Instinto cuaimaneitor Daniela dormía en la cama, su respiración era agitada y su cabello que en determinado tiempo fue lacio y grueso se había convertido en finos hilos que al menor roce se le despegaban del cráneo. —Daniela— susurré tratando de despertarla— Daniela, despierta. Mi hermana no despertaba y parecía que en cada inhalación se encontraba su último aliento, no era necesario hacer o decir nada, en el fondo sabía que aquella mujer que había abandonado su apellido para usar el Müller estaba al borde de la muerte. —Mañana cumplo treinta años— balbuceó Daniela. Y ahí ante mis ojos observé como dejó de respirar sin que nada de lo que hiciera pudiera evitarlo. —Daniela. Me senté en la cama como si me hubiese empujado un resorte y busqué a mi hermana en la habitación. No estaba. H

