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SI PUDIERA DECIRTE ADIÓS

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los opuestos se atraen
maldición
heredero/heredera
drama
detective
ciudad
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Descripción

Algunas historias se basan en la felicidad, mientras que otras se ocasionan por tragedias.

Helena Martín ha sufrido cambios inesperados en su vida, cuando creía que sus años de gloria llegaron, un suceso puede transformarlo todo. Y es que, con apenas veintitrés años ha experimentado lo que ninguna persona debe vivir.

Humillaciones, desprecios y deseos de muerte.

Las personas cercanas, aquellas que estuvieron en sus momentos de esplendor, la miraron y se hicieron a un lado, clavándole un puñal en la espalda.

Ahora, es ella contra el mundo…

Sabe que podrá soportar mucho más, que su determinación no se verá afectada ni se quebrantará su alma ante estas adversidades. Ella es fuerte y valiente.

Un nuevo rumbo Un deseo inesperado

Su dureza de corazón le demostrará que muchas veces caerá y en cada golpe, una nueva lección aprenderá. Sin embargo, ¿Qué sucederá cuando un nuevo amor aparezca en su caótica vida?

Todos tenemos secretos que ocultar y una historia que contar…

Tienes dos alternativas: Huir de su realidad O aceptar ser la villana de una historia mal contada.

Es más probable ser miserable que feliz.

