Los problemas siempre te perseguirán si nunca los enfrentas, a veces lo mejor no es huir, todo lo contrario. Si no estás dispuesto a dejar ir el miedo para dar el paso, puede que cuando estés listo para cambiar el mundo haya avanzado sin ti. Todos necesitamos espacio y tiempo para un proceso de reflexión sano, pero también hay que saber aceptar que las cosas no esperan, nada se detiene, todo sigue avanzando. Aceptar que hay un paso para dar y que eso nos entregará cierta libertad porque esa valentía es algo que no debemos ignorar. Sin miedo no estamos vivos, pero ese mismo miedo también nos impide vivir. Sal al mundo con una sonrisa.
Lisa había estado pensando mucho, sabía que si daba un paso en falso todo podía salir mal, pero no podía dejar de pensar en la idea de que tal vez y solo tal vez podía hacer pagar a la familia Santoro por todas las cosas que le habían hecho. Sí, ella comprendía que el único culpable de lo que le había sucedido era Franco, el padre, pero no podía olvidar la expresión de burla y asco en los ojos de Carmina. Ella lo había descubierto y el lugar de ponerse en su lugar simplemente la había juzgado, odiándola en el proceso. Lisa nunca se hubiera involucrado con ese hombre de saber que estaba casado, era algo que no hacía, pero nadie se lo había advertido, nunca nadie ni siquiera en la oficina le mencionó ese detalle.
Comprendía muy bien que había sido una tonta y una crédula. Eso lo había aprendido de un modo ortodoxo por lo que mucha de la inocencia que todavía permanecía en ella se había perdido. Sin embargo, luego de mucho dolor había comprendido que aunque había cambiado tal vez podía sacar algo bueno de aquella experiencia, creciendo, volviéndose mejor, más astuta y más inteligente. Ser buena en su trabajo era algo que se le había dado naturalmente, pero era en IA Tecno que había logrado desarrollarse y tener una reputación, la mejor de todas. Ahora pensaba arriesgarlo todo por algo que ella había jurado pertenecía a su pasado, no dejaba de repetirse que no valía la pena, pero su mente parecía no escucharla porque cada vez que la imagen de Alessandro Santoro aparecía, el rencor regresaba.
El rencor y muchos otros sentimientos que se negaba a admitir, ese era el mayor problema de todos. Con un suspiro se levantó de su cama y se duchó, desayunó lo primero que encontró para bajar al estacionamiento y conducir hasta a oficina. Se suponía que tendría un día bastante ocupado así que entró en la oficina después de saludar a Andrea como todos los días. En su correo tenía bastante trabajo que no había terminado de completar y ya se acumulaba más. Centró toda su atención en resolver primero los pequeños problemas de confirmación que se presentaban y luego se quedó con aquellos que requerían de corrección directa. Recibió varias llamadas que no se molestó en contestar.
-Para ser la persona con la que voy a trabajar- comentó una voz en su puerta -eres bastante difícil de conseguir.
-Lo lamento, Lis- dijo Andrea desde atrás -no pude detenerlo.
Su secretaria tenía una mueca inmensa en los labios.
-Descuida, está todo bien Andrea- aclaró ella -estaba esperando a señor Santoro.
-No lo sabía.
-Olvidé agendarlo, sabes como soy con los recordatorios- excusó ella con una sonrisa.
-Eso sí lo sé- se burló un poco su secretaria -¿les traigo algo?
-No, está bien.
Andrea asintió antes de retirarse. Ella observó al hombre de pie en su puerta y esperó unos minutos solo para castigarlo, nadie entraba a su oficina de ese modo.
-Me tienes esperando de nuevo, ¿eh?- Comentó Alessandro con una sonrisa.
-Es lo menos que te mereces- argumentó ella -venir a mi oficina sin una cita y además entrando de ese modo. ¿No pensaste que de ser otro tipo de jefa podrías haberla metido en problemas?
-No creí ni un segundo que fueras una tirana en el trabajo- soltó él con esa sonrisa típica.
-Eso no lo sabes- negó ella con fuerza.
-Lo sé, los empleados de jefes tiranos suelen estar nerviosos- explicó él -tu secretaria allá afuera estaba sonriendo cuando yo llegué. No puedes engañarme.
-¿Eres tú el tirano?- Inquirió ella pensando en sus palabras.
-Trabajé con alguien que lo era, no fue una experiencia agradable- explicó él sin decir mucho más.
Ella lo observó pensando en Franco. Cualquiera podría decir que ese hombre era todo un tirano, en cada aspecto de su vida, no le sorprendería si Alessandro estuviera hablando de su propio padre. Un sentimiento de empatía creció con una suave flama en su pecho hasta que ella la apagó con el rencor de los recuerdos. Con un suspiro profundo se levantó de la silla y lo miró con severidad.
