Presentimientos Mi vida iba a cambiar. Eso era lo que me repetía cada noche mientras acariciaba mi barriga. Empezaba a sentirme agotada, mareada, frustrada. Limpiar todos los días sin descanso no podía considerarse vida. Me hacía sentir peor que mi humor no era el único que estaba cambiando sino también el de mi amiga. Sospechaba que algo iba mal, pero tenía miedo de preguntarme qué. Al día siguiente vi a María escribiendo en la madrugada. Creo que ninguna de las dos podíamos dormir. Parecía que la vida pasaba de forma veloz mientras nosotras nos quedábamos estancadas. Observé en silencio como se secó las lágrimas con el brazo y retomaba la escritura. Sentí como mis propias lágrimas corrían por mis mejillas al verla en aquel estado. Arrugó el papel y lo lanzó en el pequeño bote de basur

