Las palabras de Arthur cayeron como una daga en el ánimo de Gabriel. La mención tan casual del nombre de Elizabeth, unida al tono arrogante y posesivo, encendió algo oscuro en su interior. Gabriel sintió que su mano, casi sin querer, se cerraba en puño, intentando contenerse mientras observaba al conde con una intensidad que contrastaba con la aparente indiferencia de Arthur. -Entonces parece que tiene algo de prisa en formalizar esos… encuentros agradables, ¿no es así, conde? - replicó Gabriel, manteniendo el tono, pero permitiendo que su voz adquiriera un matiz amenazante, apenas perceptible, pero lo suficientemente claro para que el conde lo captara. Arthur lo observó por un momento, desconcertado. No estaba acostumbrado a que alguien se le enfrentara con tal firmeza y la intriga se m

