Solo por esta noche, me comeré el chocolate que juré guardar para siempre.
El aire entre nosotros era denso. Los sonidos en el restaurante, las conversaciones, los choques de los utensilios pasaron a un segundo plano. Su mirada azulada como un iceberg gélido me observaba con detenimiento. Alrededor de él, parecía que un aura de peligro vibraba. ¿Lo más extraño? No me sentía en peligro, pero sí lo suficiente para hacerme temblar. El tiempo pareció detenerse para nosotros, mientras alrededor parecía acelerado. Alzaba una ceja con atención, cruzaba los brazos y su voz salió de una manera tan ronca que me hizo vibrar:
—Tiana, ¿Problemas en el paraíso? —dijo finalmente.
—Para nada —desvié la mirada, intentando sonar lo más segura de lo que podía.
En la vida había cosas que jamás podría admitir, y decir que estaba tan desesperada para conseguir un novio falso estaba en esa lista imaginaria. No quería parecer patética, menos con él. Max y yo fuimos esos amigos de la infancia donde todo parecía solucionarse por arte de magia. Demasiado bueno para ser verdad, pero siempre en el ámbito de un amigo que era casi como mi hermano.
—Tiana, ¿te han dicho que eres horrible mintiendo? —habló de manera calculadora y fría.
—Bueno, discúlpame por ser mala mintiendo —repliqué en un tono provocador—. No todos podemos ser tan buenos en todo como tú.
Mi comentario le arrancó una leve carcajada, ronca, profunda y embriagante. Sus músculos se contrajeron ligeramente, haciendo que su traje de diseñador se moviera con su pecho. Sus ojos me volvieron a analizar de esa manera casi milimétrica que no deja ningún cabo suelto.
—¿No me dirás? —Su pregunta, a pesar de querer sonar a interrogación, tenía un leve tinte de “no me hagas averiguarlo a mi modo”.
Desvié la mirada de nuevo, mirando a mi padrino Vladimir, quien nos observaba. Su mirada parecía estudiarnos para imaginar qué estaba pasando.
—Así que tu novio te fue infiel —Max habló con una voz ácida, cargada de algo más.
La sorpresa provocó que volteara mi mirada hacia él. Su sonrisa se ensanchaba de manera tenebrosa y encantadora. Tenía un aire de atracción sombría que me advertía no acercarme.
—No es cierto… —forzaba mi voz para sonar lo más segura posible, lo cual fue un reto porque salió con un ligero chillido.
—¿Ah, no? —sus ojos se oscurecieron, manteniéndose fijos en los míos—. ¿Entonces significa que tu hermana me mintió?
La traición de Chloe solo me provocó ira y un poco de molestia. Se suponía que esto era un secreto de hermanas, uno que no debía revelarse y que probablemente la obligaría a guardarlo hasta la muerte. Mordí mis labios por desesperación, dejando escapar un exhalo como si me hubieran golpeado en el estómago hasta sacarme el aire. Intenté mantenerme fuerte, pero esto solo provocó que mis ojos se aguaran.
—¿Cuándo te lo dijo Chloe? —intenté contener la compostura para no echarme a llorar—. Se suponía que no debía decirle a nadie.
Con una lentitud casi ceremonial, Max llevó su mano hacia la mesa, haciendo leves toques con su dedo índice. Era similar a un juez dando martilleos lentos y pausados, sin dejar de analizarme. Su sonrisa se elevó hasta formar una media luna. Era la misma sensación de que una araña había tejido una red, y yo había caído.
—En realidad, Chloe no me dijo nada —su tono dominante, con aire calmado, rondaba la mesa—. Yo solo lancé una insinuación para ver si caías, y lo hiciste. Tú solo me confirmaste mis sospechas.
Agaché la cabeza ligeramente avergonzada. Sin quererlo, le revelé a quien menos debía mi verdad. Desde un principio, Maximiliano mostró alta hostilidad con Mike. Siempre había dicho que era un mujeriego de cuidado y que no me sería fiel, como si él fuese un oráculo que podía ver el futuro. Cuando me lo insinuó varias veces, no le creí; pensé que solo estaba molesto porque al comenzar a salir con él ya no hacíamos cosas juntos… ahora me sentía horrible… porque él tenía razón.
—Tiana, ¿por qué estás tan desesperada buscando salir con alguien?
Su pregunta quemó en mi piel. ¿Tan necesitada parecía? Tragué en seco, intentando no hablar, pues me imaginaba que si lo hacía, muy probablemente mi padrino se enteraría y él le llevaría la información a mi padre… y de ahí a mis hermanos… ¡No! Eso no debía ocurrir. Si todos se enteraban, sería un verdadero desastre, y muy probablemente Mike aparecería en un barranco muerto —lo cual debería, pero no era tan cruel. Mis hermanos y mis padres daban miedo; mi padrino era el rey de eso. Él siempre era calmado, pero con una sola mirada podía congelar un lago en un segundo, y Max era igual o peor.
—No le diré a nadie, Tiana, confía en mí —intentó usar una voz llena de convencimiento—. Será un secreto entre tú y yo.
