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1438 Palabras

Aries. Agarro el GPS que yo mismo puse en la guantera, para no levantar sospechas, pues Natasha los demás no son imbéciles como para creer que vine a Asia de pura casualidad. Aplasto el pequeño dispositivo con mi zapato contra el suelo, agarro la caja del asiento de copiloto y le pongo el seguro a la camioneta para comenzar a caminar a la que ahora es la casa actual de Sekhmet. Atravieso la pequeña entrada y abro la puerta con mis llaves, al primero que me encuentro es a Culebra, barriendo la sala. —Jefe— me mira detenidamente, como a la espera de una órden. —Hola. ¿Dónde esta Sekhmet?— inquiero, dejando la casa sobre la mesita de madera. —Se está bañando, ya debe estar por salir. Asiento con lentitud con una cara completamente seria y me dirijo a la cocina por un vaso de agua. Me sa

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