El amor sube montañas Yo aunque ustedes no lo crean me levanto a las siete de la mañana y ese día no iba a hacer la excepción. Por más que me pesara o me diera flojera mi mamá ya me había demostrado de mil maneras que nunca me iba a dejar dormir un poco más. Sería lindo decir que despertarme a las siete fue por mi propia cuenta, pero no. El agua fría salpicando en mi cara, los pellizcos, los llamados que pasaban a ser gritos y los sermones fueron lo que me convirtieron en esto que soy hoy. ¿Ya entienden por qué deseo tanto dejar el pueblo? Bueno, el caso es que mientras barría la sala escuché que tocaron la puerta. Mi familia tampoco es que fuera muy sociable que digamos, así que un toque de puerta a esa hora era motivo de alerta y efectivamente lo fue. El Sr. Scoty era nada más y nada