-Esta es mi oficina, así que tienes que seguir mis reglas- reclamó con seriedad -puedo jugar y reír fuera de este lugar, pero mi trabajo me lo tomo en serio. No puedes presentarte cada vez que quieras y mucho menos sin una cita, la próxima vez no mentiré, ni siquiera me tomaré la molestia de atenderte. Estamos trabajando juntos, seamos profesionales.
Todo el semblante de Alessandro cambió en un instante. Sus ojos se mostraron sorprendidos antes de que la seriedad cubriera todas sus sonrisas. Una solemnidad serena fue todo lo que percibió y se sorprendió con aquel cambio drástico. Debía tener cuidado porque aquel hombre era un excelente actor, hasta el momento solo había seguido sus palabras, pero no confiaba lo suficiente en él.
-Si quieres puedes sentarte- ofreció ella finalmente y cuando él lo hizo ella regresó a su silla -¿por qué estás aquí hoy?
-Creo que nuevos ajustes para la campaña- afirmó él mostrándole una carpeta -traje varias ideas que creo que podrían ayudarnos, así puedes decime tu opinión y el viabilidad de estas proposiciones.
-De acuerdo, déjame verlo.
Él le entregó la carpeta y ella revisó cada página con interés. Nunca, desde que había comenzado a trabajar en la empresa de su hermano, se había conseguido a una persona capaz de darles nuevas ideas que pudiera mejorar o complementar las estrategias que ella ideaba, pero eso era exactamente lo que estaba haciendo Alessandro y estaba bastante impresionada. Tomando nota de todo lo que podía servirles ella comentó cada aspecto y él respondió con asertividad. Era como estar en cualquier otra reunión de negocios, algo que para su molestia, la decepcionó. La compañía de Alessandro siempre había resultado mucho más interesante.
-Estas ideas son realmente buenas- comentó ella cuando estaban terminando.
-Soy publicista- le explicó él con simpleza.
-¿En serio?- Soltó ella sin comprender -entonces, ¿por qué estás trabajando con nosotros cuando pudieras hacerlo tú?
-Porque ambos sabemos que la credibilidad no es algo que puedas publicitar- afirmó él.
-Así que quieres aprovecharte de nuestra imagen- comentó ella con una sonrisa.
-¿No lo hacemos todos?- Siguió Alessandro con inteligencia -yo consigo credibilidad aquí y ustedes pueden decir que están asociados con una empresa de renombre a otro lado del charco.
-Ganar, ganar- finalizó Lisa.
Unos minutos pasaron en los que ninguno de los dos dijo nada. Fue extraño, pero él no había vuelto a sonreír. La había exigido profesionalismo y ahora se quejaba de eso aunque al menos no había llegado a decirlo en voz alta.
-Creo que eso sería todo- comentó él levantándose -será mejor que regrese a la oficina.
-Ya es casi la hora del almuerzo- soltó ella sin comprender de donde venía el comentario.
-Lo sé, buen provecho- le ofreció él antes de acercarse a la puerta.
Ella intentó con todas sus fuerzas contenerse, pero las palabras pudieron más que su propia voluntad. A veces se sentía como una tonta.
-¿Te gustaría almorzar conmigo?- Le preguntó ella antes de que se fuera.
Alessandro se volteó con confusión en los ojos.
-Por supuesto- aceptó él.
Lisa sonrió con algo de incomodidad antes de tomar su cartera y caminar a la salida de la oficina. Andrea le sonrió al verla salir.
-Almorzaré afuera- le dijo -nos vemos en un rato.
-Buen provecho- dijo la mujer.
-Igualmente.
Alessandro la siguió hasta los ascensores, ella sentía las miradas curiosas a su alrededor, pero no se volteó. Bajaron hasta el estacionamiento y ella caminó hasta su auto, él todavía la seguía. Lo invitó a subirse para poder conducir a uno de sus restaurantes favoritos.
-Espero que te guste la comida italiana de aquí- comentó ella para intentar romper un poco el silencio en el auto.
-Probablemente- fue su simple respuesta.
Ellos llegaron al lugar y se sentaron en una de las primeras mesas. Ordenaron lo que quisieron del menú junto a unas bebidas frutales. El silencio seguía agobiándola y no podía dejar de pensar en a diferencia con respecto a este Alessandro a aquel que se había encontrado la noche anterior en el bar. Eso era su responsabilidad, le había lanzado una charla sobre el profesionalismo y la forma de comportarse con ella y ahora se arrepentía.
-De acuerdo, lo lamento- confesó ella con una mueca -sé que pude ser bastante dura con todas las cosas que dije antes, pero pensé que sería algo bueno y la verdad es que me sorprendiste llegando a la oficina de ese modo.
