POV Esmeralda Termino de preparar mi pequeña maleta, doblando con cuidado cada prenda como si en ese orden pudiera también organizar mi propia mente que sigue enredada de nervios. Meto algunos de mis libros favoritos, los que me reconfortan en las horas más pesadas, porque sé que releerlos es como volver a casa cuando me siento perdida. También guardo algunos títulos pensados para el pequeño que debo cuidar. Tiene ocho años, y aunque es probable que los ignore por completo, prefiero tenerlos a mano, como una carta de emergencia en caso de que algo logre despertar su interés. La puerta de mi habitación se abre y aparece mamá con su andar ligero, trayendo consigo mi pijama todavía tibia, recién salida de la secadora. El vapor de la tela se mezcla con el olor a suavizante y me envuelve como

