las demás esposas, ni mucho menos a su madre.
Ayer pensé que sería algo irreal, no creí que realmente pensara cambiarse de habitación sólo para hacerme compañía ¿por qué estará haciendo todo esto? ¿Se sentirá culpable por algo en particular?
Me da curiosidad conocer los detalles de su actual cambio, aunque me hace feliz ver como varios sirvientes hicieron aparición. Los muchachos dijeron que eran nuevos sirvientes, el rey los había contratado esta mañana, por tanto, era un poco caótico el ambiente.
No todos eran nuevos, había un par que sabían cómo trabajar y les daban instrucciones a los demás, añadiendo siempre un "el rey necesita..." o un "al rey no le gusta..."
Yo también tomaba nota, aunque en realidad, no era necesario.
Cocineros no había por el momento, el rey continuará cenando en el comedor principal y a pesar de que me dijo que podía ir, no deseaba hacerlo.
Sabía que sería incómodo, por ende, prefería quedarme aquí.
Mis cosas ya las movieron de lugar, de hecho, me organizaron todos los utensilios de costura en una habitación cercana al jardín, para así tener un sitio con vistas agradables y de paso, en invierno, estaría protegido de la lluvia.
Todo esto parecía un sueño, me encantaba ver como las cosas parecían marchar bien, además hoy al mediodía, cuándo el rey hizo aparición en la zona sur, me saludó con un dulce beso y ahora me siento embobado.
Han pasado varias horas desde que eso ocurrió, pero no puedo evitar suspirar cada que lo recuerdo.
¿Los astros se habrán alineado a mi favor, o los Dioses por fin escucharon mis plegarias? Todo esto me hacía muy feliz, un sentimiento que rara vez era capaz de experimentar.
Supongo que debo darle una ofrenda a los Dioses, ellos merecen un regalo por esta gran ayuda que me están brindando.
–Señor, el rey ha solicitado su presencia en el comedor principal– me informó Hernán, una vez se acercó a mí con pasos acelerados.
–Está bien, gracias por avisarme– dije encaminándome allí con temor.
No sabía que necesitaba el rey, aunque no quería hacerlo esperar.
Cuando llegué, me quedé unos segundos fuera del comedor, queriendo escuchar qué estaban hablando para no interrumpirlos. Tras no oír nada, los guardias me abrieron las puertas y pronto todas las miradas recayeron en mí.
–¿Ahora nos dirás para qué nos has reunido? –preguntó su madre con impaciencia.
–Tyler, siéntate a mi lado– me ordenó el rey, mientras sus enfadas esposas deseaban matarme con la mirada.
Normalmente, las otras esposas toman ese lugar, aunque por primera vez, pude sentarme a su lado.
–He decidido que Tyler será quién traerá a este mundo a mi heredero– informó el rey, mientras que todas se miraban con desconcierto.
–¿Qué? Pero no es digno de...– trató de decir su madre, aunque el rey rápidamente la interrumpió.
–Es el único que ha demostrado ser digno– le aseguraba el rey– hace unos días, les dije a todas que moriría y sin duda, sus comentarios me dejaron claro sus verdaderas intenciones.
–¿De qué estás hablando? ¿Cómo qué morirás? –preguntó su madre con preocupación.
–No te preocupes, no era cierto, sólo era una prueba para medir la lealtad de mis esposas– le aclaró.
–¿Qué? –soltaron sus demás esposas con sorpresa y hasta arrepentimiento.
–Por ahora me mudaré a la zona sur con Tyler, donde tienen prohibido ir sin mi autorización– continuó informando– vendré a trabajar y a cenar como siempre, sin embargo, durante mis descansos estaré allí.
–P-Pero querido, no es justo que...
–No daré explicaciones– interrumpió a la segunda esposa– por ahora me quedaré allí, hasta que decida qué hacer con ustedes.
–Derek, seguramente ellas tienen sus razones, déjalas hablar– le pedía su madre.
–Muy bien, hablen– dijo desinteresadamente.
La situación era incómoda, yo no deseaba estar envuelto en todo este drama, sobre todo porque comenzaron a llorar y hasta aseguraban que habían descubierto su plan y que solo deseaban jugarle una broma.
La excusa era tan mala que obviamente no consiguió convencer al rey, de hecho, les aseguró que sus lágrimas eran de cocodrilo y que debían esforzarse mucho más para convencerlo.
A decir verdad, me sentía raro, odio los problemas y las discusiones, pero por alguna razón, había una parte de mí que disfrutaba ver como sus demás esposas estaban siendo humilladas frente a mí. Por otro lado, una parte de mí desea acabar con todo esto, mientras que otra parte, tiene miedo de que, si el rey las perdona, todo regrese a la normalidad donde el rey no se interesaba en mí.
Oírlas llorar me incomodaba muchísimo, sobre todo porque se aseguraban de lucir bien aun cuándo se supone que están tristes.
