Joseph limpió las heridas de Merida, los algodones los echó en una bolsa transparente estéril. Merida no notó aquello. —Puedes tomarte el día libre Merida, es más regresa hasta que esa herida haya curado, yo solo la vendé, pero te recomiendo a que vayas con el médico de la manada para que te haga unas cuantas puntadas, él te dará tratamiento. Yo hablare con tu jefa—le comentó Joseph. Esta aceptó y no se negó en ir a descansar a casa. —Ha mordido el anzuelo—le dijo a Elena. Elena estaba a una calle de distancia del trabajo. Se encontraba en su coche. La vio salir. Lo supo porque su padre le había comentado que iba vendada de la mano. La siguió. Estuvo todo el tiempo en su casa. Se hicieron las tres de las madrugadas. Elena yacía en el asiento trasero del vehículo descansando un poco, c

