—Ti appartengo ¿quando mi hai comprato? ¿dove sono i giornali maledetto bastardo? (Te pertenezco ¿cuándo me compraste? ¿Dónde están los papeles?, maldito cabrón) —suelto firme arqueando una ceja y sosteniendo su mirada, no voy a permitir que me humille.
—Me encanta cuando hablas de esa forma, me pones muy duro —dice encima de mí y aprieta mis senos. No cabe duda de que éste hombre está enfermo, no puedo seguir un instante más aquí. Pero tengo que ser inteligente y darle lo que quiere.
Me apego a su cuerpo y comienzo a acariciar sus brazos y su pecho, a él le gusta que lo toque. Él muy imbécil cree que lo deseo, cuando solo quiero sacar la llave que guardó en los bolsillos traseros de su pantalón cuando entro. Quizás entre caricia y caricia no sienta cuando se la quite.
Decidida a cumplir mi plan le quitó la camisa y dejó su torso desnudo. Él baja su mano por mi abdomen y luego se abre paso por debajo de mi pantalón e introduce un dedo en mi intimidad con mucha facilidad.
—Estás tan mojada —su respiración acelerada resuena en el interior de la máscara. Sí, sé que mi cuerpo está respondiendo ante él pero no pierdo de vista mi objetivo.
Deslizó mis manos por su espalda y bajo, por fin llegue al pantalón.
En eso siento que el introduce otro dedo, continúo y con disimulo meto mi mano en un bolsillo y para mí suerte la encuentro. La saco y oculto la mano en la que tengo la llave, debajo de mi cuerpo. Sigo “acariciándolo” con la otra mano.
—Me gusta que seas así —inquiere jadeando y me sujeta la mano con la que lo estaba acariciando. La lleva hasta su pelvis y me obliga a meter la mano por debajo de su pantalón y tocar su gigantesco m*****o.
—Vamos, compláceme —ordena y lo hago. Muevo mi mano de arriba abajo y lo escucho gemir. Ya es hora de llevar acabó mi plan de escape. Sujeto con fuerza sus testículos y los aprieto lo más que puedo.
Él ahoga un grito de dolor y se retuerce, lo miro divertida desde abajo. Él logra incorporarse un poco por sobre mi cuerpo y lo suelto. De inmediato levanto mi rodilla y lo golpeó justo en aquella erección gigantesca que tenía. Él grita y cae de la cama. Aprovecho y me levanto rápido, corro sin mirar atrás y abro la puerta con la llave.
— ¡¡Esta me la pagas, Eunji!! —lo escucho gritar antes de cerrar la puerta bajo llave. Ya afuera me encuentro con un largo y muy estrecho pasillo.
— ¿Qué es este lugar? —Corro por el pasillo y al final logró visualizar una puerta. Abro con la llave, y frente a mi aparecen una escalera en forma de espiral ascendente ¿pero qué mierda es este lugar? Subo a toda prisa y me encuentro con otro pasillo. Este es un poco diferente al de abajo, es más amplio y de color blanco.
Llego a una puerta grande de metal, ¡no puede ser! Mis esperanzas caen al suelo cuando veo una pantalla digital, él maldito la tiene con contraseña, es obvio que jamás podré abrirla. Noto que en el centro de la puerta hay una ventanilla de cristal, me asomo y visualizo unas cajas del otro lado, ¿es una bodega? no sé, ojalá pudiera abrir esta puerta.
— ¡¡Adonde crees que vas!! —Doy un respingo, mi cuerpo tiembla cuando escucho esa voz, me giró y lo veo acercándose rápido. Mi asustado corazón quiere salirse de mi pecho.
Pero mi cabeza me saca del trance y no sé de dónde saca el coraje para hacerlo pero con el codo rompo el cristal de la ventanilla, y de este caen varios pedazos hacia afuera, miro una pieza que quedó y la arrancó. Creo que por la adrenalina del momento no siento nada pero mi mano está sangrando mucho.
Él está a unos pocos pasos de mí y sin pensarlo me abalanzó contra él. Esta vez no cierro los ojos, quiero asegurarme de que el cristal corte su cuello.
Apenas lo tengo a unos centímetros de mi él me sujeta una mano. Pero logró enterrarle el cristal en la clavícula con la otra mano que tengo libre. Para mí mala suerte no fue en la yugular, ni muy profunda.
