Capítulo 01: El esposo Olvidado.
En una mesa del restaurante más caro de la ciudad, en la espera de su pareja, a quien llamaba esposo se encontraba el joven de veinticinco años Ryan Olsen, un joven de ojos azules y cabello azabache, delicado y elegante, sus delgados dedos apretaban los cubiertos en sus manos con frustración, pues habían pasado horas, y su compañero no estaba por ninguna parte.
–¿Señor…está listo para ordenar? —preguntó el mesero con cautela—
–Yo, aún estoy esperando. —Le respondió con pena.
–No quiero ser rudo, es que estamos a punto de cerrar.
Ryan quedó helado por un momento, giró la cabeza mirando a su alrededor; solo quedaba su persona en el lugar, mira la hora en su reloj como si fuera irracional lo tarde que era, había estado esperando por horas.
–...Quisiera un Ruffino Chianti del 66.
–A sus órdenes. —El mesero se fue dejándole a solas nuevamente.
Para Ryan, el sentimiento amargo de soledad no era desconocido, llevaba casado seis meses y de esos seis meses tres habían estado llenos de ese sentimiento.
Su esposo ponía como prioridad el trabajo por encima de él, claro se trataba del trabajo así que no había de otra, solo sería una etapa.
Eso se decía a sí mismo con esperanza.
Con el vino como regaló condujo a casa, pensó que a su esposo Mateo le gustaría; sin embargo en una parada de semáforo, se topó de frente con el auto de éste, su sonrisa decayó cuando se dió cuenta que no iba a solas, el beso que Mateo compartió con la persona que llevaba le dejó en claro que no se trataba de una amistad o un simple conocido.
Cómo de costumbre Mateo ni siquiera notó el auto de Ryan justo frente a él, iba demasiado ocupado con su amante como para ello, simplemente siguió su camino.
Los ojos de Ryan se llenaron de lágrimas, su corazón latió rápido, su respiración se agitó, luchaba con su cuerpo para no dejar las lágrimas salir, sin saber que hacer siguió conduciendo llegando a casa.
Una vez llegó y cruzó la puerta, no lo pudo aguantar más, se derrumbó, sus ojos se humedecieron, con sus temblorosas manos tocó su pecho, acarició su cuello queriendo deshacer aquel nudo en su garganta que le ahogaba, guiando sus azulados ojos por toda la habitación buscando una salvación desconocida, nervios que le hicieron tocar su cabello y bajar por su rostro de forma desesperada en un intento de control.
Sin éxito, lo que empezó como dolor se convirtió en irá, lágrimas de arrepentimiento, un ceño fruncido y labios que se tensaban le hicieron pararse del suelo y en un impulso severo volver todo un completo desastre.
Golpeando los jarrones, tirando los cuadros, destruyendo todo lo que se interponía en su camino Ryan descargaba su dolor, gritando en agonía para sí mismo, los recuerdos que invaden su mente se convierten en pesados disturbios de su realidad.
Dejando solo una verdad; Nunca fue amado, había sido olvidado al igual que aquellos recuerdos que solo él retenía en su memoria.
Mirando una fotografía de ambos con resentimiento fue como tomó una decisión.
Horas más tarde Mateo llegó a casa suspirando mientras salía del auto, odiando la sensación de tener que hacerlo tomó la perilla de la puerta y giró entrando.
Mateo un hombre de cabello y ojos cafés, empresario comercial y un buen conocido caballero de la clase social, Ryan tuvo que rogar a su familia para tener un contrato matrimonial con él, el hombre perfecto, el joven educado y amable que un a vez le cautivo, brindaba su cariño a un joven de baja estatura y dulce sonrisa.
Cómo si ya no fuera bastante el descaro, se atrevió a llevar a su amante a casa con él, lo que ya era común para ambos, pues aparte de tener una aventura con él, este chico era su secretario, con quien Ryan pensó tenía una buena relación para hacer las cosas aún peores para todos.
–¿Que… pasó aquí? —Preguntándose a sí mismo con confusión, Mateo levantó la mirada, viendo la figura de su esposo sentado en las escaleras obviamente desgastado, una botella de vino a su lado y desaliñado algo muy poco común en el pelinegro— ¿Que es todo esto?
–Solo hemos estado juntos por seis meses, pero yo… yo te quería. —Sin ánimos se levantó y se acercó a ambas personas.
–¿Todo esto es porque falte a ese restaurante al que habías reservado? No seas exagerado, ya sabes que el trabajo me limita a ciertas cosas.
–¿¡Y es por eso que prefieren pasar el tiempo revolcándose a mis espaldas!? —Ryan tiró la botella al suelo haciendo volar los cristales, rio al ver cómo Mateo se sacrificaba para proteger a su amante de estos.
En ese punto Mateo se rindió en tratar de ocultarlo, no estaba avergonzado y no se arrepentía de nada, fue un alivió para él el no tener que ocultar más a quien verdaderamente ama.
—Suspiro antes de hablar— No es nada en tu contra, yo y Caleb nos amamos, no estaba planeado. —al ver la expresión disgustada de Ryan, Mateo sintió que tenía que defenderse aún más.
–Yo no quería nada de esto… ¡me obligaron a casarme contigo Ryan, aún si no fuera caleb nunca serías tú! ¿¡Lo entiendes ahora!? ¡No pude amarte!
–¡TU..! ¡Eres la persona más desagradable que he conocido en mi vida! ¡Lo único que esperaba de ti era un poco de respeto, pero mis expectativas fueron en vano! —El enojo en su voz les hizo retroceder, Caleb que no podía hacer más que bajar la mirada con vergüenza se mantenía detrás de Mateo mientras Ryan se acercaba a ambos cada vez más— ¡si tanto quieres ser feliz con tu amante no los detendré más, LARGO!
Confundidos como si Ryan hubiera perdido la razón, Mateo y Caleb se quedaron parados observando su conducta, haciendo a Ryan enojar aún más.
–¡LARGO.! —Empujando a ambos agresivamente hacia la puerta, en un forcejeó por pararle Caleb retiró las manos de Ryan de forma brusca haciéndole caer sobre el pasamanos de la escalera y luego golpear su cabeza en los escalones de la misma.
Un doble golpe en la cabeza qué detuvo los gritos y desencadenaba otro problema.
La sangre que recorría tanto su rostro como el piso hizo a ambos amantes entrar en shock.