-¿Qué intentas decir?- Inquirió él mirándola directamente.
-Me gusta más cuando te ríes e intentas que salga contigo- musitó Lisa -no es que eso sea bueno en el trabajo, pero no estamos en la oficina y no has dicho una sola palabra.
De pronto la sonrisa brillante de Alessandro brilló en sus labios.
-Vamos avanzando cada vez más- comentó él -me gusta que confieses que te gusta que te coquetee. Es todo un placer.
-¿Qué hice qué?- Se quejó ella con burla.
-Sabes que ya no puedes echarte para atrás, guapa- afirmó él riéndose -ahora tienes que reír conmigo.
-Lo hago- afirmó ella con una sonrisa.
El mesero regresó con sus platos y ellos degustaron la comida con intensidad, para ella estaba tan buena como siempre.
-¿Qué te parece?- Preguntó Lisa -la comida italiana debe ser tu especialidad.
-Es bastante buena para no ser de Italia- concluyó Alessandro con una sonrisa -pero mis estándares deben mantenerse elevados.
Ella no pudo evitar reír. Comieron con una conversación ligera que fluía entre ellos hasta que el postre llegó.
-¿Me dirás ahora que cambiaste de parecer sobre esa cena?- Insistió él reclinándose en la mesa.
-¿Vas a confesar que fuiste al bar que frecuento solo con la excusa de encontrarme?- Ella atacó riéndose de la expresión de perplejidad en el rostro de Alessandro -no soy tonta, sé que no es un lugar que le quede cerca a nadie.
-Fue idea de Piero- se defendió él.
-Lo dudo mucho- negó ella -Piero no parece ser un snob o una persona que busque tragos de excelente calidad.
-Eso lo ofendería.
-Pero no significa que esté equivocada- siguió ella riéndose de nuevo.
-Solo necesitábamos un trago- insistió él sin dar demasiada información -esa noche no fue sencilla. Tuvimos que atender bastantes asuntos… de la compañía. Así que salimos a despejarnos.
-Voy a fingir que lo creo- aceptó Lisa.
Con una sonrisa ambos bebieron de sus vasos.
-Regresemos a la cena que es el tema que nos interesa- agregó él haciéndola reír.
-¿Nos interesa?- Se burló un poco.
-A ti más que a nadie- siguió él con seriedad.
Las carcajadas se escucharon en todo el restaurante.
-No puedo creerlo- comentó ella -eres increíble.
-Eso solo me da más puntos- argumentó Alessandro -sobre esa cena…
-¡Nunca había conocido a nadie tan insistente!- Exclamó ella con intensidad -ni siquiera mis amigas y eso es decir demasiado considerando que Ale viajó a Holanda por su esposo.
-Tus amigas me agradan- afirmó él -cuéntame más sobre ellas.
-No voy a darte más información- negó ella con una sonrisa -no la necesitarás.
-Pero vas a aceptar la cena…- siguió él con esa sonrisa que tanto le gustaba.
-Nada de cenas- se rindió ella con una suspiro -eso se sentiría demasiado como una cita. Un bar es perfecto, unos tragos, un poco de comida chatarra y listo.
-Bueno podemos posponer la cena- concedió él y ella reía -si eso te gusta más, iremos por unos tragos.
-Está bien.
-¿Cuándo?
-El fin de semana- dijo ella -no me gusta mucho salir entre semana.
-Lo entiendo- aceptó Alessandro -entonces el viernes paso a buscarte.
-Preferiría…
-¿…Que te buscara en lugar de encontrarnos en algún sitio?- Interrumpió él -estoy de acuerdo con eso.
-Eres insufrible- se quejó ella sin dejar de reír.
-Pero irás a beber conmigo- argumentó él -y como te dije, cambiarás de parecer sobre esa cena.
-Estás muy seguro de ti mismo, ¿no te parece?- Retó ella con algo de picardía.
-Lo suficiente- convino él correspondiendo el gesto.
Fue como si la intensidad y la malicia jugaran en sus ojos, estaban conectados intentando medir al otro, pero solo podían encontrar a una persona que aceptaría el reto de forma intensa y directa. Era impresionante y le gustaba. Ese hombre la atraía, pero había mucho más allí, sobre todo cuando reconoció el deseo en su cuerpo así como en los ojos masculinos que no la perdían de vista ni un segundo. Ella desvió la mirada antes de que algo más sucediera.
-No lo estés tanto- afirmó ella con algo oculto en la voz -solo salgo a cenar con aquellas personas que me resultan interesantes.
-Y yo lo soy, Lisa- argumentó él con el mismo tono -no creas que no noto la forma en la que me miras.