Él me quita el cristal y lo arroja al suelo, es demasiado fuerte para mí. De repente él estampa su puño fuertemente en mi cara. Caigo al suelo, el golpe fue tan fuerte que me desorienta. Un segundo golpe llega y quedó sin fuerzas. Él me sujeta del cabello y me arrastra por todo el pasillo hasta llegar a las escaleras, me carga sobre su hombro y baja.
***
Abro los ojos con dificultad, el piso está muy frío y hay un sabor a sangre en mi boca. Hago un débil intento por levantarme pero el dolor me recuerda todo lo que pasó, aquél monstruo me golpeó hasta que se cansó.
Mis lágrimas salen con cada movimiento que hago por levantarme. Observo el piso manchado de mi sangre y visualizo una gruesa cadena de hierro amarrada a mi pie izquierdo, la cadena está pegada a la pared y es lo suficientemente larga como poder moverme dentro del cuarto y entrar al baño, pero no para poder escapar.
Logró levantarme y veo que la puerta está como nueva, Por supuesto que la arreglo después de haberla forzado para poder salir a capturarme. Camino lentamente hasta el baño, me duele cada centímetro del cuerpo pero más el abdomen ese imbécil me patio sin compasión.
Desearía poder verme en un espejo ya que estoy segura de que no hay un espacio en mi cuerpo sin moretones, hasta llorar me duele pero las lágrimas salen por si solas. Toco mi cara y la siento hinchada y con raspaduras, los labios me arden de lo agrietados que están.
Me siento tan mal pero más por hecho de que soy débil ante él. No soy nada, soy una cobarde, debí mejor cortarme las venas pero me da mucho más miedo morir. Abro la regadera y veo como el agua sale roja, por toda la sobre que estoy derramando.
Horas y horas han pasado, juraría que varios días pero como saberlo. Tengo hambre y sed, el agua que bebo de la regadera no es suficiente tengo que comer y ni que decir de la cadena, es muy pesada y me molesta para caminar.
Él no ha vuelto a aparecer desde que me golpeó pero creo que es mejor así, la paz y tranquilidad que he sentido estando sola, sin temer por qué él quiera violarme de nuevo no la cambio por nada. Al menos ahora ya no me duele tanto el cuerpo como el primer día, mis heridas van sanando de a poco.
Me acabo de duchar así que mi cabello está mojado, mi ropa está sucia y ensangrentada. No he tenido el valor de lavarla bien por qué no quiero quedarme desnuda. Sí, doy asco y aunque no puedo ver mi deplorable aspecto, los moretones en mi abdomen, piernas y brazos son muy visibles aún.
El sonido que proviene de la cerradura de la puerta me pone en alerta y salgo del baño. Él está aquí, se atrevió a volver, después de lo me hizo me preguntó cómo puede dormir en las noches. No, como puede siquiera respirar.
Él toma la silla y se acomoda en ella. Me observa fijamente como si estuviera analizándome. No se cómo reaccionar, sí lo enfrentó el volverá a golpearme y para ser sincera no quiero más golpes, no los soportaría.
Me quedo quieta sin poder ocultar mi miedo, el solo verlo me recuerda todo lo que me ha hecho desde que llegué.
—Ven aquí —ordena y aunque no está furioso, no puede hablar sin sonar autoritario.
Mi cerebro procesa la información pero no la sigue. No quiero estar cerca de él, me da miedo.
—No volveré a repetirlo —sentencia ya más serio. No quiero que se enoje y me quiera golpear de nuevo así que me acerco lentamente a él arrastrando la cadena.
Al estar frente a él me sujeta de la mano y me obliga a sentarme sobre sus piernas. Desliza una de sus manos por mis muslos y con la otra me acaricia el cabello aún húmedo.
— ¿Cómo estás?
—Cómo crees que estoy, si casi me matas —suelto y mi voz es débil, de inmediato me arrepiento de haber dicho eso.
Él con la mano que tenía antes en mis muslos me aprieta la mandíbula, me asusto, ojalá pudiera coser mi boca.
—Mide como me hablas, o quieres que te vuelva a castigar —Amenaza apretando con más fuerza. Niego asustada, no quiero que me castigue, no quiero nada de él.
