Safety: brindando mi apoyo

2190 Palabras
El mismo día en Santa Bárbara Hay una cita bíblica que dice: «Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz». Cuando la verdad quiere ser revelada, siempre encontrará la forma de hacerlo. Savannah, quien está ultimando el diseño de un closet, no se imagina que pronto le tocará enfrentar su mayor temor. Ha pospuesto tantas veces confesarle a Sean la existencia de su hijo que en su alrededor se formó una burbuja donde todo aparenta estar bien si contar dicha información. Cuando Savannah termina su trabajo, sale de su oficina. Ella y Kendra decidieron retar un local y poner en conjunto una afirma que brinda múltiples servicios, entre esos, remodelación de inmuebles, asesoría legal y financiera. La última está a cargo de Armando, un bien parecido hombre de treinta y cinco años, cabello y ojos oscuros, tez morena y estatura promedio. Entre todo eso, el principal enamorado de la joven mujer, y quien está seguro de que la va a conquistar. —¿Hoy me volverás a dejar plantado? Pregunta Armando, cuando la ve caminar por el pasillo pasando de largo por su oficina. El hombre se está vestido con un traje muy formal para el tipo de lugar que manejan. Savannah, que suele vestir más relajada, como su pantalón de pinza color gris claro y una camisa azul holgada. Lo que nunca falla en ella son sus cómodos converses, no son los mismos con los que se casó aquel día, aunque aún los conserva. Avergonzada, le responde: —No digas eso. Me da pena contigo, siempre surge algo, pero no estás vez, no te dejaré plantado. Dejaré a Nico con la abuela y Kendra me dijo que no tiene nada planeado, así que estaré totalmente disponible. Le exhorta. Son varias las veces que la chica, de tez morena y ojos claros, lo ha dejado plantado, incluso cancelando la cita cuando ya estaba a mitad de camino para recogerla. Él asume que es por su hijo; en parte tiene razón. Sin embargo, otro motivo es que, después de diez años, aún le cuesta arrancar de su mente al alto y apuesto joven que más que ser un deportista pareciera un supermodelo. Armando se acerca a ella sonriéndole. —Perfecto. Entonces, a las 7, paso por ti, ¿bien? Ella asiente, él se despide con un beso en la mejilla. En su oficina, aun sin poder reaccionar del todo, está Kendra, quien analiza si haberle dado la dirección a Sean fue una buena idea. Si su prima se entera, la matará, aunque ese no es el único secreto que guarda de ella. La joven abogada da un respingo cuando escucha cómo tocan la puerta. Mira y ve a Savannah parada en frente. —Estabas lejos, ¿qué pasa? - le pregunta a Kendra quién parece atribulada. Savannah la mira inquisitiva. —¿Te sientes mal? —Ah… no, no es nada. Estoy algo cansada. Miente. La abogada finge arreglar unos documentos que estaban perfectamente colocados en su escritorio. —Te has pasado el día así desde que hablas con tía, ¿ella está bien? Por favor, si es algo grave, solo dilo - dice con inquietud. —No te preocupes, ella está bien. Ya te lo dije: es el cansancio por tanto trabajo, los casos no paran en Santa Bárbara. ¿Ya te vas? - cambia el tema. —Sí, pasaré por Nico al colegio. Quiero pasar tiempo con él antes de salir con Armando - le cuenta. —Cierto, saldrás con él - dice contemplativa. —Sí. Creo que ya es tiempo de darme una oportunidad con las relaciones de pareja. Estoy muy joven para tirarme al olvido, no considero verme tan mal como para pasar toda mi vida sola. Bueno, me voy, nos vemos más tarde. Le dice y termina de salir de la oficina. Lo que dice Savannah tiene mucho sentido, pero el detalle radica que en cualquier momento llegará su ex, entonces, ¿en cuál posición quedará Armando? En la banca, tal vez, lo único que espera Kendra es no haber cometido una imprudencia. Por otro lado, Savannah se dirige a su auto, ajena a las angustias de su querida prima, quien la apoyo a la joven madre desde que decidió irse de Atlanta aquel verano. Ella va con su mente llena de cuestionamientos, poniendo