― ¿Qué va a pasar ahora? Enoc se mantuvo distante, la mirada perdida y la mente en tantas cosas qué ni siquiera se percató de la conversación de Grecia y Juliana. ― No sé… ¿Cómo se siente? Señora. ― Me… duele la cabeza ― Masculló llevándose la mano a la cabeza. ― Enoc ― Repitió Grecia buscando la mirada del hombre. ― ¿Hm? ― Inquirió incómodo. ― ¡Enoc! ― El tono de su voz subió ― La hija ha despertado ― Le señaló la mujer recostada en el suelo. ― ¿Dónde estamos? ― Balbuceó Juliana. ― Tratamos de proteger la, Señora. ― Grecia se acercó de nuevo a la mujer para acompañarla. Enoc aún estaba distante. En su mente, mil ideas giraban. No quería dudar de las intenciones qué tuvo la deidad desde el inicio, pero todas las razones qué le daban, parecían coincidir. Lo

