Arrepentimiento y otros menesteres Silencio. Eso era lo que se escuchaba, un total y absoluto silencio. Mi mente estaba vuelta un torbellino de pensamientos que no tenían ni pies ni cabeza. ¿Qué he hecho? Me preguntaba mientras caía al suelo arrodillada perdiendo de vista la espalda de Toby. Él nos iba a delatar con su papá, iba a contarle mi absurdo plan, el cual había concluido era un plan patético. ¿Por qué no había pensado bien las cosas? ¿Por qué había actuado tan a la ligera? Iba a terminar en la sucia cárcel del pueblo y conmigo iban a arrastrar al pobre Andros que no tuvo mucho que ver —no fue la mente maestra—. Bueno si íbamos al caso no fui ninguna mente maestra. —Deberíamos huir ahora que podemos. —¿Huir?—pregunté en tono irónico—¿Cómo huiremos sin dinero? —Pues no sé Mar

