Elena sabia que las cosas iban a complicarse. Había pasado el día entero escondida en un pequeño apartamento alquilado en las afueras de la ciudad, evitando cualquier contacto con el mundo exterior. Las luces apagadas, las cortinas cerradas. Solo el sonido de su respiración, cada vez mas agitada, rompía el silencio de la habitación.
El plan de entrar en Ecotex esa noche seguía en pie, pero ahora había un obstáculo mas grande: Gabriel Moreau. Lo había visto en la fiesta, sus palabras aun se grababan en su mente. Su amenaza era clara. El sabia que algo no estaba bien con ella, que no era quien decía ser. Su presencia poderosa e intimidante había hecho que todo su cuerpo temblara, no solo por el peligro evidente, sino por la atracción incontrolable que sentía hacia el.
—Enfocate—se recordó a si misma.
Estaba a punto de destrozar una de las corporaciones mas poderosas del mundo. No podia permitirse pensar en lo que había detrás de esos ojos grises. Luka estaba en camino, y sabia que una vez mas tendría que jugar el papel de una mujer sin miedo, pero la realidad era que esa mascara comenzaba a agrietarse.
Al caer la noche, el sonido del motor de un coche la despertó de sus pensamientos. Miro por la ventana y vio a Luka bajarse de un auto n***o. Su rostro serio y decidido transmitia cierta tranquilidad, aunque sabia que el también se jugaba el todo por el todo.
—Es ahora o nunca —dijo Luka, entrando rápidamente al apartamento—. Tenemos acceso a la planta baja, pero hay más guardias de los que anticipábamos. ¿Estás lista?
Elena asintió. No había vuelta atrás. Pero cuando estaba a punto de salir, su teléfono vibro. Era un mensaje de un numero desconocido:
"Te estás metiendo en aguas profundas. Nos veremos antes de que el reloj marque medianoche. — G"
Elena sintió un escalofrío recorrer su espalda. Gabriel. Sabia que la vigilaba, que sus movimientos estaban siendo seguidos, y eso solo aumentaba el peligro. Se guardo el teléfono en el bolsillo y subió al auto sin decirle nada a Luka. Tenia que mantener su enfoque.
Mientras tanto, Gabriel caminaba por los pasillos vacíos de Ecotex, su mente atrapada en una maraña de pensamientos oscuros. Había revisado cada cámara de seguridad, cada documento de entrada y salida, y sabia que Elena era mas que una simple asistente. Había jugado con el en la fiesta, pero el no era un hombre fácil de engañar. Ahora estaba preparado para enfrentarse a ella, descubrir que tramaba y, si era necesario, destruir todo lo que estuviera en su camino.
Sus músculos se tensaban mientras su mente trabajaba a velocidad. El traje que llevaba apenas podia ocultar su cuerpo marcado, ese fisico tallado por años de esfuerzo y control. Gabriel siempre había sido un hombre de acción, de decisiones rápidas. No tenia tiempo para los juegos, ni para emociones que lo debilitaran. Pero Elena..ella había logrado atravesar esa coraza, y eso lo irritaba profundamente.
A las 11:45 p.m, Gabriel recibió una alerta en su celular. Las cámaras de seguridad en la planta baja habían captado una señal de intrusion. Su pecho se agito al ver la imagen: Elena y otro hombre estaban entrando. Sin esperar mas, Gabriel se puso en movimiento, su corazón bombeando con fuerza. No permitiría que su empresa cayera.
Elena y Luka se movían con rapidez, deslizando las tarjetas de acceso que habían conseguido. A cada paso, Elena sentía la presión aumentar. Sabia que no tenia mucho tiempo antes de que los detectaran. Llegaron al ascensor, pero justo cuando se abrieron las puertas, un ruido fuerte les hizo detenerse.
—¡Mierda! —exclamó Luka, apuntando con su arma hacia el pasillo oscuro.
De la sombra emergió una figura imponente. Gabriel. Su rostro era una mascara de furia contenida, sus ojos grises brillando con intensidad que asustaba. Llevaba un traje n***o ajustado, sin corbata, y su cabello ligeramente desordenado le daba un aire aun mas peligroso.
—Elena —dijo en voz baja, su tono casi seductor—. Sabía que no te quedarías tranquila después de la fiesta.
Elena intento mantener la calma, pero su cuerpo traicionaba la intensidad del momento. El ascensor detrás de ellos era su única salida, pero Gabriel bloqueaba el camino.
—Esto no tiene por qué acabar mal, Gabriel —respondió ella, con voz firme—. Sólo estamos aquí por información.
—Información —repitió Gabriel, dando un paso adelante—. ¿Eso es lo que buscas? ¿O simplemente querías verme de nuevo?
La pregunta la dejo helada. Luka levanto el arma, pero Gabriel lo desarmo en un solo movimiento, rápido y brutal. El golpe resonó en el pasillo, y Luka cayo al suelo aturdido.
Gabriel se acerco a Elena, acorralándola contra la pared. Su cuerpo estaba peligrosamente cerca del de ella, y Elina sintió su respiración acelerarse. Intento apartarse, pero Gabriel la sostuvo, sus manos fuertes atrapando sus muñecas con una firmeza que no dolía, pero tampoco permitía escape.
—¿Qué estás haciendo, Elena? —susurró Gabriel, su voz suave pero cargada de furia—. Creí que habías venido para jugar, pero veo que es algo más serio.
Elena lo miro a los ojos, y por un momento, todo lo demás desapareció. El mundo, el peligro, incluso Luka a su lado. Solo estaban ellos dos, en una batalla de voluntades que iba mas allá del conflicto en el que estaban inmersos. Las emociones que había intentado reprimir durante tanto tiempo se agolpaban en su pecho. Pero no podia permitirse caer, no ahora.
—No tienes idea de lo que está en juego, Gabriel —dijo ella, con una mezcla de desafío y desesperación—. Si supieras la verdad...
—¿La verdad? —Gabriel soltó una risa fría—. No me importa tu verdad, Elena. Solo me importa una cosa: proteger lo que es mío. Y te lo advierto, si vuelves a cruzar la línea, no seré tan indulgente como lo soy esta noche.
Elena sintió como el pulso de Gabriel vibraba en la cercania de su cuerpo. Era una amenaza clara, pero también había algo mas en su mirada, algo que no podia ignorar. El fuego entre ellos crecía, y la tension estaba a punto de estallar.
—Entonces, tendrás que detenerme —respondió ella, antes de soltarse con fuerza y correr hacia el ascensor.
Gabriel se quedó quieto por un segundo, observando cómo las puertas del ascensor se cerraban tras ella. Su mandíbula apretada mostraba la batalla interna que libraba. Elena se había convertido en mucho más que una intrusa. Ahora, era parte de algo que no entendía por completo, algo que lo consumía más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Mientras el ascensor descendía, Elena sabía que el próximo encuentro con Gabriel sería decisivo. Uno de los dos saldría victorioso, y el otro... simplemente caería.