POV LARA
—¿¡Qué?! —exclamé, sintiendo que esto era parte de una broma nada más. —¿¡QUÉ!? —repetí, riéndome.
—Te dije que nos veríamos de nuevo, Lara —sonrió Max. Le voy a quitar de nuevo esa sonrisa estúpida con un golpe.
—Hija, por favor —dijo papá—. Tenemos que hablar muy seriamente. Siéntate.
Papá me llevó al sofá, pero yo no le quitaba la mirada de encima a Max; eran como puñales clavándose en su pecho. Max se dio cuenta y escondió una risita. Soy un mal chiste para él, lo sé.
—Tenemos muchos problemas en la empresa, estamos en bancarrota y los padres de Max encontraron esta solución. Casarte con su hijo garantiza que salvemos nuestro patrimonio.
—¿Quién crees que soy, papá? Soy tu hija, no cualquier cosa que se puede vender a alguien más. ¡Mamá, dile algo!
—Lara, es la única solución. Todo esto lo pensamos por tu bien, para que no quedes desprotegida y puedas darle un buen futuro a tus hijos. Si no aceptamos, estaremos en la ruina.
—No creo que sea tan malo —murmuré.
—Niña, el trato ya está hecho —me dice el padre de Max. Se nota que ese hombre es un prepotente que siempre ha hecho lo que ha querido. No puedo creer que Max se haya prestado a su juego, seguro es igual que él. Toda esa familia es una basura. No los conozco bien, pero estoy segura de que sí.
—¡Me niego rotundamente! —me puse de pie—. ¡Conmigo no cuenten! —Salí corriendo escaleras arriba, donde estaba mi habitación. Me había mudado hace unas semanas a un pequeño apartamento cerca de aquí. Siempre he querido tener mi propio espacio. Cuando llegué a mi habitación, no me di cuenta de que el idiota de Max me había seguido.
—¿¡Qué rayos haces aquí?! ¡Lárgate o serás parte de un homicidio!
—Tranquila —elevó las manos en señal de paz—. Solo estoy aquí para que hablemos. El trato es muy simple, Lara. Sé que tienes novio y que jamás aceptarás dejarlo —se acostó en mi cama como si estuviera en su casa.
¡Atrevido!
—Pero si no aceptas, estarás en muchos problemas. Tu padre no te lo dijo, pero debe mucho dinero, y si no paga en menos de un mes, irá a la cárcel. Y creo que tu madre también. Tu novio no pagará tus deudas porque, hasta donde yo sé, no tiene dinero ni para comprarse un buen lugar donde vivir.
Abrí la boca del asombro.
—¿Pero tú no vivías en ese edificio?
—Claro que no. Solo estaba allí para hacer algunas averiguaciones.
—O sea, me estabas siguiendo, acosador. —Lo fulminé con la mirada.
—Sí, y déjame decirte que nunca había visto a alguien con tanta mala suerte como tú. Estuviste a punto de morir dos veces. Créeme que fue gracioso cuando te robaron el celular —se rió—. En fin, no tienes salida, a menos que quieras ver a tus padres presos.
—¿Y qué ganas tú con todo esto? —me crucé de brazos—. ¿Quieres casarte conmigo?
—Vaya, no pensé que fueras a pedírmelo tan rápido —murmuró el idiota, burlándose.
—¿Qué ganas casándote conmigo? —formulé mejor la pregunta.
—Es algo que no te incumbe.
—Si no me dices, entonces no lo haré.
—Solo será un año, Lara. Es un matrimonio falso. Claro que, si quieres pasar la luna de miel como es debido, yo no tengo problema —me molestó, y no pude evitar sonrojarme. Max es tan guapo y tan atractivo que tampoco tendría problemas para pasar algunas noches con él. Claro, si fuera soltera.
—Estúpido —murmuré entre dientes, pero me faltó coraje—. Qué asco —añadí, mintiendo.
Max se levantó de la cama y vino hacia mí.
—Ya te veré excitada cuando estemos durmiendo juntos. No podrás resistirte a mí, Lara, eso te lo apuesto.
Me reí fuerte.
—En serio, eres muy gracioso.
—Eso es bueno, ¿no? Tener a un esposo gruñón no está bien visto. Vamos abajo, cariño, tengo hambre y quiero tener una cena tranquila. —Me tendió la mano.
Lo dejé con la mano estirada y salí de mi habitación. Volví a la sala con mis padres, que ya estaban sentados a la mesa. Las muchachas habían servido la cena.
—Lara, qué bueno que recapacitaste —dijo mi padre.
Me senté en mi silla y Max se sentó junto a mí. Ahora no se me despegará del todo. Es un idiota. Pero un idiota que siempre huele bien. Mi cuerpo reacciona ante su cercanía. Es como si tuviera algún imán, porque mi piel se eriza. Max me miró y me sonrió.
No puedo negar que cualquier mujer en mi situación estaría encantada de casarse con Max. Es un hombre guapísimo. Y no me canso de decirlo.
Empecé a comer sin decir nada. Mis padres y los de Max empezaron a platicar de la empresa y las mejoras que le harán. Es muy sabido que no me casaré con él, tengo que buscar un plan para escaparme. Si es posible, esta noche con Marcus. Aunque no sé si Marcus quiera que vivamos juntos; siempre se niega, y no sé por qué. Pensar en eso me hace sentir triste, porque quizás Marcus no me quiere lo suficiente como para que vivamos juntos.
Hoy no fue mi día definitivamente.
Aparte, casi me atraganto con la comida. Max me dio golpecitos en la espalda mientras yo tomaba agua.
—Eres como un pollito de colores, Lara. Siempre hay que estar pendiente de ti, porque si no, te puedes morir.
No sé si lo que me dijo fue un halago o una burla. Pero no se escuchó mal.
—De suerte que me tienes a mí ahora, para cuidarte. Eso es lo que hacen los esposos, se cuidan entre sí —añadió en un susurro.
Sonreí para mis adentros porque estaba diciendo muchas cosas lindas.
Es una estrategia, Lara, no caigas en su juego.
Me puse seria y terminé de comer.
—¿Me muestras la casa? —inquirió Max.
—Como quieras.
Nos pusimos de pie y salimos del lugar. Nos dirigimos al patio trasero, donde estaba la piscina y varias sillas playeras.
—Tu padre dijo que en este lugar nos casaríamos.
—Parece que se pusieron de acuerdo en todo ya —me crucé de brazos porque hacía frío. Max lo notó y me dio su saco rápidamente.
—No vaya a ser que te enfermes —dijo.
—Eres insufrible —fue mi respuesta como agradecimiento.