(...) — ¡Te comiste mi hamburguesa! — No fui yo, Dave, fueron tus hijos, y antes de que digas algo más, me ayudaste a hacerlos y te gustó, así que no fastidies y cómprame mi cajita feliz. Rodó los ojos y pidió la cajita feliz. A este paso parecería una pelotita, no podría caminar así que le tocaría llevarme rodando por la calle. Mi apetito era incontrolable, mi pancita era cada vez más notoria y ni hablar de lo hinchados que terminan mis pies después de cada día. Regresamos a la oficina, al parecer la auditoría ya había terminado. Dave se sentó en su asiento tras el escritorio, se concentró en leer unos cuantos documentos y entregando yo, acomodaba a Ángel en el enorme sofá, para que durmiera un poco. — Bebé, logré descifrar la contraseña de Aarón. Elevó su mirada hacia mí. Saqué

