Capítulo| 0.6

1555 Palabras
Capítulo 0.6 Luego del Shock inicial hubo silencio, de esos tan incómodos que lograban respirar. Toda la sala se quedó procesando las palabras dichas, yo sin embargo, prendada con estupefacción de aquellos orbes azules que tanto conocía. Sin Damian logró captar el cambio en mi, no lo demostró. Se limitó a suspirar con fuerza y hablar por lo alto. —Quiero que nos reunamos en la sala. Soldados de ambas manadas los invito a relajarse y tomar algo mientras se discute una solución. Comenzaron a moverse al unísono, como una unidad. Los miembros de alto rango dirigiéndose a la sala principal, mientras que los demás se acomodan en los sofás del recibidor siendo atendidos por los lobos encargados de proveer a los demás en la casa. Al dispararse el tumulto la mirada compartida con Caleb, se cortó. Perdiendo su rastro entre la multitud. Agite la cabeza, dispuesta a ponerme cómoda mientras los demás discutían las estrategias. Damian estaba de regreso, el poder recae sobre él una vez más. Nunca imaginé que me tomaría del brazo con un agarre suave, despertando cada nervio de mi cuerpo. Lo miré extrañada, había calidez en sus ojos y algo más.  —Vienes conmigo, eres mi igual. Tienes todo el derecho de estar presente y ofrecer tu punto de vista. Que la diosa me ampara.   No era común que las Lunas participaran en aquellas reuniones. Solían encargarse de temas menos peligrosos, organizar fiestas, de bienvenida. No tenía madera de florero, pensaba dejarlo claro. AL parecer el lo sabia. Después de todo, sangre pura corría por mis venas. Asentí con la cabeza siguiéndolo a aquella sala, en el camino pude observar a la Luna de la manada Luna Azul y su hija acomodada en un sofá. Ambas con una copa de líquido espumoso color rosa, en sus manos. Todas delicadeza y elegancia.  Cuando pasamos por su lado ambas me dirigieron una mirada escaneadora, de pies a cabeza, había reproche en sus ojos claros. No preste atención, jamás entraría en un juego tan absurdo como el de las vanidades. Asi que segui mi camino rumbo a aquellas puertas de roble que esperaban abiertas para nosotros. Fuimos los últimos en llegar, la mesa se encontraba ocupada, cada uno de ellos acomodados por rangos. Nadie opuso queja al verme entrar con mi Alma.  Damian nos dirigió a la mesa, con una mano cálida en mi espalda baja me hizo tomar asiento en el cabecero, colocando una silla a mi lado, en una distancia prudencial. Igualmente su aroma llenaba mis sentidos. Escaneé la mesa, la mirada de sorpresa en aquellos rostros, algunos conocidos y otros no.  Hasta que volví a chocar con aquellos orbes de mar oscuro. Ya no sentía amor por aquel hombre, solo un cariño fraternal, y el supurar de una herida que no había cerrado con el pasar de los años. —Bien, ahora que estamos más relajados pasemos a lo que nos interesa.—Los observo a todos y cada uno de ellos. Frenando su escrutinio en los orbes de Kallias.—Quiero saber si tengo tu apoyo en esto. El Alfa de Luna Azul no parecía mayor de cuarenta, sin embargo, la sabiduría en sus orbes me dieron a entender el peso del tiempo que había escondido en aquel cuerpo aparentemente joven. Una sonrisa de lado surco su piel de alabastro. Me miró, fugaz, y me asintió. —Somos viejos amigos, estuvimos apunto de ser familia. Hay historia entre nosotros y el rencor mutuo por la manada que nos arrebató a un buen amigo. Tienes a tu disposición todo lo que necesites de mi manada. Soldados, alianzas. todo. Se lo debemos a Magnus.—Volvió a escanear. Algo cálido se movió dentro de sus orbes.— Eres igual a tu madre, el cabello, las facciones y sus ojos tan llenos de fuego y fuerza. Igual de hermosa. Había un trasfondo palpable en sus palabras, en la manera en la que recordaba a mi madre. Algo dentro de mi me lo decía. Le sonreí, mostrando todo ese fuego que decía encontrar en mi. —Se la agradezco. Llevo años preparándome para este momento, para reclamar lo que nos fue robado. Y vengar a todos los que fueron arrebatados. Logan Landon suplicó estar muerto. Todos asintieron con la cabeza, Kallias me observó con algo parecido al orgullo. Sentí un ramalazo de emociones por aquel lazo que poco a poco se formaba. —Así se habla niña. Brindemos por la venganza.  