—Estoy un poco mejor, pero el cuerpo me duele mucho —murmuro temblando y él asiente.
—Veamos si haz entendido, ¿Quién soy Eunji? —ejerce más presión provocándome dolor.
—Eres, eres mi dueño.
— ¿Y tú quién eres?
—Soy tuya —no puedo sentirme más humillada después de pronunciar aquellas palabras pero si no lo hago, si lo enfrentó será peor para mí. No tengo más opción solo actuaré como él quiere para poder seguir con vida.
Él me libera la mandíbula y vuelve a acariciar mis muslos. Detesto que me toque pero no me atrevo a mirarlo ni tampoco a decirle que pare. Así como estoy me queda muy fácil quitarle la máscara pero no sé si quiera ver su asqueroso rostro.
—Así está mejor, No quiero hacerte daño pero tú no paras de complicar las cosas —murmura con la voz más suave, eso me tranquiliza pero con este tipo nunca se sabe.
—Lo siento —ni siquiera sé por qué me disculpo, pero veo que él se relaja.
—Has pensando en mí propuesta —claro que no imbécil, crees que puedo pensar después de cómo me dejaste. Niego con la cabeza, pues si hablo me temo que solo lo haré enojar.
—Deberías —propone—. Le enviaste a tu amiga un mensaje donde le avisaste que irías donde tú familia, ya que tú padre enfermó, le dijiste que te quedarás hasta que el mejore y que no podrás contestar sus llamadas ya que donde vives hay muy mala señal.
No puedo creer que el haya hecho eso, ahora de seguro nadie me está buscando, estoy condenada a quedarme aquí. Su mano se acomoda en mí entre piernas y comienza a tocar mi intimidad.
—Muero por hacerte mía en este momento —ojalá y te mueras, como puede pensar en sexo viendo cómo estoy, mi cuerpo aún duele demasiado, detesto que me esté tocando pero no me atrevo a hacer nada.
—Pero sé que no estás en condiciones para eso —gracias a Dios y está bestia parece tener un poco de conciencia. Respiro aliviada ya que no va meter su asqueroso pene en mí.
— ¿Quieres comida? —pregunta sin dejar de tocarme. Asiento desesperada y muy ansiosa. Es serio me va a traer comida—, Tienes que ganártela.
— ¿Que? pero ¿cómo? —pregunto confundida.
—Arrodíllate en el suelo —ordena sacando su mano de mi entrepierna y obedezco.
Me arrodilló frente a él y veo como se desabrocha el pantalón. No puedo creer que yo pensará que él me iba a dar comida si solo se lo pedía, que ilusa. Me sorprende cómo puede él estar excitado en esta situación, sabiendo que mi rostro parece un el de un monstro, ya se, será por qué el monstruo aquí es él.
Ya con su erección completamente afuera me indica que me acerque más.
—No por favor —suplico en un murmullo y eso parece molestarle— No me obligues a hacer eso.
— ¿Te sientes forzada? —Pregunta el muy cínico, de verdad me está preguntando eso—. Tú quieres estar aquí conmigo —inquiere seguro y yo niego.
—Claro que sí, tú quieres esto —vuelvo a negar muy confundida, como que yo quiero que él me viole y golpee —, Comprende, yo no abuso de ti, Eunji.
—Si, por supuesto que lo haces —al fin me pronuncio pero me siento confusa, yo nunca lo escogí, ni acepto estar aquí de ninguna manera, él solo quiere convencerme y manipular mi mente pero no lo va a lograr.
—Eunji, no lo hago tú quieres estar conmigo.
—No, no maldición, yo no quiero que abuses de mi —logro decir desesperada.
—Te voy a demostrar que realmente quieres esto —dice y luego saca su celular me lo enseña, y visualizo un video de mis padres—, ¿Cuánto quieres a tus padres?
—Mucho —digo angustiada.
—Entonces, por su bien y por el tuyo, si quieres estar conmigo. Ahora vas a ser una buena chica y me vas a hacer un oral —espeta satisfecho.
—Ya entendí, no hace falta que vuelvas a amenazarme con mis padres —murmuro rendida y lo veo guardar su celular.
