Desayuno con D'Angelo.

1736 Palabras

Cuando desperté, la habitación aún estaba en penumbra. D’Angelo dormía a mi lado, su brazo enredado en mi cintura, su rostro tranquilo, como si la tormenta que lo habitaba se hubiera tomado una pausa. Lo observé en silencio, sabiendo que esa calma era efímera. Él no era así… al menos no siempre. Pero en esos momentos de paz, podía creer que sí. Se removió ligeramente y, con voz ronca, murmuró: —¿Qué pasó anoche? Me quedé quieta, apretando los labios. No quería cargarlo con la verdad, no cuando él ni siquiera lo recordaba. —Nada —dije, acariciando su pecho con los dedos. —¿Lo hizo otra vez, verdad? —su voz se quebró—. ¿Te lastimó? ¿Te obligó? —No —negué de inmediato, aunque no con palabras, solo con un suave movimiento de cabeza—. Estoy aquí, D’Angelo. —¿Me perdonas… por ser él? —sus

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