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1043 Palabras

Eugenia aún temblaba en el asiento trasero del polvoriento taxi. Si bien la temperatura de afuera era agradable llevaba toda su ropa empapada y siempre había sido una mujer friolenta. Gastón había insitido en darle su ropa varias veces pero ella no la había aceptado. Estaba frustrada, sentía que no habían conseguido nada con su visita a la estancia, al menos nada con respecto al caso, ya que ahora sabía demasiado bien lo bien que sabía volver a besar a Gastón. No podía sacar esa imagen de su mente, lo había dejado avanzar, lo había tocado, lo había disfrutado y no podía perdonarse por eso. Necesitaba saber si aún estaba casado, eso la volvía loca, ella no era una mujer infiel, nunca lo había sido y no estaba dispuesta a romper ninguna pareja. -Bueno basta de hacerte la que no necesit

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