–Su majestad ¿puedo retirarme? –pregunté aún sin haber cenado.
–¿Estás incómodo? –preguntó, a lo que respondí con la verdad– largo– les dijo a las tres ruidosas chicas– cenarán después o en sus habitaciones.
–Pero su majestad...
–Derek, esto es...
–Calla, madre, si no quieres acompañarlas no te entrometas– la interrumpió, por lo que inmediatamente su madre guardó silencio.
Yo estaba en blanco ¿el rey acaba de amenazar a su madre sólo porque yo estaba incómodo? Es obvio que su madre no querrá marcharse, debe ser algo muy humillante para ella comer en su habitación, o directamente, decir que su propio hijo la echó del comedor.
Las tres esposas se fueron indignadas, su desprecio fue en crecimiento debido a esta situación, aunque igualmente ellas se fueron y tuvimos una tranquila cena donde el rey aprovechaba para preguntarme sobre los cambios que habían hecho para nuestra comodidad.
Podía sentir la fulminante mirada de su madre mientras cenaba, parecía extremadamente disgustada y yo sabía que quedarme a solas con ella, no sería una buena idea ahora que la situación está de este modo.
Cuando terminamos de cenar, el rey y yo caminamos juntos hasta la zona sur del castillo. Era algo tonto, incluso sin importancia, pero a mí me hacía feliz saber que podía caminar a su lado.
Ya estando en la habitación, recordé que desde ahora compartiríamos la cama, algo que consiguió tensar mi cuerpo y busqué un atuendo que me mantuviera completamente cubierto.
Al momento en el que ambos estuvimos listos para dormir, apagó la luz de las velas que iluminaban la habitación, dejando como único punto de iluminación, la chimenea que estaba frente a la cama, a unos 3 o 4 metros de distancia.
Como compartir la habitación me ponía nervioso, pensé en darle la espalda para no tener que demostrarle mi nerviosismo abiertamente, sin embargo, él consideró apropiado susurrar en mi oído un "Gírate, quiero besarte" y...
No lo sé, no supe como oponerme a eso, ni siquiera estaba seguro de querer evitar aquel contacto de nuestros labios.
Por supuesto que, lo besé como él me había enseñado. A mí me gustaba, sus labios se sentían cálidos y según transcurría el tiempo, los besos se hicieron eternos.
Nos besábamos una y otra vez, como si no fuésemos capaces de alejarnos, ya sea por la calidez o por lo tiernos que me resultaban.
Al principio estábamos ambos de lado, pero según transcurrió el tiempo, yo terminé recostado mirando en dirección al techo, mientras que él estaba acomodado de tal modo en el que podía besarme, pero sin subirse sobre mi cuerpo.
–Haaah...– jadeé cuándo cortó el beso.
–Aprendes muy rápido...–comentó en un tono juguetón– te enseñaré otro modo...– susurró deslizando su mano por mi mejilla– abre la boca...
Yo no comprendía que clase de beso pensaba darme, pero entreabrí mis labios y pronto él deslizó su lengua.
Al principio fue raro, no sabía qué hacer, su lengua recorría mi boca y sentía que no debía ser mojado, aunque pronto comprendí que esa era la particularidad del beso y que, si rozaba mi lengua con la suya, casi buscando iniciar una batalla, podría llegar a sentirme muy bien.
Mis mejillas se lograron ruborizar debido a la intensidad de este nuevo beso, además cuándo lo cortamos, ambos teníamos la respiración agitada y con una sonrisa, dijo "me gusta que aprendas rápido..." antes de volver a besarme.
Esta vez, el beso era más dominante, de hecho, casi discretamente buscaba ponerse sobre mi cuerpo y con cierto temor, lo permití, al menos, hasta que deslizó sus manos por mis muslos.
–E-Espere –dije empujándolo, sintiéndome asustado por la idea de sobrepasar la situación– n-no creo que debamos...– titubee, sintiéndome avergonzado de sólo pensar en sobrepasar nuestras acciones.
–Supongo que también debo enseñarte sobre eso– dijo acomodándose en la cama.
–No creo que...
–Será divertido...–susurró acercándose a mi oído, mientras bajaba sus labios hasta mi cuello– ¿fui el primero, verdad?
–S-Sí...– respondí con las mejillas calientes.
–Comencemos con algo sencillo –agregó.
–N-No me siento preparado para...– dije con miedo, no deseaba que me tocara, sentía que podría decepcionarlo si lo hacía.
–Está bien, entiendo que no estés listo, han pasado muchos años y asumo que no has estado con nadie más.
–¡Por supuesto que no! –dije mirándolo a los ojos, sin saber que mis palabras lo harían soltar una risita.
–De la misma forma en la que has logrado ser paciente, te esperaré hasta que estés listo– me aseguraba, consiguiendo que mi corazón diera un brinco de emoción, sintiendo que mis sentimientos por él podrían incrementar considerablemente si continúa haciendo todo esto.