en duda si en realidad podrá llegar a tener con Armando algo duradero. No quiere convertirse en esas mujeres que se encierran en el amor después de una difícil decisión. Son tanto los hombres que han intentado acercarse, sin embargo, todos terminan siendo rechazados. Llega al colegio, de inmediato baja de su auto y camina hasta la entrada donde ve cabizbajo a su hijo al lado de su maestra. Savannah se preocupa y va con rapidez hacia ellos. —Mi amor, ¿qué tienes por qué esa carita? - pregunta mientras acuna el rostro de su hijo. —Hola, señorita Johnson, Nico ha estado así desde el recreo, no ha querido decir qué le pasa. Lo llevamos con la orientadora del colegio, pero no quiso hablar con ella - le informa la maestra. —Maestra Alonso, disculpé mi falta de educación, no la saludé. Gracias por las atenciones, yo me encargaré. La profesora asiente para luego despedirse de ellos. Savannah baja a la altura de su hijo para ver sus hermosos ojitos grises brillosos por lágrimas que aún no empiezan a brotar. No hay nada en el mundo que le cause temor que pensar que Nicolás pueda ser lastimado. Ella lo inspecciona buscando algún moretón. —Cariño, no asustes a mamá, ¿qué pasa? ¿Tus amiguitos te lastimaron? Sabes que puedes confiar en mí - le brinda seguridad. El niño la observa. —Ellos no me golpearon, mami, solo… - respira —Es que siempre me recuerdan que yo no tengo un papá que venga a ver mis partidos como los de ellos. Incluso, el papá de Diego a veces viene, aunque ya no está casado con su mamá y vive lejos. Ahí está la única parte que ella no puede arreglar. Es que conoces en carne propia el vacío que se carga cuando no tienes una figura paterna a tu lado. Ver a fuertes hombres todos los días recogiendo a los amiguitos de su hijo en el colegio, o verlos gritar con voz gruesa, “¡ese es mi hijo!”, en cada partido, es razón suficiente para que Nicolás se sienta triste. Claro que ella sabe lo que siente su pequeño, pasó por lo mismo, pero a diferencia de ella, el padre de Nicolás está más vivo y fuerte que nunca. De hecho, acaba de ganar un juego muy importante, mientras el chiquillo le gritaba a la pantalla feliz por su triunfo. Savannah lo abraza con fuerza y le dice: —Lamento tanto, hijo mío, que estés pasando por este dolor. Quisiera poder evitarlo, pero ¿recuerdas lo que hablamos de eso? Es algo con el cual tendremos que aprender a convivir hasta que en algún momento se pueda solucionar. —Está bien, mami. ¿Crees que papá regrese de ese largo viaje y se entere de que existo? Le comenta expectante. Savannah intenta no cortarle las esperanzas a su hijo. —Eso espero, cariño. Porque no vamos a casa y preparamos tu comida favorita - él le sonríe. —¿Harás panqueques, a esta hora? —Pero solo será por hoy, ¿bien? - asiente. El niño recupera los ánimos y toma la mano de su madre, mientras le va contando lo nuevo que aprendió y sobre el inicio de sus prácticas. La radiante sonrisa que le muestra su hijo, es la que pretende mantener en su rostro. La joven madre comienza a plantearse si es buena idea embarcarse en una relación con Armando, cuando debería considerar comprar dos billetes de avión y llevar a Nicolás a conocer una vez por todas a su padre. Llegan a la casa. Dando saltos de alegría entra Nicolás contándole a su bisabuela lo que su madre le cocinara de merienda. Va a darse una ducha, mientras ella prepara todos los ingredientes. Cuando pretende empezar con la mezcla, su hijo la sorprende con que ya está aseado. Algo que duda Savannah, si solo duró unos escasos minutos en el baño. El niño es muy inteligente y aplicado; no obstante, en el tema de higiene personal es una constante batalla. Resignada, le da un beso en la cabeza y juntos comienzan a cocinar. Kendra que recién llega a la casa, observa la hermosa escena que le ofrecen su prima y sobrino. Los dos son felices en el mundo que se han creado. Ella no quiere cambiar su armonía, sin embargo, piensa que es su deber ayudarla a enfrentar