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Dulcemente mia

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Descripción

La noche que más esperaba se convirtió en la que más la destrozó.

Tiana Bailly había planeado una cena inolvidable imaginando que Mike, su novio de años, por fin le pediría matrimonio. Ella no estaba preparada para enterarse esa noche de que su novio le era infiel. Herida y con el corazón en ruinas intenta seguir adelante. Pero hay algo que lo hace aún más difícil: tiene que seguir viendo a su ex. Ambos son padrinos en la boda de su mejor amiga.

Aún rota por dentro, elige fingir que su vida también siguió adelante, incluso si eso significa inventar un novio que no existe. Tras varios intentos fallidos y una cita falsa, recurre a Maximiliano Makarov, su amigo de la infancia. Frío, reservado y con una mirada que pocos logran descifrar, él acepta ayudarla. Pero lo que Tiana no imagina es que Max tiene un gran secreto.

El tenía una imagen de un empresario petrolero, pero debajo de sus trajes de diseñador se esconde uno de los mafiosos más temidos de Estados Unidos y Rusia.

Lo que empezó como una simple actuación para salvar su orgullo, ahora podría convertirse en algo real.

Maximiliano siempre estuvo enamorado de Tiana y esta vez no pensaba dejarla escapar.

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1. No me toques
𝐄𝐜𝐡𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐞𝐫 𝐦𝐢 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳ón 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐲𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐜𝐞 𝐭𝐮 𝐩𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐞𝐟𝐞𝐫𝐢𝐝𝐨. Observaba con atención el obsequio que había llevado para Mike Spencer, mi novio desde hace tres años, a quien conocí durante mi primer año de universidad. Con suavidad, acariciaba la cinta de regalo que había envuelto con esmero. Aquella noche no era simplemente una noche, sino más bien la gran noche. ¿Por qué? Se suponía que era nuestra cena de aniversario y mi esperanza de que me pidiera matrimonio. Revisaba mi teléfono nuevamente, soltando un muy sonado suspiro. Recibí un mensaje hace apenas tres minutos, informándome de que estaba enfermo y no podría venir. Me indicaba que no era necesario que fuera a verlo, ya que tomaría algo para dormir. Si se encontraba tan mal... ¿Por qué no me envió un mensaje horas antes? En esos momentos, comencé a repasar todos mis gastos. Ojalá no hubiera gastado los doscientos dólares en arreglarme el cabello y las uñas. El vestido que traía me había costado alrededor de cien dólares, mientras que su obsequio solamente, quinientos. Me vi en la necesidad de suplicar a mi hermano Oliver para que me prestara el dinero para adquirir este reloj exclusivo, ya que estaba consciente de que si informaba a mis padres, se opondrían. ¿Qué sentía en esos momentos? Decepción. Tristeza. Dolor. No solo por la falta de comunicación, sino por lo que acarreaba todo esto. Mike y yo solíamos ser la pareja popular de la universidad, muy querida por todos. Ya estaba casi finalizando mi educación en repostería, mientras él estaba en su último semestre de administración empresarial. Al comienzo de nuestra relación, demostró comprender mis preocupaciones y preguntas, siempre mostrándose como un novio amable que deseaba que me sintiera cómoda. Acabé enamorándome de lo que él simbolizaba; me hacía sentir feliz, me hacía sentir valorada... hasta que él se dio cuenta. —¿Eres virgen? —Entonces eso será para mí, ¿no? Todo ocurrió al finalizar el primer año de nuestra relación. Al principio, experimentaba cierta incomodidad, ya que me sentía presionada para hacerlo, pero luego todo cambió. Dejó de ser tan insistente, mostrando una actitud más reservada aunque siempre manteniendo su