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LO QUE UNO SIEMPRE, ESO COSECHARÁ
Helena... Cuando uno menos se lo espera, una nube negra cubre lo poco que queda de ti, no es un acto banal, va mucho más allá de lo imprevisto. El conocimiento del ser humano es limitado, no se sabe que puede suceder mañana ni cómo reacciona el individuo ante las circunstancias adversas presentadas en su día a día, es incierto, como todo suceso de la realidad. Se puede comprender ciertas áreas de lo terrenal, pero nuestro entendimiento no puede ir más allá de la imaginación, la cual es una acción con ideales surrealistas. Vivimos en una realidad relativa. No tenemos la capacidad para adivinar los sucesos de mañana, mucho menos, tenemos la facultad para lidiar con las consecuencias de aquellos percances; todo transcurre tan rápido que uno no puede percatarse de cuánto ha perdido ni de lo poco que tiene para sobrevivir; es un motivo, por el cual, cualquier circunstancia impacta gravemente. Si pudiera deshacerme de esas limitaciones, lo complejo se vuelve sencillo. Enfrentar tu propia vida es una caja llena de sorpresas, porque no sabes cómo iniciarás ni cómo terminarás. Reconoces que no vives, solo intentas sobrevivir en un ambiente hostil, ya que es una alternativa para satisfacer los deseos de alguien inhumano, lo peor, es tener que recordar porque ya no existe en este mundo vil, aunque sea emocionante, es una cicatriz con marcas muy profundas. Lo único que puede mantenerme despierta, son recuerdos que se deterioran; se aferra a algo cuando es permanente, así se vuelve eterno, no pasajero. Irritada por la hipocresía familiar, me acomodo en mi lugar, para disfrutar de sus actuaciones. Los pasados meses fueron los más complicados, repetir la misma acción es ofuscante para cada área de mi sistema. Este mes, no solo se trata de una época helada, se refleja cuando los momentos y fechas se enlazan, convirtiéndose en una pesadilla, en donde apenas se termina respirando. Esa historia trágica se reitera, inicia con una recaída y culmina en el hospital. Todo es válido cuando se trata de recuperar partes extraviadas en el proceso de este ciclo cruel. Pueden culparme y hacerme sentir que no merezco permanecer en esta tierra, pero eso no destruirá mis fundamentos tampoco mi determinación, veremos quien se cansa primero. Alimentar mi alma con falsas esperanzas es una monotonía, una acción vacía y una emoción efímera. —¿Existes? —Una pregunta superficial y vaga, capta mi atención. Hasta lo más banal es llamativo para mis sentidos. Acribillar con mis ojos es un hábito continuo. Centro mi mirada en la persona que me está hablando, Margaret, mi hermana menor. Un gesto vacío de mi familia, es querer llenar los espacios oscuros de mi ser, con simples reuniones, donde se supe que debo recibir el cálido afecto de ellos, para no sentirme fuera de lugar, cuando mis deseos de arruinar sus noches son más satisfactorios. Presiono mis labios. Los rostros estirados de mi familia solo me causan aburrimiento. Algunos se ven obligados a asistir para satisfacer a mis padres, otros se presentan para darme su apoyo cuando nunca se los pedí. Como de costumbre, no están contentos por mi participación en la cena, la condición de realizar este tipo de reuniones, es para poder tener esa confianza de hablar sobre cómo me siento. Algo absurdo. Si esperan una respuesta, merecen obtener mi silencio más mucho más tiempo. Ellos solo me han otorgado sus indiferencias y sentimientos vacíos. —¿Y para qué requieren mi atención? —cuestioné con una falsa amabilidad, ocultando el cinismo de mis palabras. Mi madre me miró desde su lugar en silencio, con los brazos cruzados y desafiándome para dar un paso en falso y acabar con esta farsa. Esos ojos me presionan para ser más amable. Sensacional Llamar su atención es lo que menos se requiere en estos momentos; al querer impulsarme a ser distinta, solo me hace ver que es parte de su rol, nada más. —Necesitamos que formes parte de estos momentos significativos—aclaró Margaret, con la dulzura que le caracteriza. —. Si disponemos de nuestro tiempo para pasarlo en familia, es para poder apreciar cada minuto, sobre todo… Bufo —Manipularme con lo sentimental no es parte de tu juego, sabes que no funcionara conmigo—la interrumpo justo a tiempo. —. No me culpes, no los he forzado a estar en esta maldita mesa para compartir la calidez familiar. —mi voz se tiñe de cinismo.  Cansarme de esta realidad no es una opción, por más que trate de convertirlo en algo pasajero, sigue volviendo a su mismo estado. Ellos no podrán regresar a la normalidad, por mis actos atroces. Su día a día es un martirio con lo que han aprendido a lidiar. Aunque se nieguen a sí mismos, me permiten ver las grietas que destruyen a esta familia. —Helena, basta. —pidió mi madre, con tranquilidad. Miro en su dirección, la súplica en su mirada es inquietante. Sus palabras regresan como un torbellino a mi mente, cada una de ellas. Fue consciente del daño, ya que fue la primera en socorrerme y saber los acontecimientos de esa noche; al verme en ese estado lamentable, hizo lo posible para protegerme y sacarme del medio, jamás se puso en mi contra ni dudo de mi palabra, así su carrera haya estado en juego, siempre estuvo de mi lado, y no le importo arruinar el futuro de la familia, con tal de ayudarme. El amor de una madre es incondicional. —Será