Capitulo 6: Bajo la Superficie de la Rutina

1151 Palabras
Elena sintió que su corazón latía con fuerza mientras salía apresuradamente del lujoso hotel donde había tenido lugar la fiesta. Las palabras de Gabriel seguían resonando en su mente, cargadas de amenaza y desafíos. Aferro la tarjeta de acceso y el pequeño dispositivo que había usado para capturar la huella de Marc Duval, sabiendo que había logrado su cometido...pero a un precio. Mientras caminaba por las calles oscuras, Elena no pudo evitar sentir que alguien la seguía. Miraba constantemente sobre su hombro, su respiración se aceleraba con cada paso. Sus instintos le decían que debía salir de ahi lo antes posible. Giro en un callejón, presiono su espalda contra la fría pared de ladrillo y contuvo la respiración. Su mano se deslizo hacia su bolso, buscando el pequeño spray de pimienta que siempre llevaba consigo. Escucho pasos aproximandose, cada vez mas cerca. El miedo se apoderaba de ella, pero también la adrenalina. De repente, una figura apareció en la entrada del callejón. Elena levanto el spray, lista para atacar, pero la voz de Luka la hizo detenerse. —Tranquila, Elena, soy yo —dijo Luka, levantando las manos para mostrar que no era una amenaza. Elena exhalo con alivio, pero su mirada seguía siendo cautelosa. —¿Me seguiste? —preguntó, con un tono acusador. Luka asintió, acercándose despacio. —Tenía que asegurarme de que salieras de ahí sin problemas. No podemos permitirnos perderte ahora. ¿Conseguiste lo que necesitábamos? Elena asintió y mostro el dispositivo con la huella digital de Duval. —Lo tengo. Pero Gabriel estaba allí. Creo que sospecha de mí. No podemos esperar mucho tiempo para usar esto. Luka asintió, con un brillo de preocupación en sus ojos. —Debemos movernos rápido. Tengo un plan para entrar al edificio de Ecotex esta misma noche. Prepárate. Nos vemos en una hora en el punto de encuentro. Elena asintió de nuevo, sabiendo que no había vuelta atrás. Mientras Luka se alejaba, se dio cuenta de que estaba en medio de un juego peligroso, uno en que cada movimiento podría ser el ultimo. A la mañana siguiente, el sol apenas despuntaba en el horizonte cuando Gabriel ya estaba despierto. Era un hombre de hábitos estrictos, alguien que había construido su vida en torno a la disciplina y el control. Se levantaba todos los días a las 5:30 a.m., sin excepción. Su habitación, minimalista y ordenada, reflejaba su carácter. Paredes en tonos grises y blancos, una cama king-size perfectamente hecha, sin un solo de pliegue fuera de lugar. Gabriel camino hacia la gran ventana que daba a la ciudad, la luz matutina iluminaba su figura alta y atlética. Su torso musculoso y definido hablaba de horas dedicadas al ejercicio; sus hombros anchos y brazos fuertes contrastaban con la elegancia de sus movimientos. Su piel bronceada brillaba ligeramente bajo la luz del amanecer, mientras que su rostros, de rasgos marcados y mirada intensa, transmitía una mezcla de dureza y serenidad. Cada mañana, comenzaba con una sesión de entrenamiento de dos horas. Primero, correa por las calles cercanas a su penthouse, su respiración profunda y controlada mientras sus músculos trabajaban con presión. El sonido de sus zapatillas contra el pavimento era casi hipnótico, un ritmo constante que lo ayudaba a despejar su mente y planificar su día. Después de correr, pasaba una hora en su gimnasio privado, realizando una combinación de ejercicios de fuerza y resistencia. Levantaba pesas con facilidad, cada repetición reflejando su determinación y enfoque. El gimnasio estaba lleno de equipo moderno, pero lo que mas llamaba la atención era un espejo gigante en una de las paredes, donde Gabriel se observaba a si mismo con una expresión seria, evaluando cada movimiento, cada flexion de sus músculos. Su físico era imponente: un torso marcado, abdominales definidos y piernas fuertes y tonificadas. Su cabello oscuro, ligeramente desordenado por el sudor, le daba un aire aun mas atractivo, pero también intimídante. A las 7:30a,m Gabriel finalizaba su entrenamiento con una sesión de estiramientos, sintiendo como sus músculos se relajaban poco a poco. Luego, se dirigía a la ducha. El agua fría caia sobre su cuerpo, despertandolo por completo y preparándolo para el día que tenia por delante. Tras vestirse con uno de sus trajes perfectamente cortado—siempre de colores oscuros, con una camisa blanca que resaltaba su complexión—, se dirigía a la cocina. El desayuno de Gabriel era tan calculado como el resto de su rutina: claras de huevos, avena y un cafe n***o. No permitía que nada fuera al azar. Tomo su cafe lentamente mientras leía las noticias en su tableta, su mente siempre estaba trabajando, siempre planificando. Revisando sus informes que su equipo le enviaba desde tempranas horas: sabia que debía estar un paso adelante, especialmente ahora que los ataques a Ecotex se intensificaban. Al llegar a la sede de Ecotex, Gabriel se movía con autoridad. Sus empleados lo respetaban, algunos lo temían. Su presencia imponía: su altura, su porte erguido, la manera en que su traje abrazaba su cuerpo atlético, todo en el irradiaba control. Entraba a su oficina a las 8:30 a.m en punto, y de inmediato comenzaba a revisar los informes de seguridad y finanzas. Hoy, sin embargo, había una inquietud inusual en su mirada. —Marta —llamó a su asistente—, quiero una actualización completa sobre la intrusión de anoche. Y quiero saber dónde está Elena Woods. Marta, una mujer eficiente y serie, asintió rápidamente. —Nuestros equipos están trabajando en ello, señor Moreau. Aún no hemos localizado su paradero exacto, pero estamos estrechando el cerco. Gabriel asintió, sus ojos grises fijos en la pantalla de su computadora. —Doble la seguridad. No quiero más sorpresas. Mientras Marta salía, Gabriel apoyo sus codos en el escritorio y se froto las sienes. Estaba acostumbrado a tener todo bajo control, pero Elena Woods había logrado introducirse en su mente de una manera que nadie mas había hecho. Sabia que ella no era como los demás. Había algo en su mirada, en su valentía al enfrentarlo, que lo intrigaba y lo inquietaba a partes iguales. Pero también sabia que no podia permitirse el lujo de dejarse llevar por esos pensamientos. Su prioridad era proteger a Ecotex y descubrir que buscaba Elena con tanta desesperación. Se levanto de su silla, caminando hacia la ventana de su oficina, observando la ciudad que se extendía ante el. Sabia que ese día no seria diferente a los demás; su rutina era su escudo, su arma contra los imprevistos. Pero la presencia de Elena había empezado a agrietar esa rutina, como una tormenta que se avecina lentamente en el horizonte. Gabriel respiro profundamente, sintiendo como su corazón latía con una intensidad que no le gustaba admitir. No puedo permitirme flaquear", se dijo a si mismo, volviendo a centrarse en lo que tenia delante. Pero en el fondo, sabia que algo estaba cambiando, y que esa tormenta no tardaría en llegar.
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