Luka se despertó con un dolor punzante en la cabeza, la boca seca y un malestar que le hizo fruncir el ceño. Tendido en un sofá de cuero en un departamento poco familiar, su cuerpo resentia los golpes de la noche anterior. Los recuerdos llegaron en fragmentos: la entrada fallida en Ecotex, la mirada fría de Gabriel, el sonido metálico del arma que había perdido. Y luego...oscuridad.
Luchando contra la nausea, se levanto lentamente. El departamento en el que estaba era lujoso, con muebles minimalistas, paredes en tonos grises y ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. No era su hogar, eso estaba claro. Al otro lado de la habitación, sentado con una copa de whisky en la mano, estaba un hombre de cabello oscuro y facciones atractivas. El tipo de hombre que Luka solía notar sin querer hacerlo demasiado evidente. Su mirada penetrante, como si disfrutara de su confusión.
—Finalmente despiertas —dijo el hombre con voz grave, casi divertida.
—¿Dónde estoy? —preguntó Luka, todavía aturdido.
El hombre se inclino hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. Llevaba una camisa blanca ligeramente desabotonada, que dejaba ver un tatuaje en la clavícula. Luka evito su mirada unos segundos, intentando no dejar que sus pensamientos se desviaran. Sabia controlar sus impulsos, pero había momentos en los que era mas difícil de lo que quería admitir.
—Un lugar seguro, por ahora —respondió el hombre, ofreciéndole un cigarrillo que Luka rechazó con un movimiento de cabeza—. Tienes suerte de estar vivo después de la pequeña aventura de anoche. No muchos se cruzan con Gabriel Moreau y viven para contarlo.
—¿Quién eres tú?
El hombre sonrió de lado.
—Digamos que alguien interesado en mantenerte fuera del radar por un tiempo. Puedes llamarme Olivier.
El nombre le resultaba vagamente familiar, pero Luka decidió no preguntar mas. Sus instintos le decían que, aunque Oliver no fuera una amenaza inmediata, no debía confiarse. Luka se recostó en el sofá, intentando procesar lo que había sucedido. Sabia que habían fracasado en la misión, que Gabriel había estado a punto de destruirlos. Pero lo que mas lo inquietaba no era el fracaso, sino el modo en que Gabriel lo había mirado justo antes de dejarlo inconsciente. Como si lo conociera. Como si supiera algo que el no comprendía del todo.
La vida de Luka había sido una serie de contradicciones desde que tenia memoria. Como hacker y estratega, siempre había preferido las sombras. Le gustaba ser invisible, observar sin ser visto, controlar situaciones desde lejos. Pero su atracción por los hombres no era una opción, y el deseo era un lujo peligroso. Luka lo había aprendido a golpes, tanto figurativos como literales.
Desde adolescente, había ocultado sus sentimientos bajo capas de ironía y sarcasmo. El amor era un concepto abstracto, algo que pertenecía a otros, pero nunca a el. A cambio, había abrazado la soledad con una resignación calculada, aunque eso no le impedía involucrarse en aventuras esporádicas con otros hombres. La intimidad fugaz era su única valvulares de escape. Nada de ataduras, nada de complicaciones.
Con los años, había perfeccionado la habilidad de separarse emocionalmente de sus encuentros. Pero, en secreto, le pesaba la ausencia de algo mas profundo. Cada mirada furtiva, cada beso robado en la penumbra de un bar, le dejaba mas vacío que antes. Sin embargo, ese vacío era mas soportable que el riesgo de mostrarse tal como era.
Ahora, esa soledad se hacia mas evidente que nunca. La misión había fracasado, y Gabriel se habia convertido en un peligro no solo para su vida, sino también para su estabilidad emocional. Luka lo odiaba por la forma en que había intervenido en sus planes, pero no podia negar que había algo en el que lo atraia. El poder que emanaba, la frialdad calculada. Esa mezcla de peligro y control era exactamente el tipo de hombre al que Luka debía evitar, pero al que inevitablemente terminaba acercándose.
Después de varias horas, Luka decidió que era hora de marcharse. Oliver lo observo con atención mientras el se ponía la chaqueta, sus movimientos aun algo torpes.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Olivier, inclinando ligeramente la cabeza.
Luka lo miró con una sonrisa cansada.
—Intentar no morir, por ahora.
Oliver rio entre dientes y se levanto del sofá, acercándose demasiado, casi invadiendo el espacio personal de Luka.
—No es tan sencillo cuando estás en la mira de Gabriel. Ten cuidado, chico. A algunos les gusta jugar con fuego, pero a ti te veo con ganas de quemarte.
Luka sostuvo la mirada de Oliver, sin permitir que las palabras lo desarmaran, aunque sentía como esa atracción peligrosa volvía a encenderse en su interior. Con un gesto brusco, se dio media vuelta y salió del apartamento, dejando atrás el aroma a whisky y humo de cigarro que impregnaba el aire.
Al caer la noche, Luka caminaba por las calles iluminadas de la ciudad, intentando encontrar algún resquicio de claridad en medio del caos que lo rodeaba. No tenia miedo de Gabriel, pero si de lo que empezaba a despertar en el cada vez que lo enfrentaba. Era la misa sensación que había experimentado tantas veces antes: un deseo imposible, un peligro inminente.
Sabia que las próximas horas serian cruciales. Elena estaba mas involucrada de lo que el había anticipado, y Gabriel no iba a dejarla en paz. Y, como siempre, Luka se encontraba en medio del fuego cruzado, obligado a elegir entre la lealtad y el instinto.
El rugido de un auto deportivo lo saco de sus pensamientos. Una figura conocida apareció en la esquina: Gabriel. De pie junto a su Aston Martin n***o, con las manos en los bolsillos y esa expresión impenetrable en su rostro, como si supiera que Luka aparecía.
Luka se detuvo en seco, sintiendo como el corazón le latía en los oídos. Sabia que enfrentarse a Gabriel de nuevo seria peligroso. Pero también sabia que, al igual que una polilla atraída por la llama, no podía evitar acercarse.
—Sube —dijo Gabriel, su voz baja y firme.
Luka titubeo por un momento, pero luego se acerco al auto. La noche aun era joven, y el peligro apenas comenzaba.