CAPÍTULO VEINTISIETE Catalina pensaba que no podría ver el taller del herrero de nuevo y mucho menos dirigirse hacia él con un carro lleno de las espadas y los mosquetes de los enemigos a los que había derrotado. Pero eso es lo que estaba haciendo, pues Lord Cranston la había mandado con ellos para que los forjaran de nuevo y usaran el acero en placas para las armaduras. También le había dado una bolsa de monedas: su parte por luchar con la compañía. A Catalina nunca le habían pagado por trabajar. Siempre la habían contratado para recibir órdenes o como aprendiz para aprender. Will tenía su propia pequeña bolsa de monedas. Iba en el carro con ella, parecía feliz por el incentivo y por haber superado la batalla ileso. Catalina podía ver lo suficiente de sus pensamientos para saber que est
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