Capitulo 8:La herida invisible

805 Palabras
El ascensor descendió rapidamente, pero para Elena cada segundo se sentia eterno. Apoyaba contra la pared metálica, luchaba por recuperar el aliento. El contacto con Gabriel aun quemaba su piel, como si sus manos hubieran dejado marcas invisibles en su cuerpo. Cada palabra, cada mirada intensa seguía rondando en su mente. Sabia que no debía sentirse así, que la atracción hacia el era tan peligrosa como irracional. Pero ahí estaba, latiendo dentro de ella como una herida que no dejaba de sangrar. El ascensor se detuvo en el sótano, y las puertas se abrieron con un chirrido. Luka seguía inconsciente en el pasillo superior, abandonado a su suerte. Elena salió al garaje subterráneo y se dirigió a toda prisa hacia la salida. El aire nocturno la golpeo en el rostro como una bofetada helada, despejando sus pensamientos, pero no lo suficiente. —¿Qué diablos estoy haciendo? —murmuró para sí misma, caminando sin rumbo, sintiendo que cada paso la alejaba más de la seguridad y la llevaba más profundo al abismo. Gabriel estaba furioso consigo mismo. No entendía por que la presencia de Elena lo descolaba tanto, por que había permitido que escapara cuando lo tenia todo bajo control. Se sentó en la silla de su oficina, apretando los punos con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Nunca había perdido el control así, no con nadie. Se paso la mano por el cabello húmedo, aun sintiendo la tensión del encuentro. No era solo su cuerpo el que respondía a Elena; su mente también había empezado a flaquear. Y eso era lo que mas lo irritaba. Había pasado toda su vida construyendo barreras, entrenando su mente para no dejarse llevar por impulsos. Pero con ella, todo eso se desmoronaba. Frustado, agarro su telefono y marco un numero. —Marta, necesito un informe completo sobre Elena Woods. Quiero saber cada detalle: desde sus antecedentes hasta sus últimas conversaciones. Y consigue a Luka también. Quiero respuestas esta misma noche. Colgo, su mandibula apretada. La sensación de haber sido derrotado lo carcomía por dentro, pero no solo por haber fallado en atrapar a Elena. Era la conciencia de que, por primera vez, alguien había tocado algo mas profundo en el. Elena llego a su apartamento, exhausta tanto física como emocionalmente. Cerro la puerta tras de si y se dejo caer en el suelo, rodeando sus piernas con los brazos. Quería llorar, pero las lagrimas no salían. En su vida, había aprendido a reprimir todo lo que dolía. Pero esa noche, la coraza comenzaba a romperse. Gabriel era mas que un enemigo Era alguien que la había hecho sentir viva de una forma que no comprendía. Cada vez que lo enfrentaba, era como si caminara al borde de un principio, sabiendo que cualquier paso en falso la haria caer. Y lo peor era que una parte de ella deseaba esa caída. De repente, su telefono vibro. Un mensaje nuevo. "Crees que puedes escapar, pero no has hecho más que empezar a perder. Nos veremos pronto." El mensaje no tenia remitente, pero Elena supo de inmediato quien lo había enviado. Gabriel estaba marcando territorio, asegurándoselas de que supiera que no lo dejaría ir tan fácilmente. Sintió una mezcla de temor y emoción recorrer su cuerpo, y eso la aterrorizaba mas que cualquier amenaza directa. Se levanto y camino hacia el espejo del baño. Observo su reflejo: el cabello desordenado, los ojos hinchados por el cansancio, la ropa arrugada. No se reconocia. La Elena que conocía habría enfrentado esta situación con frialdad, sin dejarse afectar. Pero ahora...ahora todo era diferente. Gabriel había logrado quebrar algo dentro de ella, y ni siquiera entendía como había sucedido. Se mojo el rostro con agua fría, intentando despejarse. Pero, aunque pudiera lavarse el cansancio, no podia borrar lo que había ocurrido. No podia quitarse la sensación de los dedos de Gabriel en su piel, ni el peso de su mirada sobre su alma. Gabriel se quedo solo en su oficina mientras la ciudad dormía. La luz tenue del monitor iluminaba su rostro, haciendo que las sombras parecieran mas profundas. No podía dejar de pensar en Elena. Sabia que era peligrosa, que había algo oculto tras sus intenciones. Pero también sabia que no podría mantenerse alejado de ella, aunque quisiera. De pie ante la ventana, observo la ciudad que se extendía mas allá del cristal. Se preguntaba si Elena estaba mirando el mismo cielo, si también sentía esa lucha interna que lo consumía. Por un momento, cerro los ojos e imagino como seria dejar de lado la guerra entre ellos, como seria tenerla cerca sin tener que pelear. Pero sacudió la cabeza. No podia permitirse esa debilidad. "Elena Woods es mi enemiga", se dijo a sí mismo, como un mantra. "Nada más." Pero en el fondo, sabía que esa era una mentira más.
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