su mayor temor, el rechazo que cree que puede recibir Nicolás. La bogada sí considera que Sean es un idiota, pero no piense que este pueda rechazar a su hijo. Nico es la perfecta combinación de ambos, es inteligente y hermoso, ¿por qué no lo amaría? —Tía, mamá y yo estamos haciendo panqueques, ¿nos ayudas? —Claro, que sí, campeón - le dice uniéndose a ellos y dándole un beso en la cabeza. Un par de horas más tarde y luego de llenar la cocina de mezcla para panqueques, Kendra y Savannah terminan de limpiar la cocina. La última se va a su cuarto para empezar a cambiarse para su cita romántica, mientras su hijo se queda en la sala con su abuela y tía. Cuando sale de la ducha, busca en su closet una prenda que no sea muy sugerente, pero que tampoco se vea como si va a la misa del domingo. Bajo ese pensamiento, elige un vestido azul oscuro de cuello cuadrado, fruncido de muslo con abertura a los lados. El vestido acentúa las caderas pronunciadas que adquirió luego del embarazo y las cuales se mantienen intactas a pesar de su rutina de ejercicios. La hace verse casual, pero elegante. No tapa toda su piel morena, pero tampoco enseña demasiado. Ella considera que es el vestuario indicado. Termina de completar su outfit con unas sandalias de tacón alto plateado y los accesorios para resaltar su apariencia. Ella termina de retocar sus rizos. Cuando en la puerta se escucha el timbre. Kendra se levanta y ve a su socio de oficina parado como todo un casanova, al menos es lo que piensa él. Armando tiene su encanto, quizás no llega para ser comparado con Sean, pero funciona. La joven abogada lo observa de arriba hacia abajo, está vestido con un aburrido traje clásico, como siempre, y con un ramo de flores en la mano. —Armando, qué bueno volverte a ver. Pasa, ya baja tu cita - dice con una sonrisa fingida. A Kendra le resulta extraño que de todos los hombres que han invitado a salir a su prima, esta eligiese al más aburrido. Es un excelente profesional y económicamente no está tan mal; sin embargo, es de los hombres que aún lee el periódico impreso. Ya nadie lee en papel, para eso están los iPad. Esta ve cómo arregla su corbata y este le responde. —Kendra, también es un gusto verte. Lindo t -shirt. Dice el caballero mientras observa el amplio t -shirt con imagen de Garfield, donde dice: «lo único que quiero es comer lasaña y dormir todo el día». Esa es Kendra una joven mujer profesional, que no pretende pertenecer a un mundo que no le corresponde. Es un alma libre que aborrece las ataduras; no obstante, en algún momento llegará alguien que le hará cambiar esa percepción. Cuando le va a responder, ve cómo sale su despampánate prima vestida como toda una diosa, justamente para el hombre incorrecto. —Por Dios, Savannah, te ves hermosa - dice pasmado —Toma, te traje esto - le entrega el arreglo de rosas. Kendra rueda los ojos —No son tan hermosas como tú, pero ¿qué hacer? Kendra levanta una ceja viendo la cursi escena que el hombre está montando. Savannah toma el arreglo y le brinda una sonrisa de agradecimiento. Cuando va a responder, escucha un fingido estornudo que oculta una palabra. —Aburrido - habla Kendra. Savannah como si fuese el exorcista, voltea a verla y la reprende con la mirada. Su prima se encoge de los hombros. —¿Dijiste algo? - pregunta confundido Armando. —No le hagas caos, parece que a mi prima le dará un resfriado. Toma - ve a Kendra —¿Me la puedes poner en agua?, por favor - asiente con fastidio y toma las flores —Lo mejor será irnos. Él asiente. Savannah va hacia el área de la sala donde está su hijo. Se despide sin antes advertirle que tiene que acostarse temprano. Igual advierte a Kendra a que esté pendiente del niño. Unos minutos después, ya estás camino a cenar. Luego hablará con su prima para que le explique su actitud, ella es la que la ha alentado a tener citas, ahora se comporta extraña. Respira y le sonríe al caballero…
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