Eugenia aún recordaba aquellas palabras, aunque lo vertiginoso del día vivido la encontrara agotada en el asiento de aquel auto lleno de polvo. Habían regresado de la casa de Juan casi sin hablar. Ni Gastón ni ella parecían encontrar las palabras para continuar aquella conversación y el encuentro con Sebastián e Ignacio supuso un alivio para ambos. Los jóvenes compartieron la información que habían recopilado del pueblo con ellos. Al parecer la familia Lavalle había mostrado dos caras muy diferentes en su paso por el pueblo. Hasta poco después del nacimiento de su único hijo Gael, cuando el padre de Manuela aún vivía, la estancia contaba con un clima festivo y de prosperidad. Sus puertas se abrían dos veces al año para que todo el pueblo disfrutara de las festividades. Había sido una f