mejor detener la charla y disfrutar de este delicioso asado. —exigió mamá. Río Para agregar más drama a sus actuaciones, aplaudo. Amago el intento de una sonrisa morbosa. Detengo el zarandeo de mis manos y me pongo de pie, golpeando la mesa con mis puños, tirando algunos utensilios costosos. Las cosas no pueden continuar de este modo. Me arrepiento de no haberme condenado sola, ojalá no hubiera arrastrado a esta familia a este caos. —¿Qué quieres detener? —preguntó elevando un poco la voz. —Descuida, no pienso lastimar a la indefensa Margaret, su vida es valiosa para desperdiciarla. —Helena, nadie está… —Margaret—volteo la cabeza y la miro. —, no intentes enmendar algo destruido, ¡¿acaso no lo ves?! —grité con furor, el calor de mi cuerpo es palpable. —Estamos huyendo de esta ciudad como si fuésemos criminales. Papá carraspeó, incómodo. —Sabes que no es cierto—puntualizó mamá, dándome una mirada suplicante para detener esta escena. El ambiente tensó solo empeora. —, estamos… —Están haciendo que todos dejen sus vidas, solo porque no quieren que siga lastimándome y huir de una atrocidad que hice. —me expresé exasperada y cansada. —Entonces debemos agradecerte por sacarnos de este lugar, gracias a ti, somos una paria para cada ciudadano… —Con más razón, debemos marcharnos. —comentó papá. Alec, mi hermano menor, negó con su cabeza. —Ese no es el punto, papá. —protestó disgustado. Su honestidad es inesperada, después de largas semanas decide participar en una conversación divertida, ya que prefirió callar y escuchar, pero está permitiendo que sea escuchado porque no desea cambiar el rumbo de su vida. —¿Es que nadie ve como nos ha arruinado la vida? ¿Debemos sentirnos satisfechos por huir? ¿Acaso tenemos que pagar su delito? —pregunta tras pregunta. Alec le agregó más drama a la reunión. —Tenemos derecho a decidir y no callar, no somos los responsables de la mue… —¡Basta! —vociferó Su. Susana o más conocida como Su, la hermana predilecta y mayor, al rescate. Solo lo hace para impresionar a mis padres y recibir su favor. —No quiero volverte a escuchar repetir esas palabras, ¿me has oído? —se toma el atrevimiento de reprochar a nuestro hermano. —¿Acaso olvidaste la conversación que tuvimos? —No me sorprende saber cómo confabulan en mi contra. —No sé te olvidé quien tiene el control aquí, no eres nadie para estar reclamando porque aún estás sujeto a nosotros y por más difícil que sea marcharnos, debemos apoyar a la familia porque…—esperó que él terminará la oración. —es lo más importante. —culminó Alec, a regañadientes. —Mantenernos unidos para no ser destruidos. —afirmó Su. Me carcajeó por su falso intentó de demostrar que está de mi lado. —Lastima—golpeo la mesa con mis uñas. —, soy la causante de esa destrucción. Mamá me observa con pena y dolor. —¿Por qué estás a la defensiva? ¿Qué te hace pensar que estamos en tu contra? —interrogó impaciente, sin saber cómo detenerme. —Si estamos siendo exagerados, habla con nosotros y tratemos de solucionar este problema—la confusión en sus orbes verdes, es abrumador. Un nudo se forma en mi garganta. —. Solo intentamos ayudar, mi cielo. Mentira —¿Ayudarme? —Mi voz suena afectada. —Actuando como criminales no es ayudarme, me hacen ver como la villana de esta historia—admito controlando el impulso de gritar. —. Jamás pedí que hicieran esto—miré a mis hermanos. —, cada uno tuvo la elección de sentarse en esta mesa y compartir este momento, no me culpen por ser miserables, no es mi responsabilidad—reclamo. —. Cambiar los planes de su vida no harán que vuelva a la normalidad, ya que creé una brecha entre nosotros. —Querida…—papá deseo intervenir para no empeorar el ambiente. —No es tu asunto—le corto, me veo obligada a poner un muro delante, así nadie se atreverá a cruzar más allá de los límites. —. A nadie le corresponde, es mi problema, buscaré cómo solucionarlo. No necesitamos huir. —¿Y cómo lo harás? —inquirió Alec. —Intentaste ponerle fin, pero causaste más alboroto, al punto de obligar a las personas a no tener ningún contacto con nosotros por ser familiar de una…—se cortó antes de decir esa palabra. —Creo que ya arruinaste nuestras vidas, ¿por qué empeorarlo más? Es un golpe fuerte. Retrocedo para que solo me roce, pero no logro moverme rápido y termina cayéndome. El impacto es doloroso y agrio. Aunque no hay caída, mis piernas flaquean. —¡Alec! —El clamor de mi madre es ensordecedor. —Si nadie puede ser sincero… —No se trata de sinceridad, Alec—habló Margaret, decepcionada. —. Sino de ser prudente al momento de interactuar con una persona para no lastimarla—explicó. —. No has aprendido nada de lo que nuestro padre nos ha enseñado, tanto te ha segado esas ganas de quedarte en esta ciudad que nada bueno nos ha traído. —Y la responsable es Helena. Alec decidió atacarme sin avisarme. —¡Vete! Nos sobresaltamos cuando escuchamos el gritó de papá. No ha utilizado ese tono con ninguno de nosotros, es la primera vez que lo vemos en ese estado. No suele descontrolarse, es el más pacifista de la familia, pero parece haber perdido esa lucha. Alec no pronuncia ninguna palabra. —Papá… —No trates de defenderlo, Susana—exigió papá, sin darle la oportunidad de hablar. —. Él no es un niño para necesitar que alguien sea su intercesor para no ser castigado. —Por decir la verdad, ¿me castigaras? —preguntó con altivez. —Me parece injusto como están procediendo, al