El campo tuvo la serenidad justa para que la mente de Emanuel lograra aquietarse, pero no así su corazón. Si bien sabía que su padre había cumplido con su pedido y eso le devolvería la sonrisa a Josie, su ausencia había comenzado a dejar un hueco tan profundo que solo se acrecentaba más y más al recorrer cada lugar en el que habían estado juntos. Sus ojos, sus sonrisas, sus caderas, todo regresaba como puñaladas lascivas para su corazón. Había pensado en escribirle, en llamarla y en tomar su motocicleta y acelerar hasta volver a tenerla entre sus brazos, pero todo le parecía injusto, él había sido injusto, la había lastimado y ahora que la sabía feliz, no se permitía volver a arruinarlo. Durante el día, caminaba largas horas, ayudaba a Don Felipe con algunas tareas y tomaba fotografías