Alzó una copa de vino, tomó una que reposaba en la mesa frente a mi, siguiendo el gesto. Sabiendo que Landon me había hecho un favor al querer alzarse contra nosotros en este momento, esta guerra la comenzaron ellos y yo sería quien la terminara. *** Estuvimos varias horas debatiendo la manera de proceder. Cuando el reloj marcaba las doce salimos de la sala con los ojos adormilados. Soldados de ambas manadas se encontraban desperdigados por el salón, la mayoría dormidos y por lo que parecía borrachos. No pude evitar sonreír. —Muchas gracias Señores. Kallias, tienes mi casa a tu disposición, acomódate en la habitación que mas desees, mi casa es la tuya. El Alfa sonrió, antes de marcharse escaleras arriba con aquellas dos mujeres, me dedico un leve asentimiento de cabeza. Se lo devolví. —Bueno, que tengas buenas noches.— Damian se rasco la cabeza, mirándome con aquellos orbes de depredador cargados de seguridad.— ¿Deseas que te acompañe a tu habitación?. Sin dobles intenciones. Me sonroje, ante la mención de aquello. Como si no deseara estar con él. —Gracias por la oferta, pero yo no vivo aquí. Mi casa está a poco tiempo, cerca del río. Hubo entendimiento en sus orbes. —Te acompañé hasta allí entonces. Le sonreí, hasta que una sombra por encima de su hombro llamó mi atención. Caleb nos miraba del otro lado del pasillo, en sus ojos pude ver la conversación que teníamos pendiente. Hoy no estaba preparada para aquello. Y no sabía cuando. Teníamos mucho para hacer, viajes que realizar para buscar la información necesaria para la guerra que se avecinaba. Damian debió notar el cambio en mis facciones, volví a mirarlo. Había preocupación en su rostro. —¿Sucede algo?. —Nada, simplemente estoy cansada.—Le sonreí.— Acepto tu compañía. Mire una vez más por encima de su hombro antes de caminar en dirección a la puerta, el pasillo se encontraba vacío. Al momento en que salimos de la casa la brisa cálida me acarició el rostro, intentando llenar mis pulmones con el aroma de la primavera. El olor de Damian quemó en mi garganta. —¿Siempre es así?. Le pregunté, mientras caminábamos con lentitud. Aunque nuestros cuerpos no llegaban a rozar podía sentir su calor a través de la ropa. Me preguntaba cómo sería estar piel con piel… Sacudí la cabeza, era mal camino seguir por ahí. —¿Te refieres al vínculo?.—Me miró, sorprendiéndome con el tono amarillento de sus ojos. Asentí.—Bueno, jamás lo había vivido en carne propia. Pero por lo que tengo entendido pocos pueden contenerse a estar juntos en el momento en que se huelen haciendo que el vínculo se ancle en su lugar. Mis padres hicieron desalojar la casa de la manada como si hubiese una peste, se encontraron de muy jóvenes, en una reunión de manadas.  Hubo algo parecido a la tristeza al mencionar a sus padres. Nadie nunca había hablado de ellos, aunque quería preguntar no lo hice, cuando estuviéramos listos ambos revelaremos nuestras heridas más profundas. —Wow, eso es muy… Fruncí el ceño intentando encontrar la palabra que lo describiera. —¿Salvaje?. Sus ojos brillaron con picardía.  Madre santa. Tuve que tragar para no atorarme con las palabras. —Exacto, aunque lo entiendo. Es difícil contenerse, en estos momentos y desde que te vi no puedo pensar en nada más que no sea arrancarte la ropa. Sonreí cuando su aroma se intensificó, picando con más fuerza en mis fosas nasales. Su expresión se tornó salvaje, deseosa. La mueca de mis labios permaneció con malicia, aunque mi interior estuviese en llamas. Y él apretara los puños dentro de los bolsillos de sus vaqueros. Estaba satisfecha, lo había provocado una vez. Haciéndole sentir lo mismo que el hizo conmigo en la oficina. Cuando quise acordar el patio de mi hogar me daba la bienvenida, no quería separarme de él. Me sentía a gusto. Era lo correcto. . Frene mi andar, al instante él hizo lo mismo. Quedando frente a frente. Su cabeza alzándose varios centímetros por encima de la mía. —Bueno es aquí. Muchas gracias por la compañía. Se acercó, invadiendo mi espacio personal, dejando lo que prometía ser un casto beso en la mejilla. Se sintió como si hubiese tocado una parte muy sensible con sus propias manos. Cuando retiró los labios de aquel punto, se inclinó un poco más. Rozando mi oreja. —Criatura hermosa y cruel. Susurro bajito haciéndome cosquillas. Me olvidé de como respirar. Del resto del mundo mientras lo observaba con sonrisa en el rostro, darse la vuelta y marchar. Con ese caminar tan seguro. Fruncí el ceño, con la mejilla a millones de grados Celsius. Maldito c*****o arrogante. Pensé. Pero volví a sonreír, tocando con mi mano la calidez que aquel beso había dejado permanente allí.
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