amabilidad. No pude determinar si fue simplemente por la rutina de amarlo, pero gradualmente se alejó de mí. Nuestra comunicación empezó a verse afectada por la “falta de tiempo” debido a nuestras responsabilidades académicas. Una ausencia en una cita ya planeada se volvió dos… luego tres… luego diez… al punto que, en muchas ocasiones, olvidaba llamarme para avisarme de sus trabajos universitarios. Intentaba ser una novia comprensiva; sabía que sus clases lo eran todo… pero ya no. Esa noche me iba a escuchar. Usaba una de las servilletas de la mesa para secar mis lágrimas. Mi hermana mayor me aconsejó sobre la importancia de la autoestima, algo que ahora voy a poner en práctica. No me conformaría con migajas de amor y si él pensaba que me dejaría esa noche, se equivocó. Después de guardar el reloj en mi bolso junto con el poco dinero que me quedaba, tomé un taxi que me dejó frente al apartamento que Mike compartía con un amigo. De mi pequeño bolso saqué mi copia de llave; si él estaba enfermo, le haría una buena sopa; si no lo estaba, pelearía con él. Normalmente no solía ser problemática, pero en ese instante, la rabia me dominaba. Al sujetar el manubrio de la puerta, percibí cómo mi cuerpo se ponía rígido, como si presentiera que algo no marchaba bien. «Ojo de loca no se equivoca». La expresión que solía emplear mi hermana se coló en mi mente sin sentido alguno. Dejé escapar un leve suspiro entrando al pequeño apartamento en uno de los suburbios más conocidos de Illinois, cerca de nuestra universidad. En la casa reinaba un silencio absoluto; solo se percibía una suave carcajada que provenía de la cocina, una risa que parecía burlarse del inquietante silencio que me envolvía en el pasillo. Sin comprender por qué, mis pasos se volvieron ligeros, como si intentaran ocultar mi presencia; mi corazón latía con la fuerza de un tambor. El aroma del pollo asado impregnaba el ambiente, provocando un revuelo de emociones en mi estómago. Las velas iluminaban con suavidad, alumbrando la escena inesperada que se presentaba ante mis ojos. Al llegar a la puerta de la cocina, me encontré con una escena que quedaría grabada en mi memoria eternamente: en medio de la semioscuridad, Mike estaba besándose con otra mujer. La escena fue como un puñetazo en el estómago, una bofetada que me dejó sin aliento. Miles de emociones empezaron a saltar a mi cabeza una tras otra, como si no comprendiera lo que estaba sucediendo. No pude evitarlo y lancé un grito tan potente como me fue posible. —¡Qué está pasando aquí! De repente, Mike giró rápidamente, asombrado; sus ojos se cruzaron con los míos. También se giró la mujer que estaba a su lado, con una sonrisa burlona que no anticipaba nada bueno. Mike se levantó enseguida, tratando de acercarse, extender su mano, pero yo rápidamente retrocedí, levantando la mano para frenarlo. —¡No me toques! —le exclamé, con lágrimas en mis ojos por el enojo de la traición. Sentía una fuerte presión en mis oídos a causa de lo acelerado de mis latidos. Tenía dificultades para ver con claridad; apenas lograba reconocer a Mike, quien se aproximaba lentamente hacia mí. —Escúchame. —¡No! —chillaba por el enojo—. ¡Yo te vi! A las espaldas de Mike resonaba una risa estruendosa, cargada de sarcasmo, como si estuviera presenciando una escena cómica en una película. Esa risa me resultaba familiar. Intentaba convencer a mi mente de que todo era mera casualidad, de que no podía ser ella, de ninguna manera. Desde lejos, observé cómo su cabello n***o contrastaba con sus ojos de color gris. Su enorme sonrisa se entabló como su marca personal. —Mike cielo, ya deja de fingir, termina con esto para que esta… cosa te deje en paz. Solo dile la verdad. Aunque su voz sonaba armoniosa en esos instantes, la percibía como cuchillas afiladas penetrando en mi