Sus palabras sonaban demasiado buenas para ser verdad. Parecía capaz de leer mis pensamientos más oscuros. La tensión entre nosotros crecía de manera electrizante. Abrí la boca, sintiéndome atrapada entre el callar y hablar. Posó sus ojos en mis labios por unos segundos y luego los volvió a llevar a los míos.
—Te cuento, pero júrame que no le dirás a nadie.
Sus ojos brillaron de una manera que simulaba descubrir el mejor secreto guardado. Dejó de tamborilear con su dedo índice, acercando su cuerpo a la mesa para invadir un poco más mi espacio personal.
—Claro, Tiana, será un secreto entre nosotros dos. Sabes que puedes confiarme hasta tu vida, y yo me encargaré de cuidarla.
Tragaba una piedra invisible en mi garganta que se negaba a ser digerida, notando que él tocaba mi mano con suavidad. Era cálida, esa misma sensación que siempre había tenido desde que éramos jóvenes. Siempre nos tomábamos de las manos, algo que dejé de hacer cuando estaba llegando a la mayoría de mi adolescencia por varias razones. Las mujeres me miraban con odio y los hombres me evitaban como la lepra. Pensé que dejar de tener esos movimientos cariñosos con Max me ayudaría, pero al contrario, su calidez me recordó al pasado cuando me sentía… segura.
—Si encontré a Mike siéndome infiel… —suspiré, como si eso liberase todo el peso de mi corazón—. Con quien pensaba que era mi mejor amiga.
Sentí que su mano dio un leve jalón, como si temblara momentáneamente. No me soltó; mantuvo sus ojos en mí con una firmeza que mezclaba tantas emociones… y entre ellas… una oscuridad que nunca había visto en su mirada. Suficiente para acabar con todo y todos.
—Continúa —me motivó a hablar, mirando cada expresión de mi rostro.
—Pensé que solo con evitarlo funcionaría… pero ahora debo soportar tener que estar con él por la boda de mi mejor amiga.
Acarició con ternura la palma de mi mano, asintiendo con ligereza.
—Con lo orgullosa que eres, imagino que mentiste diciendo que tenías pareja antes de que él pensara que podía recuperarte, ¿no es así? —su tono era minucioso, de esos que parecían buscar hasta el último punto de la “i”. Mi desconcierto le arrancó una leve sonrisa—. Tiana, te conozco de toda la vida. Si alguien me pregunta cualquier cosa de ti, contestaría sin problema porque siempre te he observado.
Dejé escapar una mueca que simulaba ser una sonrisa. De la manera en que él lo planteaba, sonaba un plan lamentable y ridículo. No por el dolor de perder, sino porque me hacía sentir alguien insignificante que no podía conseguir un simple novio en un día.
—No temas, yo puedo ser tu novio —se adelantó, como si pudiera leer mis pensamientos—. Una relación entre nosotros tendría más lógica que un novio mágico de la nada —aseguró—. Puedo ser un buen pretendiente y lo mantendré alejado.
—No, Max, no puedo ponerte a eso —por la sorpresa, jalé mis manos, negando levemente con la cabeza—. No quiero meterte en un problema.
—No lo harás —respondió con rapidez—. Créeme, yo seré perfecto para ser tu novio falso. Solo dime qué debo hacer y lo cumpliré sin problema.
Intentaba negarme, pero comencé a hacer cálculos mentales. Antes de llegar a la cita con el chico que Chloe me recomendó, ella me había enviado una lista de unos cuatro más con sus números. Todos parecían hombres que nunca se prestarían para eso… y uno tenía rostro de alguien que probablemente tenía ficha policial. Liberé un suspiro tembloroso, mirando mis manos.
—Tiana, confía en mí. Déjame ser tu novio falso —repitió de nuevo—. No te arrepentirás de escogerme. Te conozco, tú me conoces, sería muy fácil jugar a esta falsedad… más fácil que un idiota al que le darás un guion de qué decir sobre tu vida.
Con mi mano derecha acaricié mi mano izquierda para apaciguar mis emociones y, tras esto, dejé escapar el aire de mis pulmones.
—Bien, Max, serás mi novio falso.
Y esas palabras provocaron que todo el ambiente de la mesa cambiara. Todo se volvió denso. Un rayo cayó en aquella mesa donde todo tembló. Y Maximiliano, ese que siempre pensé que conocía casi por completo, pareció alguien más. Tragaba en seco, sintiéndome ligeramente paralizada por su mirada.
Era como si miles de serpientes me atraparan, pero no me daban miedo; no, era la sensación de algo prohibido, algo que no debía ser. Sí, era esa sensación de que a su alrededor había un trono rodeado de serpientes, y en sus manos sostenía una manzana que me ofrecía tomar. A pesar de que éramos amigos desde hace tiempo, siempre había algo en él que parecía oculto, que no permitía ser revelado.
¿Desde cuándo Maximiliano provocaba esas emociones en mí?
—Perfecto, Tiana —dijo finalmente—. Desde hoy en adelante, seré el novio falso perfecto. Ese que hará que no mires a nadie más, solo a mí.
A pesar de que no lo dijo explícitamente, mi cuerpo se sintió reclamado, y en mi cabeza apareció que él me llamaba suya una y otra vez… ¿Acaso me había equivocado de estar con la persona que juré desde mi infancia que nunca estaría?