-Por alguna razón me agrada tu seguridad- confesó ella con calor en el cuerpo.
-Y a mí que sepas admitir algo en el momento preciso- convino él -eres una mujer fuerte y capaz, pero no temes mostrar lo que estás pensando incluso aunque te deje un poco vulnerable.
-Eso nunca pasa- negó ella con acero y fuego en los ojos.
El mesero regresó para preguntarles si deseaban algo más del menú y ella pidió la cuenta. Unos minutos más tarde salían del restaurante, podía sentir la mirada intensa de Alessandro recorriéndola, cada movimiento o cada señal era información para él. Regresaron al auto y esta vez él subió sin invitación, la sonrisa pícara se mantenía en los labios masculinos por lo que ella no pudo evitar devolvérsela. Ese hombre era irresistible, lo había sabido desde el inicio y ahora estaba atrapada en sus propios planes. A veces podía ser bastante tonta.
-Podría dejarte en tu oficina- ofreció ella.
-Eso sería fantástico- aceptó él -sobre todo considerando que Piero fue quien me dejó en IA Tecno.
-¿No llevaste tu auto?- Preguntó ella.
-Mi primo lo necesitaba- explicó él de nuevo sin decir demasiado.
Lisa asintió antes de comenzar a conducir hasta donde se suponía que era la empresa Santoro. No conocía muy bien la vía, pero fingía hacerlo. Podía sentir la mirada de Alessandro sobre ella, la observaba, cada gesto y la ponía nerviosa. Era como si quisiera descubrir cada pensamiento que pasaba por su mente, le gustaba al mismo tiempo que la alteraba. Necesitaba causar esas mismas reacciones en él, o ser ella quien se sintiera siempre de ese modo.
-No hay demasiada gente que pueda hacerme cambiar de parecer- comentó ella.
-Me alegra ser parte de esa lista- admitió él -la verdad es que no me rendiría de todos modos, es solo la persona que soy.
-Tampoco hay mucha gente que me haga olvidar el profesionalismo de la forma en la que lo haces- siguió ella.
Alessandro la miró con orgullo y algo de calor. Le habían encantado sus palabras y por la reacción de su cuerpo, ella también había logrado alterarlo. Eso era exactamente lo que quería.
-Eso me gusta incluso más, guapa- afirmó él -de todas formas, los tragos no le hacen daño a nadie.
Ella no pudo evitar reír con fuerza.
-Mis resacas no dirían lo mismo- explicó con burla.
-Yo no suelo sufrir de esos dolores- se burló él con una sonrisa -mi cuerpo es una maquina bien ajustada.
-Hay muchas formas de cambiar eso- ironizó Lisa.
-¿Ahora quieres hacerme daño?
-Por supuesto que no- negó ella con un extraño asombro sabiendo que sus palabras eran sinceras.
-Entonces te ofrezco mis cuidados- comentó él -cuando el alcohol haga sus efectos, prometo estar allí.
-¿Incluso aunque tome malas decisiones?- Inquirió ella con intensidad como si aquello fuera de vida o muerte.
-Sobre todo en esos momentos.
-Veremos.
Se estacionó a un lado del que reconoció como el edificio de la compañía Santoro y esperó a que Alessandro se bajara.
-Gracias por el almuerzo, fue un placer- se despidió él -nos vemos el viernes.
-Nos vemos- dijo ella con una sonrisa.
Como un gesto inesperado Alessandro se acercó lentamente y tomo su mano con delicadeza, su corazón se aceleró al sentir aquella corriente recorrer su cuerpo con intensidad una vez más. Ella se estremeció y vio como él se inclinaba para depositar un beso sutil en el dorso de su mano. Fue un gesto clásico que jamás se imaginó que le sucedería, por lo que no supo cómo reaccionar a aquello, solo sintió como se ruborizaba por el gesto. Unos segundos más tarde él se bajaba del auto con una sonrisa que la hechizó de alguna forma. Lisa se quedó allí unos segundos hasta recuperarse antes de arrancar el auto para regresar a la oficina para continuar con su trabajo.
El resto de la tarde transcurrió con tranquilidad, ella se centró en su trabajo hasta que su día laboral terminó y ella regresó a su departamento. Los sucesos del día se repitieron en su mente y consideró sus opciones, era bueno que Alessandro Santoro fuera tan insistente porque le ahorraba el trabajo de acercarse a él. Sin embargo, esas palabras sinceras resonaban en su mente. Ella no quería lastimarlo, todavía detestaba a su familia, pero tal vez Alonso tenía razón y no podía culpar al hijo por las cosas horribles que había hecho el padre. Era algo que merecía consideración así como tal vez la opinión de un tercero. Con un suspiro supo que era el momento de hablar con sus amigas.