menos, pregunten que nos parecen estos cambios. Los labios de papá se estiran de manera exagerada que da miedo. —Entonces eres libre de quedarte en esta ciudad. —accedió papá. El rostro de mi hermano se iluminó, su sonrisa apareció. —Sin embargo, te harás responsable de cada uno de tus gastos. Su sonrisa perfecta se esfumó. —¿Qué? La expresión en su rostro es una mezcla de incredulidad y confusión. —Ya eres adulto para poder pagarte y darte tus lujos. —se encogió de hombros, papá. —Valentín. —mamá pronunció su nombre en un tono de advertencia. Papá no lo pasó por alto y la miró. —Tu hijo no me dará órdenes, no se atreverá a cuestionar mis decisiones porque soy quien lo mantiene—acotó cansado. —. Hemos venido hablando sobre este tema desde hace semanas y no tuvo la consideración de avisarnos cual era su decisión, ¿qué quieres que haga? —No seas duro con él—pidió mamá. —. Está asimilando la situación. —No lo defiendas. —reclamó papá. El intercambio de miradas da el veredicto. Mamá siempre ha ganado la batalla. —No soportaré su capricho, si desea quedarse se hará responsable de sus gastos—sentenció papá, esa es su última palabra. —. Estamos siendo el centro de agresiones y desprecios. —Por culpa de Helena. —mencionó Alec, no ayudando con la situación. Papá se levantó, dispuesto a ir por él. —Por favor, no continúen. Me tocó intervenir para tener un poco de tranquilidad. Si debo soportar la hostilidad de cada m*****o de mi familia, lo haré. No importa a donde vaya, con ellos cerca, podré seguir existiendo y no deseando desaparecer. Puedo comprender la impotencia de mi hermano, todo se debe por cómo está siendo agredido en la escuela, a pesar de ser inteligente y respetado, no es fácil sobrellevar ese peso en sus hombros. —Alec, está tratando de ser sincero como todos deben serlo—miro a Margaret. —. Si no deseas marcharte, no lo hagas—afirmé endureciendo mi corazón. —. A veces necesitamos estar en una encrucijada para tomar las decisiones que nos permite arriesgarnos y disfrutar de la vida—recorro el salón y doy con mis padres. —. No necesitan arrastrar a esta familia, me declaró responsable. Si debo huir, será sola. —Si deseamos irnos, es porque ya no se siente igual. —explicó mamá. —Soy la causa de ello. —No es… —¡Mamá! —mi voz se apagó, reprimo las lágrimas. —Ya deja de negar lo que sucedió, ambos sabemos que eres mucho mejor que esto. Debes saber que no siento arrepentimiento por lo que hice. —Y está bien—me aseguró. —. Pero debes continuar con tu vida, no tienes por qué sujetarte a un recuerdo atroz, no eres culpable. Cada vez que escucho esa palabra, retrocedo a ese momento, cuando mis manos manchadas de sangre, revelaron el veredicto de mi futuro. —Vive. —¡Es que ya no vivo! —bramo. Mi cuerpo se sacude por la rabia. —Helena… Mamá caminó en mi dirección, con las lágrimas recorriendo sus mejillas. Miro a papá, se mantiene firme. —Creen que lo correcto es huir de esté caos para tener tranquilidad, pero aún lejos, todo será igual—asevero, impotente. —. Ese recuerdo de que alguna vez existió y que le di su final, estará en mis pensamientos. —Mi Amor… No aceptó lo sucedido, ni que me haya convertido en alguien que ve que los sentimientos solo traen debilidad.  —Acéptalo de una vez, mamá—me rindo. No se puede con ella, todo lo ve exagerar y llorar, como si eso ayudara a la causa. —. Te niegas a reconocer la realidad. —Que esté muerto no es un impedimento para que vivas. —declaró al borde del llanto incontrolable, se sujetó las manos y me miró con terror. La impotencia y el dolor me hace actuar de manera impulsiva. Retrocedo, tirando la silla. Aprieto mis puños, incrustando mis uñas en la palma de mi mano, hasta el punto de sentir ardor. Cierro los ojos y gritó: —¡Ese mismo día morí! Me doy la media vuelta y salgo del salón. Huyó de la realidad y corro de la verdad. Oigo sus gritos, como me llama por mi nombre y me pide enfrentarla, pero me alejo porque no deseo tropezar con sus palabras ni incrementar el dolor en su mirada, solo haré que se decepcioné. Acelero mis pasos, dando pasos largos en los peldaños, acercándome al pasillo oscuro y desolado.  Sé que mi madre me está siguiendo, no pasa desapercibida por sus ruidosos sollozos y su respiración entrecortada. Controlar su sentimentalismo es un problema con lo que lidio. —Helena… Doy con mi habitación, tomo el pomo y lo abro, antes de que pueda alcanzarme ingreso y cierro la puerta detrás de mí. Me quedó estática, con la mano aun en el pomo, mirando a la nada y sintiendo todo; el pulso se me acelera, trato de respirar con tranquilidad, aunque no quiera llorar, algunas lágrimas se me resbalan. —¡Abre la puerta! —gritó mamá con desesperación. Los golpes son constantes, rompe en llanto y sus sollozos no se detienen, muchas veces se atraganta con su propia saliva; aun así, me mantengo encerrada. —Tenemos que hablar. Me sujeto de la cabeza y pongo sobre mis rodillas, ahogándome con el sufrimiento. —Por favor, quédate conmigo. —suplicó mamá, golpeando la puerta. —Y aunque quiero hacerlo, no puedo. —susurré despacio. Escondo mi rostro en mis manos y pienso en cómo terminará esta trágica historia, las consecuencias arrasarán con mi existencia. Sin importar el esfuerzo en aceptar la realidad, me niego a mí misma. Lo que uno siembra, eso cosechará. ¡Qué duro es cegar dolor y maldad!

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