Luka se sentó en el asiento del copiloto del Aston Martin, sintiendo la suavidad del cuero bajo sus dedos. A su lado, Gabriel conducía en silencio, con la misa expresión severa de siempre. El motor del auto rugía bajo la lluvia que caía sobre la ciudad, y el viento frio se colaba por una pequeña r*****a en la ventana. A pesar de la atmósfera tensa, había algo en ese silencio que inquietaba a Luka mas que cualquier palabra.
—¿A dónde vamos? —preguntó finalmente, sin poder soportar más la incertidumbre.
Gabriel apretó ligeramente el volante, sus nudillos fueron lentamente marcándoselos bajo su piel.
—A un lugar seguro. Necesitamos hablar. Y esta vez sin interrupciones.
Luka lo miro de reojo, preguntándose que tenia planeado Gabriel. A lo largo de su vida, había aprendido a detectar la mentira en las personas, pero Gabriel era un enigma. Cada palabra suya parecía contener un significado oculto. Había peligro en sus intenciones, pero también algo fascinante que mantenía a Luka al borde del abismo. Como si, pese a la amenaza latente, quisiera saber donde podría llegar.
Llegaron a una residencia en las afueras de la ciudad. La mansión era moderna, con ventanales que reflejaban las luces del exterior y una verja que se cerro automáticamente tras ellos. Gabriel apago el motor y salió del auto, sin esperar a Luka, quien lo siguió rápidamente. El air eolia a tierra mojada y madera, un contraste con la frialdad urbana que habían dejado atrás.
—Ven —ordenó Gabriel, sin mirarlo mientras abría la puerta principal.
Luka entro, sus ojos recorriendo la elegante sala de estar. Era evidente que la riqueza no era un problema para los Moreau. El marmol blanco, las obras de arte minimalistas y la iluminación suave daban al lugar un aire sofisticado y frio, muy acorde con la personalidad de Gabriel. Luka noto una mesa con documentos dispersos y una botella de whisky a medio terminar.
—No quiero rodeos —dijo Gabriel mientras se quitaba la chaqueta de cuero—. ¿Qué buscabas en Ecotex?
Luka frunció el ceño, consciente de que cualquier respuesta en falso podría costarle caro.
—Teníamos órdenes de recuperar unos archivos. No sabía exactamente qué contenían. Solo seguía instrucciones.
Gabriel se acerco lentamente, sus ojos fijos en los de Luka, como si tratara de leer cada pensamiento oculto en su mente.
—Teníamos órdenes de recuperar unos archivos. No sabía exactamente qué contenían. Solo seguía instrucciones.
Gabriel se acerco lentamente, sus ojos fijos en los de Luka, como si tratara de leer cada pensamiento oculto en su mente.
—Esos archivos pertenecen a mi familia. Y quien los buscaba no era solo un cliente común. Tú y tus amigos están involucrados en algo mucho más grande. ¿Sabes quién está detrás?
Luka aparto la mirada, incomodo bajo el escrutinio de Gabriel. No era un hombre que se intimidara fácilmente, pero había algo en la intensidad de Gabriel que lo hacia sentir vulnerable. Como si cada secreto suyo estuviera a punto de ser desnudado.
—No lo sé —admitió finalmente.
Gabriel suspiro, llevándose una mano a la nuca. Parecía debatirse entre la irritación y algo mas profundo, algo que Luka no lograba identificar. Antes de que pudiera decir nada mas, el sonido de pasos ligeros resonó por el pasillo.
—¿Interrumpiendo tus negocios otra vez, hermano? —dijo una voz suave pero burlona.
Luka se giró hacia la entrada y lo vio. Damien Moreau.
Damien era tdo lo que Gabriel no era. Donde Gabriel era severo y contenido, Damien irradiaba carisma y libertad. Llevaba una camiseta ajustada de color oscuro y jeans desgastado, que realzaba su figura atlética. Su cabello ligeramente despeinado parecía estratégicamente descuidado, y una sonrisa picara se dibujaba en sus labios. Luka sintió que su pulso se aceleraba al instante.
—¿Este es el chico del que me hablaste? —preguntó Damien, lanzando una mirada rápida a Gabriel antes de volver su atención hacia Luka.
Luka intento mantener la compostura, pero había algo en Damien que lo desarmaba por completo. Quizás era la forma en que lo miraba, como si lo conociera desde siempre, o esa confianza despreocupada que contrastaba con la tensión que Gabriel siempre imponía.
—¿Qué quieres, Damien? —preguntó Gabriel, claramente molesto por la interrupción.
—Relájate, solo quería conocer al famoso hacker que te está causando tantos problemas —respondió Damien, ignorando por completo la hostilidad de su hermano. Se acercó lentamente a Luka, sus ojos oscuros analizándolo como si fuera un juguete nuevo—. ¿Te gusta meterte en problemas, verdad?
Luka sintió como se le secaba la boca. Había conocido hombres atractivos antes, pero Damien era diferente. Había una intensidad en el que lo envolvía, una mezcla de peligro y diversión que resultaba imposible de ignorar. Por un segundo, olvido que estaba en una situación delicada. todo lo que podia pensar era en la proximidad de Damien y en como su mirada le hacia sentir expuesto, pero de una manera excitante.
Damien le dedicó una sonrisa ladeada, notando el efecto que tenía en Luka.
—Tranquilo, no muerdo. A menos que quieras —dijo en un tono bajo que provocó que un escalofrío recorriera la espalda de Luka.
—Damien, basta —intervino Gabriel con firmeza, dando un paso hacia ellos—. No estamos aquí para tus juegos.
Damien alzó las manos en un gesto inocente, pero su sonrisa no desapareció.
—Solo intento ser amable, Gabriel. No todos tenemos esa actitud glacial tuya.
Luka desvio la mirada, sintiendose atrapado entre dos polos opuestos. Gabriel representaba el control y la frialdad implacable, mientras que Damien era caos y seducción pura. Ambos eran peligrosos, pero de maneras diferentes. Y el se encontraba justo en medio, atraído irremediablemente hacia ambos.
—Escucha, Luka —dijo Gabriel, volviendo a tomar el control de la conversación—. Necesito que trabajes conmigo. Los archivos que buscabas contienen información que podría destruir a mi familia si caen en las manos equivocadas. Y estoy seguro de que tus jefes ya lo saben.
—¿Y qué gano yo? —preguntó Luka, cruzando los brazos, intentando recuperar algo de su compostura.
Antes de que Gabriel pudiera responder, Damien se adelantó, su voz impregnada de diversión.
—Tal vez nosotros podamos darte algo más interesante que dinero, ¿no crees?
La mirada de Damien fue suficiente para encender de nuevo esa chispa peligrosa en Luka, que intentó ignorarla pero falló miserablemente.
—Cállate, Damien —gruñó Gabriel, visiblemente frustrado—. Luka, esta es tu única oportunidad. O trabajas con nosotros, o te enfrentarás a consecuencias que no podrás manejar.
Luka respiró hondo, consciente de que había entrado en un juego mucho más peligroso de lo que esperaba. Pero también sabía que la verdadera amenaza no era el trato con los hermanos Moreau. Era la forma en que ambos, de manera diferente, estaban empezando a colarse bajo su piel.
Y eso lo asustaba más que cualquier archivo clasificado.