corazón. La rabia se apoderó de mí y, sin poder controlarme, exclamé entre lágrimas al identificarla: —¡Tú! ¡Pensé que éramos amigas! La palabra “amigas” salió con un tono de traición que cortaba como cuchillo. Su reacción fue simplemente una risa burlona y una mirada gélida que penetró en lo más profundo de mi ser. Inclinó la cabeza de un lado a otro mientras pasaba su lengua lentamente por sus labios. —Ay, cielo —expresó con una sonrisa irónica—, nunca lo hemos sido. Solo me acerqué a ti para estar con tu novio. ¿No sabes que estamos acostándonos desde hace dos años? La escena parecía un mal sueño, un infierno del que no podía despertar. Una intensa furia se apoderó de mí, desencadenando un caos de todas mis emociones. —Mike, ¡solo te buscaste a una mujer porque no quise acostarme contigo! El sonido de mi grito resonó con tanta fuerza que estaba segura de que sus vecinos me oirían. Intentó acercarse de nuevo hacia donde me encontraba, sus manos extendidas intentando abrazarme, pero con fuerza lo golpeé inconscientemente para alejarlo. Su mera presencia me recordaba la traición; su olor era un perfume de mi idiotez por creerle, y la mentira me golpeaba constantemente. Lisa se reía con fuerza mientras aplaudía; parecía que todo esto fue planeado desde hace tiempo por ella. Parecía que estaba disfrutando de todo, y yo era simplemente su marioneta. No pude aguantarlo y solo me giré para dirigirme hacia la puerta, escuchando a Mike gritarme detrás de mí: —Tiana, mi amor, por favor, escúchame. Yo te amo. Continuaba corriendo con fuerza, sin siquiera mirar atrás, y cuando me sujetó, solo me liberé. —Por favor, Tiana, mi amor, escúchame. Quiero casarme contigo, pero no aguantaba. —¿No aguantaba? —Entiéndeme, soy un hombre. Aunque no quería separarme de ti, sentía la necesidad de tener intimidad física. Ella es solo momentánea; tú eres la mujer que amo y sé que tú me amas. Intentaba no reír a carcajadas, pero fue imposible. Al girarme, observé a Mike, quien con desesperación intentaba volver a agarrar mi mano. —¿Qué quieres? —Quiero que me escuches, mi amor. Lisa no es nada para mí, ya te dije; era solo sexo, nada como lo nuestro. Entre lágrimas, con una fuerza que no imaginaba poseer dentro de mí, le propiné una fuerte cachetada. El sonido resonó en el aire, cortándolo en el silencio de la noche. El picor de mi mano, su rostro que se había girado, el enrojecimiento de su mejilla, solo mostraban que había usado toda la fuerza que tenía. La rabia escocía con la misma intensidad de mis lágrimas. —Primero muerta antes de escuchar tus excusas baratas, Mike. Como novio ya eras patético. Considera esta relación terminada —mi voz se tornaba sumamente cruel, llena de hostilidad. No lo dejaba hablarme; solo continué caminando. No podía ir a mi casa, era imposible, pues si me veían así de destrozada, mi padre iba a colgar a Mike, lo cual se lo merecía, pero por ahora solo necesitaba pensar. Durante horas caminé hasta llegar al único lugar donde nunca sería juzgada: el hermoso jardín del parque central, donde lloré toda la noche. La lluvia me empapaba, haciéndome parecer un perrito mojado, pero solo la acepté como producto de mi tristeza. Esa noche, bajo la lluvia nocturna, escuchando el timbre de mi teléfono que escogí para Mike, el cual ignoraba. El frío calaba en mi cuerpo hasta que escuché el mensaje de mi mejor amiga de la secundaria, que me sacaba de mis penumbras... o mejor dicho, me volvía a meter. ***Sonia***Hola Tiana, recuerda que tú y Mike deben venir para ayudarnos a escoger la sala para nuestra boda. Te veo el viernes. Oh, sí... lo había olvidado. Mike y yo éramos padrinos de boda de mi mejor amiga, que por coincidencia era su prima... ¿Podría aguantar estar con mi exnovio infiel por ella?

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