Josie avanzaba sin poder contener su velocidad, su corazón golpeaba su pecho como si fuera un caballo desbocado y sus manos temblaban chocando contra su cuerpo con fuerza. Había oído cada palabra que Santi le había dicho y aún no podía creerlas. Sabía que él no inventaba nada, que siempre decía la verdad pero su mente no se permitía creer aquello. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Cómo había dejado pasar tanto tiempo? ¿Cómo no habían sospechado antes? No se perdonaba a sí misma, tenía el alma a punto de salir de su cuerpo. Se sentía una tonta y eso era algo que comenzaba a dolerle más que su ausencia. Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Emanuel sonreía sin sacar su vista de la puerta. Era su primera exposición, la galería estaba repleta, pero su mente es

