Esperé durante cinco minutos, me estaba desesperado y mientras esperaba, no dejaban de llegar mensajes a mi teléfono, como siempre, ninguno lindo. La mayoría decía que me mataría, que era una maldita zorra, que no sería feliz nunca y que me haría sufrir. Los mensajes que cualquiera quisiera recibir en un día soleado y lleno de paz y de amor. Cómo lo había hecho las veces anteriores, ignoré los mensajes y apagué mi teléfono. — ¡Vaya, vaya! ¡La intachable Sarina Fletcher! Apenas escuché esa voz, me puse en alerta, mi cuerpo se tensó y sentí escalofríos terroríficos recorrer mi cuerpo. No puede ser él… Me levanté con premura, dando media vuelta para mirarlo con sorpresa. — ¡Yo te maté! — puede ser. — los agentes lo sentaron el el asiento frente al mío, tras la mesa de metal. Joe solt

