Prepara tu ubre
Las clases asombrosamente transcurrieron rápido, así que cuando el profesor de la última asignatura nos dijo que podíamos marcharnos busqué con la mirada a Andros. Estaba en el mismo puesto de siempre. Le hice señas con la mano, pero él no me veía, estaba concentrando observando a alguien que estaba por encima de mi cabeza.
Cuando me giré casi abro la boca pasmada, era Toby.
—Hola— saludó mirándome desde las alturas, El susodicho era alto y como yo estaba sentada parecía gigantesco.
—Hola—respondí insegura ¿Qué eran aquellos nervios? Ok, seré sincera: Siempre me ponía así cuando veía a Toby, pero ni él ni nadie debía saberlo. Aquella era información confidencial.
—¿Qué te traes con Andros?—preguntó pasándose una mano por su cabello castaño con reflejos dorados.
Nos había descubierto. ¡Corre Andros o mejor dicho rueda!
—Nada.
Me levanté de mi pupitre incomoda, tenía miedo de que algo me delatara, no quería arruinar mi plan.
— ¿Quieres… que nos vayamos juntos? —Por un momento pareció que su rostro enrojeció, pero solo debían ser imaginaciones mías.
Tragué saliva con dificultad, decidí emplear la técnica de solo ver su frente porque sus ojos me ponían nerviosa. Eran tan azules que sentía que podía perderme en ellos y no encontrarme jamás. ¡Sí ya sé que suena cursi!
—Me iré con Andros— respondí llamando mentalmente al gordito para que me rescatara. Toby nunca me hablaba ¿Por qué se empeñaba en querer hacerlo en aquel momento?
—Bueno que les vaya bien entonces— susurró para luego dar la vuelta y marcharse.
¿Qué se suponía que había sido eso? ¿Una escena de celos? Se me escapó una risita nerviosa mientras detallaba su espalda, era amplia y se veía dura como la roca ¡Diablos! Debía dejar de observarlo o me iba a convertir en otra tonta de Villa Norte.
— ¿Nos vamos?— preguntó Andros detrás de mí.
—Sí— susurré mecánicamente aun con la imagen de Toby en mi cerebro.
Salimos de la universidad— si es que a aquel edificio gris rodeado de árboles podía llamársele así— caminando despacio. Tras pensarlo varias veces había decidido contarle a Andros mi plan. Necesitaba a un aliado.
—Sabía que era un s*******o— se quejó él cuando le expliqué.
—Bueno ¿Me ayudarás o no?
—Por supuesto yo también quiero irme de este pueblo.
Así finalizó aquella conversación. Ya tenía un cómplice ahora solo faltaba el plan. O sea sabía lo que quería hacer pero no tenía ni la más mínima idea de cómo ejecutar un s*******o.
Cuando dije que Villa Norte era un pueblo pequeño no mentía todo quedaba relativamente cerca así que estuve en mi casa en cuestión de pocos minutos. El gordito vivía un poco más lejos así que me despedí de el con la mano viendo como continuaba su viaje a paso de tortuga.
Su cabello n***o era realmente n***o, era tan n***o como lo más n***o. Tenía que admitir que tenía un lindo cabello y que Andros me caía bien.
—Ya llegué— grité cuando entré a mi casa.
—María— saludó mi mamá dándome un beso en la frente— Que bueno que llegaste, necesitamos leche, ve a traer.
Gruñí, en mi casa era literalmente una esclava. Aquella era otra de mis razones para huir, mis padres y mis hermanos pensaban que era su burrito de carga.
—¿Por qué no busca José?
—José está haciendo el queso.
Solté una maldición por lo bajo mientras me dirigía al patio donde estaba Vicky —La vaca— me arrodillé a su lado lista para la tarea, cuando escuché un ruido.
—Bueno Vicky prepara tu ubre— solté omitiendo el ruido que había escuchado. En Villa Norte no habían ladrones o asesinos en serie como en Villa Nueva, cualquier ruido o sonido extrañó se le atribuía a un gato.
El sonido de una risa llegó hasta mis oídos, giré a la derecha y casi me caigo de espaldas cuando vi a Toby. ¿Me estaba siguiendo?
—Demonios ¿Quieres causarme un infarto?
—No— respondió riendo. Se veía terriblemente seductor, así que mi cerebro estaba trabajando con muchísima dificultad. Ni siquiera recordaba qué hacía en el patio.
— ¿Por dónde entraste?—pregunté sintiendo los latidos frenéticos de mi corazón.
—Somos vecinos de patio trasero ¿Recuerdas?
Asentí tratando de respirar y de actuar normal.
Me concentré en Vicky, tomé su ubre con sumo cuidado haciendo que la vaca hiciera sonidos, y empecé a apretar.
Toby no se movía de donde estaba y sentía el peso de su mirada, lo que hacía que mis manos se sintieran torpes y pesadas ¿Por qué no se iba? ¿No tenía nada que hacer?
—Te ayudo— dijo arrodillándose a mi lado dedicándome una sonrisa. Colocó su mano encima de la mía, estuve a punto de morir de asfixia en aquel momento y aparté mi mano al instante.
—Gra…cias.
—Vine porque quería hablar contigo— indicó como si nada mientras sacaba leche de Vicky. Al notar que yo no decía nada continuó— Quería disculparme por lo que te dije en clases, normalmente no soy así. Verás…
— ¡María!— Gritó mi mamá. Gracias al cielo.
—Voy— respondí levantándome de un salto y haciéndole señas a mi vecino de patio trasero para que esperara. De momento me había salvado de actuar como una idiota de pueblo.
Entré a la casa y lo primero que hizo mi madre fue preguntar por la leche, le dije que ya se la llevaba y me arreglé un mechón de pelo mientras caminaba hacia donde estaban Vicky y Toby.
La vaca parecía que estaba en el séptimo cielo sintiendo las manos de mi vecino mientras que él se veía como un modelo de revista con aquella camisa blanca que marcaba los músculos de su espalda y sus anchos hombros.
—Te ves bien sacando leche de Vicky— ¡Oh no! Por todos los santos, lo había hecho, había actuado como una idiota.
Él se levantó y me miró con una sonrisa.
—Creo que con eso está bien— dijo señalando el envase. Iba a tomar la leche de Toby. No piensen demasiado en lo mal que suena eso.
—Gracias— susurré bajando la cara llena de vergüenza. Estaba pensando cosas indecentes por culpa de aquel hombre.
—María— susurró cortando la distancia entre nosotros y tomando con su mano mi barbilla, levanté el rostro sintiendo una corriente eléctrica que iba desde donde él tenía su mano hasta cada rincón de mi cuerpo— Quiero decirte algo que nunca me había atrevido a decir…—Mi corazón había decidido el peor momento para detenerse— Es algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo, pero tú ¡Diablos!
—¿Yo qué?— pregunté a la defensiva liberándome de su agarre.
— ¡María! ¡La leche!— gritó mi mamá con su voz tenebrosa. Esa era la voz que usaba para regaños y cuando veía una serpiente.
—Creo que debo irme será mejor que hablemos mañana—. Tomé el envase con la leche y hui hacia el interior de mi casa. Por algún motivo por extraño que parezca tenía miedo de oír lo que Toby me quería decir, sentía que con cualquier cosa que el dijera se podían venir abajo todos mis planes. Y yo no iba a cambiar mis planes, ni por él ni por nadie.