—Vamos, gánate la comida y más te vale que no vuelvas a intentar lo que hiciste la otra vez por qué entonces, te cortaré las manos —amenaza serio y quisiera hacerlo, quisiera morderlo pero no quiero que él me corté las manos.
Tengo mucha hambre que sí, sigo así pronto me voy a desmayar, solo hazlo y piensa que pronto vas a comer. Acerco mi boca a su m*****o y caigo en cuenta que no sé qué hacer, jamás en mi vida le hice sexo oral aún hombre.
—No tengo todo el día —Su voz me hace reaccionar e insegura deslizo mi lengua por la punta, no tiene sabor, decido sostenerlo con las manos ya que así parece más fácil, cierro los ojos e introduzco su erección en mi boca y comienzo a chupar.
Abro los ojos con la desagradable sensación de vomitar, él ha esparcido por mi rostro todo su asqueroso semen. Lo veo abrochando su pantalón, por suerte parece que ya no me va a molestar más.
—Desearía poder estar dentro de ti preciosa, pero sé que no puedes. Así que mejor espero —inquiere poniéndose de pie, sujeta mi rostro con sus manos y hace que lo mire.
—Me encantas. Iré por la comida y regreso en un rato —dice y sale del cuarto tarareando una extraña melodía que por la máscara suena aún más rara.
Me levanto a toda prisa y voy al baño para lavarme la cara. No podía demostrarlo pero casi me muero cuando sentí el líquido caliente salpicar en mi rostro. Me cepillo los dientes y salgo del baño a esperar que el regrese con algo de comida.
Luego de varios minutos él regresa, pone sobre la mesa un plato de arroz, una botella de agua y un tazón de Ramen. Me hace una señal con la mano para que me siente, y lo hago. Comienzo a comer muy desesperada, el Ramen está un poco caliente pero no me importa.
Él se pone en cuclillas a mi lado y saca unas cosas de una bolsa que trajo. Me toma la mano izquierda y pone un poco de crema en la cortada que tengo en la palma de la mano, lo que me hice arrancando el cristal. Lo veo pero no me opongo mejor continuo comiendo.
Él pone más crema en todas mis heridas, su tacto es suave pero firme, como si esperara que yo me negara.
Decido no prestar atención a lo que hace, aunque si me molesta que me toque pero al menos no va a violarme.
Termino de comer y él aún sigue poniendo crema en mi cuerpo, prácticamente tengo empapado cada centímetro de mi piel, los moretones son muchos.
Por ultimo me pone en el rostro y me quedo quieta, es incómodo que él después haberme dado la paliza de mi vida, ahora me este "cuidando".
Por fin él termina y me da la bolsa, la reviso y veo que hay muchas cremas, pomadas, banditas, vendas y medicamentos. Sí, todo lo que necesité hace unos días cuando ni siquiera podía ponerme de pie, pero no puedo reclamarle que hasta ahora lo haya traído, seguro me golpeara de nuevo.
Él sale del cuarto y yo me acuesto mirando la venda que puso en la cortada de mi mano. Cuánto durará esa supuesta amabilidad que tiene.
***
— ¡Despierta sé que no estás durmiendo! —su voz me estremece, de nuevo esta aquí, el causante de mis pesadillas. Doy vuelta sobre la cama y lo miro.
—Te traje comida —inquiere dejando los platos sobre la mesa. Me levanto y me dispongo a comer cuando algo se me cruza por la cabeza, no sé si debería decirle o no, aunque no parece enojado.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué no comes? —su voz me saca de mis pensamientos, volteo a verlo, él está sentado sobre la cama mirándome, no, más bien analizándome.
—Necesito ropa—murmuro—, llevo ya mucho tiempo con esta, y además necesito ropa interior —explico y enseguida empiezo a devorar mi comida.
—Ya sabes que es lo que tienes que hacer para ganarte las cosas —dice pero lo interrumpe algo, me volteo a mirar y veo que saca su celular—. Ya regreso —espeta y sale del cuarto a toda prisa.
Sigo comiendo, la verdad en el todo el tiempo que él me ha tenido aquí encerrada solo me ha dado comida dos veces, ayer después de venirse en mi cara y ahora, creo que las costillas se me están notando.
Aunque estoy mejor, el solo hecho de pensar en tener que acostarme con él me entumece el cuerpo.