Quod numquam habuimus, semper voluimus

1505 Palabras

Las piernas de Ela colgaban por la manera en qué se encontraba sentada, su mirada estaba perdida en el firmamento, buscaba un punto en el que distraer la mente. Azazel estaba a un par de pasos de ella, sentía la necesidad de protegerla, al parecer por su feminidad o por una extraña atracción qué ha sentido hacía ella desde qué le vio.    ― Ahora me dirás ese secreto qué tienes. ― Mencionó sonriendo, sin qué ella pudiera notarlo.  ― No es el momento ― Masculló restándole importancia.  ― ¿Cuándo lo será? ― Insistió él. ― Pueden oírnos, es un riesgo. ― No lo miraba, conservaba su postura.  ― ¿Oírnos? ― Bufó ― Estamos a miles de kilómetros de distancia de cualquier ser humano o viviente. ¿Has notado qué estás sentada en el borde de un edificio?   Ela sonrió, sentada de espaldas a Azaze

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